miércoles, 22 de marzo de 2017

Tango Miguel Padula Argentina

Tango:

Nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires. Pese a que llevan el mismo apellido, no tiene parentezco alguno con José Luis Padula, el creador de “Nueve de julio”. Su primer conjunto propio lo armó para debutar, en 1937, en LR4 Radio Splendid. Luego pasó a otras emisoras y, en ese mismo año, realizó grabaciones para el sello Victor. En el libro de Horacio Ferrer, podemos leer que la suya fue una orquesta de estilo intrascendente y bien lo sabría, pues tuvo la inquietud de enriquecer el sonido de sus tangos con la inclusión de un pistón, un violonchelo y un clarinete. Abandonó en los años cuarenta para dedicarse a la enseñanza. Si bien existen unos cuantos tangos dedicados al fútbol, nadie como Padula insistió tanto en esa temática, también hizo varios relacionados al turf. Logró un éxito que perduró por muchos años, el vals “Amor y celos”, que tuvo dos letras, una de él y otra de Alfredo Faustino Roldán. Otros títulos: “Miserere”, letra de Francisco Gorrindo, “República”, “Quedé penando” (estilo) y “Sin amparo” (vals), con Nicolás Trimani, “Ahora me quiere una vieja”, “El milagro de la virgen” y “Pena gaucha” con Cipriano Pérez, “Che Faustino” con Francisco Lío, “Locuras” con Arturo Lespés, “Lamento de mujer” con José Fernández, “Los besos de mi madre” con Francisco García Jiménez, “Dos años a la Marina”, “Lejos de mi rancho” (ranchera) y “Pibe” (vals) con Alfredo Roldán, “No me mientas”, entre muchos otros. También fue pianista, por breve tiempo, de los conjuntos de Anselmo Aieta, José De Caro y de su hermano Emilio De Caro. En cuanto a su vena futbolista: “El Mortero del Globito”, dedicado al goleador Herminio Masantonio, jugador del club Huracán, con letra de Francisco García Jiménez; “Lemita”, por el pequeño arquero de San Lorenzo al que llamaban «Mickey»; “Muchachos yo soy de Boca”, (letra de un amigo suyo hincha de Huracán); “Cabecita de oro”, por el delantero de Boca Juniors Roberto Cherro; “Cortina metálica”, por el arquero de Racing Club, Botasso; “La fiera”, por el temible goleador de River Plate, Bernabé Ferreyra; “El rojo bravo” por el jugador de Independiente, Oscar Sastre; “Campeones del 33” por el campeonato ganado por San Lorenzo de Almagro, “Con los colores del cielo” con letra de Francisco Laino; “El fortín de Villa Luro” con José Fernández, cuando Vélez Sarsfield contaba con una pequeña cancha en la calle Basualdo del barrio de Villa Luro. En resumen, no fue un músico destacado pero sí un compositor prolífico, que merece ser rescatado del olvido con esta breve semblanza.

Tango Fontán Luna Argentina

Tango:

