martes, 11 de abril de 2017

Tango Rolando Chaves Argentina


Tango:

Nació en la ciudad Presidencia Roque Sáenz Peña, Provincia del Chaco. Exhibía un estilo de hombre recio. Se expresaba con una voz compadre y de tono aguardentoso —aunque el tema fuera el amor—, siempre bien colocada, bien nasal, es posible que ayudara su nariz algo ancha y ligeramente achatada. De pinta clásica, podía ser tanto un porteño del suburbio o un matón prontuariado, pero siempre de aquellos viejos tiempos que pasaron. Daba para esos roles. Su llegada al tango fue la habitual, ganar a los 18 años un concurso de cantores, en este caso, en Radio La Voz del Aire, propiedad de Emilio Karstulovic, dueño de la Revista Sintonía, además corredor de autos de Turismo de Carretera y amante —dicen— de numerosas estrellitas de la radio y el cine, alguna muy famosa tiempo más tarde. Pero de inmediato su rumbo tomó un giro distinto. El canto prosiguió pero de manera secundaria. Su medio elegido fue el radioteatro de tono popular, aquel que continuaba el éxito reciente de Chispazos de tradición, temas gauchescos o de los suburbios de la ciudad, completo de grandes dramones y frases grandilocuentes que encandiló por muchos años a los oyentes de Radio Porteña (hoy Continental) y, en especial, de Radio del Pueblo, clásica para este tipo de propuestas. Cuando dos días más tarde de su fallecimiento un matutino publicó su necrológica, en el copete de la nota decía: «Figura clave de los radioteatros. Responsable de puestas radiales importantes como La zapatera y el millonario, fue también actor, autor y cantante, desde hace varios años formaba parte de la junta directiva de Argentores. El hecho acaeció anteayer, en el Hospital Italiano donde estaba internado afectado de un cáncer». Y continúa: «A los 19 años comenzó a trabajar en Radio Belgrano y, en poco tiempo, se convirtió en galán y cantor de esas obras que, por lo general, se extendían día a día durante un mes». En 1949, comenzó a escribir junto a su hermano Orlando formando así uno de los dúos autorales más prolíficos de la década del 50. Luego continuó solo. Algunos de sus títulos fueron: Yo soy un fugitivo, El tango soy yo, Barrio de tango, Yo soy Rosendo Vidal, El romance de un salvaje, Nazareno Luna, el último pampa. Era tan notable el éxito de estas obras que muchas de ellas las adaptó para ser representadas en teatros y cines de barrio de la ciudad y zonas suburbanas. En 1968, tuvo su último éxito, en colaboración con Juan Carlos Chiappe, Santos Cruz, el último payador argentino. Para la televisión colaboró con Abel Santa Cruz en los libros de las telenovelas Carmiña y Señorita maestra. Por el mismo medio fue actor, entre otras, en Malevo junto a Rodolfo Bebán, actuando de villano. Llegó al tango por la radio primero y después a través del cine. Debemos rescatar su protagonismo en la película El Morocho del Abasto (La vida de Carlos Gardel), estrenada el 22 de marzo de 1950 en el cine Normandie, dirigida por el casi ignoto Julio Rossi, con libro del escritor de radioteatro Roberto Valenti y del poeta Nicolás Olivari. En el elenco están, Tito Lusiardo —quien filmó junto a Gardel— Laura Hidalgo, Diana Maggi, Analía Gadé y otros. Fue un fallido film, con Chaves en el papel principal y donde canta doce temas del repertorio gardeliano: “Cantar eterno” (también “Amame mucho”, canción de Ángel Villoldo); “De vuelta al bulín”, “El pangaré”, “El tirador plateado”, estilo de Gardel; “Hay una virgen”, canción de Mario Pardo y Manuel Flores, basada en un poema de Lord Byron; “La criolla”, canción de Carlos Gardel y José Razzano, “La mariposa (Gorjeos)”; “La yegüecita”, “Mano a mano”, “Mirala como se va”, tonada de Saúl Salinas; “Rosa de otoño” y “Tu vieja ventana”. Está acompañado en unos temas por un conjunto de guitarras y en otros, por la orquesta de Domingo Federico. En una oportunidad, declaró que tenía el mismo registro abaritonado de Gardel. Y cuando se pasó el film por televisión, se recibieron numerosos llamados telefónicos preguntando si quien cantaba era El Zorzal. El día 18 de marzo de 1955, se estrenó Vida nocturna, con el atractivo de la presencia de Aníbal Troilo, junto a Edmundo Zaldívar en guitarra, tocando “Palomita blanca”. Luego, vuelve a aparecer en otra escena con la orquesta y con Jorge Casal cantando “La cantina”. Chaves actúa en uno de los varios episodios que ocurren en el film. El 26 de mayo del mismo año, otro estreno esta vez con una presencia más destacada, fue en Embrujo en Cerros Blancos, con música de Domingo Federico y dirección de Julio Rossi. Extraña película, de nula repercusión, donde actúa y canta dos temas. A mediados de la década del 60, registró por su cuenta algunas piezas, acompañado por la orquesta de Domingo Marafiotti, entre ellas, “En la vía” y “El morocho Barrientos”. Asimismo, destacamos su aparición en Sangre y acero, de Lucas Demare, junto a Carlos Cores y Virginia Luque. La música es de Lucio Demare que lo acompaña en: “Malena” y “Solamente ella”. Y en el film La potranca (1960), junto a la morocha vedette Maruja Montes. Los demás trabajos en cine son cada vez más mediocres, pero lo importante era estar presente. Así se lo vio junto a José Marrone y también en alguna película con Sandro. Habían pasado cuarenta años desde su temprano debut, suficientes para que el gusto de la gente cambiara, pero el hombre ponía voluntad y sacrificio para no quedar marginado totalmente. Nos pareció interesante recordarlo por su trayectoria y su permanente esfuerzo de difundir nuestra cultura de un modo que hoy nos resultaría bastante naif, pero que, sin duda, fue nacional y popular. En abril de 2008, la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires decidió homenajearlo emplazando una placa que lleva su nombre en la esquina de las calles Pedro Ignacio Rivera y Romulo S. Naón, en el barrio de Coghlan.

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Rosa Gracia Administradora

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