jueves, 7 de abril de 2016

Tango Tarila Italia


Tango:

Bailarín que destacara Virulazo en sus comentarios sobre los protagonistas de la danza, había nacido en 1889, en Italia. Llegó al país a los 6 años y vivió en el barrio de Belgrano, bailando por primera vez el tango —según relatara a un periodista— cuando frecuentaba los locales tumultuosos cercanos al Mercado del Abasto allá por 1910. Su apodo de entonces era Pepino (en alusión a su nombre de pila) y su mayor fama comenzó por 1915 para alcanzar su apogeo hacia 1940, prosiguiendo su carrera artística hasta poco antes de su muerte en 1961. De oficio albañil —que no abandonó ni en los momentos de mayor éxito— fue el bailarín más famoso detrás de Casimiro Aín y El Cachafaz. Pese a que su estampa no era atractiva, su técnica y aptitudes lo destacaban del resto, haciendo gala de una destreza excepcional. Tuvo dos compañeras, su esposa Magdalena que bailó con él durante cuatro décadas y, hacia el final, Carmencita Calderón, la última pareja de El Cachafaz. En alguna entrevista rememora nombres hoy perdidos de la memoria popular, pero que él destaca como sus profesores: Gallito, Nando, Rómolo y otros. Más adelante comenta que en sus comienzos se bailaba el tango con el sombrero puesto, de noche en las veredas y entre hombres. Tarila era de ojos celestes, calvo y narigón. En sus tiempos de éxito dirigió la Academia de baile popular, lugar donde se pagaba diez centavos por pieza bailada. Estaba ubicada en la calle Gascón entre Cabrera y Córdoba. Contaba con 35 mujeres y todo aquel que quería bailar debía comprar un mínimo de dos boletos para ser autorizado a participar. Cinco centavos eran para la bailarina y los otros cinco para la Academia. El propietario de esa casa era el músico Domingo Santa Cruz, autor del recordado tango “Unión Cívica”, Tarila, su director, dirigía desde el centro de la pista. Entre otros recuerdos suyos mencionó otros bailarines que tuvieron fama en su época: Adolfo Radrizzani El Escoberito, que murió quemado durante un incendio del Teatro Smart de la avenida Corrientes (hoy Teatro Blanca Podestá); Cotongo, un cochero moreno que andaba por el Abasto que era rengo y bailaba con la muleta; El Manco, un personaje que al que le faltaba la mano derecha y Alfredo Carozzi, El Flaco Alfredo, hijo de sastres. Pero en seguida aclara que estos no eran más que bailarines aficionados, los verdaderos profesionales fueron El Cachafaz y Casimiro Aín. Estos pocos datos son los que pudimos rescatar de entrevistas y comentarios de revistas de su época. 

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Rosa Gracia Administradora

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