Fue un cantor de timbre barítono, dueño de una voz cálida muy agradable, que respondió a todas las características de las voces de los años cuarenta. Sus registros fonográficos nos revelan sus sobrias interpretaciones con un moderado vibrato —del que no abusaba— y una impecable afinación. Nació en General Sarmiento, provincia de Buenos Aires. Desde joven comenzó a tomar clases de piano, solfeo, armonía y, también de canto, su verdadera vocación. A los inicios de la década del cuarenta, se radicó en Buenos Aires, donde hizo su debut profesional actuando en distintos escenarios, especialmente en bares y en clubes de barrio. Durante 1947, cantó con la orquesta de Francisco Grillo en Radio Belgrano y, en una de esas presentaciones, lo escuchó Hugo Baralis, en aquel entonces violinista de la orquesta de Astor Piazzolla y lo recomendó a su director. Hacía un tiempo que la formación tenía problemas para sustituir a su cantor, Héctor Insúa, quien había decidido retirarse y cambiar de rumbo. En un principio, lo remplazó Fernando Reyes, pero fue un paso efímero y por ese motivo, hicieron una prueba con el joven de General Sarmiento, la que resultó airosa. La orquesta de Ástor estaba integrada por: Roberto Di Filippo, Abelardo Alfonsín, Jorge Luongo y el director (bandoneones), Hugo Baralis, Carmelo Cavallaro, Andrés Rivas (violines), Víctor Casagrande (viola), José Federighi (cello), Valentín Andreotta (contrabajo) y Atilio Stampone (piano). Las voces: Fontán Luna y Aldo Campoamor, quien la poco tiempo se alejó y su lugar fue ocupado, brevemente, por Oscar Ferrari. Debutó con Piazzolla en los bailes de carnaval de 1948 y, en noviembre del mismo año, llegó al disco para el sello Odeon, con el tango “Cafetín de Buenos Aires” y el vals “República Argentina” de Santos Lipesker con letra de Reinaldo Yiso. Al año siguiente, el director disuelve la orquesta, quedando instalado Fontán Luna como el último cantor de esa notable formación típica. A partir de 1950, el cantor fue convocado por Radio Splendid para integrar su elenco. Pero, en 1952, vuelve con Ástor, ya que este fue contratado por dicha emisora para dirigir su Orquesta Estable de Cuerdas. También participó la cancionista Nilda Marino. En 1954, se presentó como solista en los micrófonos de Radio Argentina y, al año siguiente, tuvo una fugaz participación en la orquesta del Atilio Stampone y también en la de Emilio Orlando. Para sus presentaciones en Radio Belgrano, en 1958, Lorenzo Barbero lo contrató para cantar en su orquesta, junto a su otro vocalista, Daniel Rey. Al año siguiente, Florindo Sassone perdió a su cantor Carlos Guido, que se fue a la orquesta de Osvaldo Pugliese y su lugar lo ocupó Fontán Luna. El otro cantor era Andrés Peyró. Actuaron en Radio El Mundo y en el Canal 7 de televisión. Con Sassone grabó tres temas, “Soledad”, “Mano a mano” y “Tu pecado”, de Roberto Lambertucci. En marzo de 1960, se retiró de la orquesta e inició una gira por la Argentina que finalizó en la ciudad de Mendoza. Desde allí, poco tiempo después, cruzó a Chile para iniciar un largo camino, recorriendo los países del Océano Pacífico con notable éxito, durante veinte años. En la década del ochenta, se unió al músico radicado en México, Coco Potenza y actuaron en distintos escenarios y canales de televisión de Centro América, junto a grandes figuras internacionales, compartiendo espectáculos con Luis Miguel. En 1995, registró para el sello mexicano Pentagrama, con el acompañamiento de Potenza y Gogui Fontán, varios éxitos de su repertorio, entre ellos: “Naranjo en flor”, “El cantor de Buenos Aires”, “La última curda”, “Mi vieja viola” y, como un homenaje a Astor Piazzolla, “La bicicleta blanca” y “Balada para mi muerte”. En un intercambio de mensajes de nuestro foro La Mesa del Café, se publicó la infausta noticia de su muerte, aunque sin mayores precisiones. Un amigo del cantor confirmó el deceso, ocurrido en México alrededor de 1997. Con esta triste nueva, cerramos este breve y justo homenaje a un talentoso intérprete de nuestro tango.

Tango Florindo Sassone Argentina

Tango:

Fue Florindo para su vida artística, ya que, para los que fuimos sus amigos, se llamó Pedro, que era su primer nombre de pila. Siendo su orquesta, a partir de mil novecientos treinta y tantos, una agrupación excelentemente ajustada y de rico repertorio, no fue lo que se dice un boom. Claro; era el tiempo en que se disputaban la supremacía Francisco Canaro, Francisco Lomuto, Roberto Firpo, Julio De Caro, Edgardo Donato, Roberto Zerrillo y Juan D'Arienzo que surgía con su ritmo nervioso. Sassone estaba en el nivel de las orquestas de barrio como Rafael Santacápita, Mario Azzerboni, Miguel Padula, Alberto Las Heras, José Otero, Oscar Lavalle y tantas más que quedaron en el camino. Pero él persistió sin aflojar hasta que, por mérito propio, se encontró frente a su orquesta en uno de los estudios que Radio Belgrano tenía en la avenida Belgrano y Entre Ríos Poco a poco fue moldeando un estilo propio, mezcla rara de Osvaldo Fresedo y Carlos Di Sarli, aunque llegó a no tener nada de ninguno de los dos y todo de Florindo Sassone. Es notable como en un artista pueden influir otros artistas y llegar a tener una absoluta personalidad. Hay que escuchar atentamente una grabación instrumental para advertir dónde están escondidos Fresedo y Di Sarli. Como estar, están, pero al estilo Sassone. Dueño, además, de un buen gusto fuera de lo común. Cultiva una forma auténtica de tango, con firme preponderancia de la pureza y lozanía de la línea melódica, enmarcada en los atractivos de un lúcido juego de recursos sonoros, siempre agradables y de muy cuidadosa factura. Se advierten con frecuencia algunos agregados de matices decorativos, modernamente intercalados, un tanto ajenos a la ortodoxa estructura tradicional de las orquestas típicas. Era poco afecto al lucimiento de los ejecutantes solistas, poniendo el acento en la nutrida gama de efectos y matices a cargo de los distintos sectores instrumentales del conjunto. Nació en el barrio de Liniers, extremo oeste de la ciudad de Buenos Aires, donde hizo sus primeros estudios musicales y se recibe de profesor de violín. En 1930, debutó profesionalmente en un conjunto que dirigía Antonio Polito que actuaba en Radio Belgrano. Al año siguiente pega el gran salto y pasa a ser violinista en la orquesta de Roberto Firpo. Pero es con Osvaldo Fresedo que Sassone abreva su manera de sentir el tango, que lo marcará para siempre. En 1935, ya desvinculado de El Pibe de la Paternal, Florindo forma su primera orquesta, debuta el 1 de enero de 1936 en Radio Belgrano y actúa en el café Nacional y el cabaret Marabú, con la voz de Alberto Amor. Tiempo más tarde pasa a Radio El Mundo donde hace un programa, todos los mediodías, con una gran orquesta que tenía percusión, arpa y otros exóticos instrumentos. En 1940, abandona la radio y la música para dedicarse a negocios particulares hasta el año 1946 que regresa y arma una modesta formación, con músicos noveles, para actuar en cafés y escenarios barriales. En 1947, reformula su orquesta, retorna a la radio con mucho éxito y comienza a competir con los grandes directores. Vuelve a los más importantes escenarios porteños y a los bailes. Pero en realidad, más allá de sus reconocidas virtudes, la presencia vocal de Jorge Casal fue fundamental para ese fenómeno. Este jovencito cantor irrumpió en el mundo artístico de la mano de Sassone, con una gran repercusión, asombrando a propios y extraños por el brillo de su voz y su potencia bien administrada. Como si fuera poco, con una pinta impresionante. Lo mismo que otros maestros, tuvo que agregar otro cantor a su orquesta, y otra vez no se equivocó, contrató a Roberto Chanel. Pasaron los años, la televisión ya estaba consolidada y Florindo fue uno de los primeros directores que se presentó ante las cámaras. En 1960, llegó a tener un programa, donde era la figura estelar. En 1962, la orquesta contaba con un equipo de músicos excepcional: Osvaldo Requena en el piano; en la línea de bandoneones estaban Pastor Cores, Carlos Pazo, Jesús Méndez y Daniel Lomuto; en los violines, Roberto Guisado, Claudio González, Carlos Arnaiz, Domingo Mancuso, Juan Scafino y José Amatriali; con Enrique Marcheto en el contrabajo. En 1966, viajó al Japón donde se presentó en las más importantes ciudades por espacio de varios meses. Para esa ocasión llevó como cantor a Mario Bustos. Seis años más tarde vuelve a ese país, esta vez con otra voz: Luciano Bianco. Colombia y Venezuela lo reciben en 1975 y en Caracas, actuó junto a una delegación artística argentina. En esa oportunidad eran sus cantores: Oscar Macri y Rodolfo Lemos. Después una gira a Porto Alegre, en Brasil y a Asunción, capital del Paraguay. Fueron voces de su orquesta, además de los ya nombrados —Amor, Casal, Chanel, Bustos, Luciano Bianco, Macri y Lemos— los cantores Carlos Malbrán, Raúl Lavalle, Rodolfo Galé, Andrés Peyró, Fontán Luna, Osvaldo Di Santi, Zulema Robles y Gloria Díaz. Florindo Sassone no tiene una importante obra como compositor, pero podemos destacar entre sus temas más exitosos: la milonga “Baldosa floja” con la colaboración de Julio Bocazzi y el tango “El último escalón”, con Javier Mazzea, ambos con la pluma de Dante Gilardoni. También le pertenecen: los tangos instrumentales: “El relámpago”, “Cancha” y junto a Mazzea, “Rivera Sud”, “Bolívar y Chile”, “Tango caprichoso”, “Esquina gardeliana”, entre otros.

Tango Héctor Bates Argentina

Tango:

Autor radioteatral, periodista y compositor. Fue de los mejores en escribir novelas para el micrófono, en cuya labor se constituyó por más de un cuarto de siglo en el más popular. En el recuerdo de mucha gente perdurarán títulos cómo La mazorquera de San Telmo, La vendetta, Virgen y madre, El sepulcro de los vivos, ¿Dónde está mi hijo?, La voz de la sangre, Genoveva de Bravante, María de los Dolores, La pasión de Nuestro Señor Jesucristo, Montescos y Capuletos, Santa Lucía, El casamiento del diablo, La loca del conventillo, Perdonar es divino, Arreando amores y penas... Allá va el Tape Lucena, Soy del 900, Después de Dios, mi madre, La Galleguita y el Porteño, Mate Cosido el romántico bandolero, Santos Vega no ha muerto, con algunos escritos en colaboración con Margarita P. de Torres y Héctor Rodríguez, que una vez popularizados por radiofonía, con su compañía los representó en distintos teatros de la capital y del interior. Deben haber llegado al centenar las obras que escribió para el radioteatro, actividad que le dio renombre en el público argentino, y de países vecinos, siendo por ello muy cotizada su labor autoral. Fue Virgen y madre su primera novela, estrenada por Radio del Pueblo, en 1937, con Carmelo Santiago de colaborador. Con su primo hermano Luis Bates dio a publicidad el libro La Historia del Tango: sus autores, año 1936, trabajo que refleja la vida musical de los principales compositores del tango y donde acuden los que quieren conseguir datos sobre nuestra música ciudadana. El libro fue un compendio de reportajes que por distintas radioemisoras y la revista Antena realizaban ambos a populares figuras tanguísticas. Varias canciones le pertenecen, casi todas valses americanos hechos en colaboración con su hermano: “Clyde”, “Ibis”, “El regreso”, “Una canción de cuna”, “El último vals”, “¿Por qué cierras los ojos cuando besas?” y entre algunos más el famoso “Nelly [b]”, que grabaran Carlos Gardel, Francisco Canaro, Ignacio Corsini y otros intérpretes. Como radioaficionado fundó una estación en 1923 y en 1930, la productora cinematográfica Sacha Manzanera (que después fue S.I.D.E.) con la que realizó dos documentales y la titulada Canción de cuna. Tuvo orquesta típica en 1936 por radio. Fue múltiple dentro de la actividad artística y cultural. Actuó en Brasil y Uruguay. Hizo periodismo por diarios y periódicos diversos. En el citado libro y revistas como Antena, ¡Aquí está!, Leoplán y otras elogió siempre a su amigo Carlos Gardel a quien conocía del ambiente desde 1926. La actriz y cantante Mercedes Carné fue su asidua colaboradora en películas, radios y canto. Héctor Bates nació en Mendoza el 22 de marzo de 1894 y falleció en Buenos Aires el 23 de junio de 1964.

Tango Félix Lipesker Argentina

Tango:

José Lipezker y Ana Dobin se conocieron en Odessa. De allí emigraron hacia la Argentina en 1910, muy jóvenes pero ya casados. Ella murió en 1928, cuando tenía 35 años y había dado a luz seis hijos varones. Una vecina le había aconsejado, como anticonceptivo, beber el azul utilizado para blanquear la ropa, sustancia tóxica que su hígado no resistió. Todos sus vástagos habían nacido en Rosario: Germán en 1912, Félix en 1913, León en 1916, Santos (en realidad Salomón) en 1918, Marcos y Freddy (Jaime) en 1925. José fabricaba gorras, oficio con el que prosperó hasta poseer un taller con veinte obreros. Pero el bienestar económico no evitó el tremendo impacto familiar de la temprana muerte de Ana. Su prole tenía en ese momento entre 3 y 15 años. Antes de morir, ella le advirtió a su esposo que no quería otra madre para sus hijos, y José cumplió. Nunca rehizo su vida. Germán, el hijo mayor, vio una tarde, en un escaparate, un bandoneón Doble A, de la lutiería alemana Alfred Arnold, todo de nácar blanco. Lo compró sin un propósito definido. Unos días después, Félix descubrió la extraña caja, y al abrirla encontró ante sus ojos un instrumento de muy candorosa belleza, y apenas en semanas aprendió a extraerle melodías. Germán lo llevó entonces a estudiar con Abel Bedrune y, un año después, ya actuaba en un café rosarino, formando parte de la orquesta de su maestro. Félix ya definía su estilo de intérprete delicado, sutil, intimista. En 1934 viajó a Buenos Aires para incorporarse al conjunto de Julio De Caro, quien había sufrido la deserción de Pedro Laurenz y Armando Blasco, y había oído hablar de un mozo rosarino que tocaba muy bien el bandoneón. Antes de sus mayores éxitos de compositor, como el vals “Romántica”, con versos de Homero Manzi, Félix escribió el tango “A Rosario Central”, cuadro del que eran hinchas todos los Lipesker (que entretanto habían sustituido la z de su apellido por una s). La partitura, con la foto del equipo en la portada, se vendía a 10 centavos en la vieja cancha de «los canallas». Con letra de Manzi compuso también los hermosos valses “Más allá” y “Tu nombre”, y los tangos “Alba”, “Muchacha [b]” y “Pajarito [b]”, además de la milonga “Arrabal [b]”, en la que el poeta de Pompeya imagina una luna amarilla que siembra misterios, caminando en puntillas sobre los techos. En varios recordados tangos, Félix compartió la composición con el pianista Emilio Barbato. Son los casos de “Este viejo corazón”, con letra de José María Contursi; “Adiós adiós corazón” y “Naná”, con letra de Cátulo Castillo. Todos fueron grabados, como mínimo, por la orquesta de Osvaldo Fresedo, cuyo pianista era precisamente Barbato, y editados por Julio Korn, lo cual, por lo que se verá más abajo, induce a dudar del aporte autoral de Félix. No es descartable que él sólo contribuyera con la seguridad de la edición. En 1944, dio a conocer, “En cada puerto un adiós”, y un año después, “Mi nataí”, en colaboración con Leonardo Timor (Once Jerome), tango inscripto en el exotismo al que tanto rédito supo extraerle el letrista Horacio Sanguinetti. Félix abrió un conservatorio junto con Carlos Marcucci, origen del famoso método de bandoneón Marcucci-Lipesker, editado en 1945, que se impartía incluso por correspondencia. En las provincias brotaban las orquestas, que sufrían tal escasez de bandoneonistas que aceptaban incluso a los formados por correo. Félix había compartido con el admirable Marcucci la fila de bandoneones de De Caro, también integrada por el renombrado Gabriel Clausi. Entre los alumnos célebres que estudiaron con Félix se encontraba Leopoldo Federico, quien abandonó aquellas lecciones cuando dejó de poder pagar los 15 pesos mensuales que cobraba el maestro. Félix compró la editorial musical Sudamericana, que luego le vendió a Julio Korn, pasando él mismo a gerenciar todo el conglomerado. Mientras tanto, su mujer, Matilde Bussano, le insistía en que abandonara la rumbosa vida de músico, con sus largas madrugadas de cabaret. Félix dejó entonces a De Caro y se consagró a explotar combinadamente los tres recursos con que contaba: sus conocimientos musicales, el conservatorio y la editorial Con ésta lanzó la Biblioteca del Bandoneonista, adaptando y digitando para el fuelle obras clásicas famosas, desde valses de Chopin a piezas de Albéniz, pasando por Rimsky Korsakov y Paganini, e incluso el método Hanon de piano. Dio a conocer además álbumes de variaciones para bandoneón, cada uno con diez tangos, sobre compositores como De Caro, Aníbal Troilo o Enrique Santos Discépolo. Frecuentemente se duda de la real autoría de Félix Lipesker aunque nadie pone en tela de juicio sus aptitudes. Es el caso de los arreglos para bandoneón solo, que firmó con Federico. El primero de esos, correspondió al tango “Guardia vieja”, de Julio De Caro, en el que el nombre de Lipesker figuraba en tipos de gran tamaño, y el de Federico en un cuerpo mucho menor. Éste, sin hacer ningún comentario ante ese atropello, preparó su venganza al entregar el segundo arreglo, en ese caso de “La rayuela”, también de De Caro, agregó en caracteres de imprenta el nombre de los autores, escribiendo el suyo bien grande y el de Lipesker debajo, en letras pequeñas. Félix tampoco emitió comentario alguno, pero en lo sucesivo los dos nombres fueron impresos en igual cuerpo. Ya bastante era que figurase Lipesker como autor sin haber escrito una nota y que, además, la retribución por el trabajo fuera poco más que simbólica. Dentro de su pobreza, la paga era superior cuando el autor del tango arreglado había muerto, lo que inducía a trabajar sobre obras de compositores extintos como Eduardo Arolas o Agustín Bardi. En cuanto al método, entre los bandoneonistas se presume que fue Marcucci su único autor, pero admitiendo que Félix lo revisó y corrigió, tarea para nada irrelevante.

Tango Carlos Vicente Geroni Flores Argentina

Tango:

Nació en Buenos Aires, en una casa de altos que existía en Corrientes y Esmeralda. Inició sus estudios de piano y violín a los cinco años de edad, continuándolos con el maestro Ernesto Drangosch, pasando becado al Conservatorio Williams, realizando un curso de armonía con el maestro Troiani. A los once años, viaja para ingresar al Conservatorio Real de Lisboa, que funcionaba en Río de Janeiro, invitado por su director, Juan Ramozcla. Allí se graduó de profesor de piano y violín. Al regresar a Buenos Aires en 1912, ofrece conciertos en los salones La Argentina y Príncipe George’s Hall iniciando por ese entonces su actuación profesional como primer violín concertino en la Compañía de Operetas Cittá di Milano dirigida por el maestro Mancinelli. En 1913, atraído por la música popular y en compañía de Enrique Saborido, emprende la gran aventura: París. Flores al piano y el autor de “Felicia” como bailarín, actuaron con gran suceso en los más distinguidos salones, y posteriormente, en Amberes, Bruselas y Londres entre otras ciudades. En plena guerra, en 1915, regresaron a Buenos Aires en el vapor Tubantia. Flores trabaja en Buenos Aires y recorre localidades del interior argentino como solista de piano y, un par de años más tarde, actúa formando parte del pequeño conjunto de Arturo Bernstein. (El Alemán). Posteriormente, hace un breve pasaje por la orquesta de Agesilao Ferrazzano y, en 1919, forma su primera orquesta, debutando en el Bar Castilla —Corrientes al 1200—. Estaba formada por Geroni Flores (piano); Luis Petruccelli y Carlos Marcucci (bandoneones); Emilio Ferrer y Esteban Rovati (violines). Por entonces, Flores había escrito “Soñador” su primer tango, que no se editó y luego “El compromiso” y “La cautiva”. Este último, de original melodía y alto valor musical es uno de sus mejores tangos. En un paréntesis a su labor como director de orquesta, sustituye a Enrique Delfino que viajaba con Osvaldo Fresedo y Tito Roccatagliata a Estados Unidos, formando dúo con Agesilao Ferrazzano para actuar en el foyer del Teatro de la Opera, en tanto en el escenario de la sala se vivía el extraordinario suceso de “Milonguita (Esthercita)” de Delfino, cantado por Raquel Meller acompañada por la orquesta de Roberto Firpo. Ferrazzano y Flores era un número de exquisita calidad, documentado en dos versiones que registraron en discos. Flores actuó posteriormente como solista en la Confitería Colón —de Av. de Mayo y Bernardo de Irigoyen—, y a mediados de 1922 es contratado por la Victor para imprimir discos. Flores en el piano, Emilio Ferrer y Bernardo Germino (violines) Carlos Marcucci y Pascual Mazzeo (bandoneones); Salvador Ibáñez (pistón). Al final de su etapa de grabaciones el conjunto registró cambios, entre ellos los violines, que fueron Arturo Bettoni (uruguayo) y Fausto Frontera. También en 1922 la típica Flores animaba la escena de cabaret del sainete de Samuel Linnig. Milonguita, en el Teatro Nacional donde la actriz Manolita Poli estrena su tango “Melenita de oro”, el 25 de agosto de ese año. En 1924, crea su primer tema criollo la famosa zamba “Por el camino”, con versos de Benjamín Tagle Lara, y lo estrena al dúo Feria-Ítalo (Néstor Feria e Ítalo Goyeche), en Montevideo. En España se la conoció como “La canción del boyero” y fue una de las piezas que cimentaron el éxito del trío Irusta-Fugazot-Demare. En aquel entonces se lucía en el Café Colón del barrio de Flores, donde se reunía con sus amigos de toda la vida: Fausto Frontera, Enrique Maciel, Julio César Sanders, César Vedani, Enrique Cadícamo y otros que no pertenecían al ambiente tanguero. En 1925, Manolita Poli estrena su tango “Campana de plata”, en el sainete Puente Alsina —de Samuel Linnig—, en el Teatro Nacional. Registrado en discos por la orquesta de Roberto Firpo y por el cantor Ignacio Corsini. Entre 1924 y 1929, la Orquesta Típica Flores trabajó intensamente, en los cafés Germinal y Nacional, en el cabaret Follies Bergere y en el cine San Martín de Flores. El 21 de junio de 1929, en el Teatro Nacional, se estrena el romance federal de Vicente Retta y Carlos Max Viale La sangre de las guitarras, con música de Geroni Flores. Allí da a conocer el hermoso vals “La virgen del perdón”. Al año siguiente, al frente de su orquesta realiza sus postreras grabaciones para la Victor. Su tango “Melenita de oro” y “Muchachita callejera” de Salvador Granata. Era un sexteto formado por Carlos V. G. Flores (piano); Antonio Rodio y Alberto Mercy (violines); Gabriel Clausi y Pascual Storti (bandoneones) y Luis Bernstein (contrabajo). Al año siguiente, inicia una gira, actuando en Montevideo, Río de Janeiro, Islas Canarias, pasando luego a Africa y Europa. Los viajeros encabezados por Geroni Flores eran: Luis Moresco, Héctor Presas y César Ginzo (bandoneones); Alberto Mercy y Víctor Canfrange (violines); Alfredo Marino y Héctor Farrell (cantores). En Europa integraron la orquesta Alberto Celenza, Alberto Romano, Joaquín Mora, Tito Landó y otros. Lamentablemente, Flores tuvo grandes contratiempos. Uno de ellos la desaparición del representante con todo el dinero para financiar la actividad del conjunto. Este tuvo que disolverse, lo que provocó quebranto moral a Flores y un deambular incesante en busca de la anhelada recuperación. Vivió primero en Lisboa, dedicado a la enseñanza de piano y violín. Persona de gran cultura, dedicó su tiempo a la pintura, exponiendo sus telas en España e Italia. Interviene como actor en un filme portugués Pan nuestro, que además musicalizó. En España, esbozando una recuperación económica, es perseguido durante la guerra civil y entonces se exilia en Lisboa. Allí, en 1950, se encuentra con el letrista Lito Bayardo —en gestión oficial de SADAIC—, éste le da la oportunidad de regresar a Buenos Aires pero Flores no acepta. Le entrega el manuscrito de un tango —que sería póstumo— pidiéndole a Bayardo que le haga los versos. El tema se llama “Flor de pena” y lo graba en Buenos Aires la orquesta de Eduardo Del Piano cantando Roberto Bayot. Además de “La cautiva” y “Melenita de oro”, destacamos: “A la luz del candil”, “Andate con la otra” y “Melancólica casita”, con Enrique Dizeo, “Sólo se quiere una vez”, con Claudio Frollo, “Álzame en tus brazos”, con Francisco García Jiménez, “Muchachos me voy”, con Agustín Magaldi y Pedro Noda y la canción criolla “Mientras lloran los zorzales”, con Benjamín Tagle Lara. Muere en Madrid en casa del conde de Arcentales, donde residía, siendo sus restos sepultados en el cementerio de San Isidro. Tomamos las palabras de Julián Porteño, cuyas expresiones compartimos totalmente, para epilogar esta semblanza: «Bohemio errante, Flores paseó su talento musical por el orbe, difundiendo tangos y música folklórica en un estilo personal y sutil. Y si como autor logró obtener un prestigio nada común, como intérprete del piano alcanzó tal suceso, que quienes tuvieron el privilegio de escucharlo, no podrán olvidarlo jamás». Publicado en el libro Ochenta notas de tango. Perfiles biográficos, Ediciones de La Plaza, Montevideo 1998. Auspiciado por la Academia de Tango del Uruguay.