domingo, 2 de abril de 2017

Tango Carlos Sánchez Argentina


Tango:

Pianista y periodista. Hermano del famoso jazzman Raúl Sánchez Reinoso, la vocación musical de la familia se puso de manifiesto en ellos, logrando ambos un respetuoso nombre en el ambiente musical de Buenos Aires. Supo integrar pequeñas orquestas y amenizó desde el piano programas radiotelefónicos desde 1924 a 1930 y por Radio Stentor dirigió una audición de novedades discográficas. En ese año 24 se inició en la composición con el tango “La barra”, letra de Recalt, que es la primera obra de una lista de 32 que registró; otras: “Flor de pasión”, “El bandoneón”, “Muchachita de mi ensueño”, “Pebeta graciosa”, “Andá con tus amigos”, “Pega-pega”, “El último toque”, “Bésame otra vez”, “Despídeme con un beso”, “Esto es la Argentina”, el tango que le grabó Carlos Gardel “Barra querida” con letra de César Vedani y el lindo “Guitarra gaucha”, con letra de Benjamín Tagle Lara que grabó Corsini. Como periodista publicó sus artículos en diarios y revistas comentando las novedades en grabaciones, noticias sobre artistas y algunos reportajes: La Canción Moderna, Música y Arte, Sintonía, Ideal Film. Debemos señalar uno que dice Conversando con Carlos Gardel aparecido en la revista Ideal Film, en el año 1931, cuyo texto es el siguiente: «Se ha escrito mucho sobre Gardel y su arte. Se le ha presentado a la curiosidad de sus admiradores en diversas poses en la nota gráfica, pero siempre su figura interesante permite descubrir nuevos aspectos al ídolo porteño. El último de ellos no será por cierto su actuación cinematográfica, del que vamos a ocuparnos, por ser el que interesa a los lectores de «Ideal Film». Buenos Aires espera impacientemente el estreno de la película que ha filmado en Francia junto con Gloria Guzmán, Sofía Bozán, Vicente Padula, etc. En procura de novedades sobre el trabajo realizado en Luces de Buenos Aires lo entrevistamos en el Gran Cine Broadway donde actualmente hace su rentrée. Nos recibe en el camarín con esa sonrisa amable que le ha captado la simpatía de todos los públicos, predisponiéndonos al reportaje sin apuros, llano, más bien dicho, a una conversación de viejos amigos. Viste una robe de chambre color azul que al entreabrirse deja al descubierto su pecho de atleta. Está dando los últimos toques a la toilette y en su sonrisa se ve reflejada la alegría de los aplausos que acaba de recibir. ¡Siempre agradecido este muchacho grande y juguetón, mimado por la popularidad! Y nos empieza a relatar cómo se hizo la filmación de la película como lo haría un chico que cuenta una travesura del domingo a un condiscípulo que se quedó sin salida y no pudo disfrutarla. —Cuéntenos cómo se desarrollaba su trabajo. —Muy contento. Me entusiasmaba el film y eso que tenía que trabajar para la película después de la filmación. Imagínese che, que empezábamos a filmar a la una de la mañana y terminábamos a las siete. ¡Eso sí, después de dormir, nada de farra! La mayoría de nosotros no había actuado en películas de responsabilidad y sin embargo, muy pocas veces tuvimos que repetir las escenas. El director, Adelqui Millar, asistido por su ayudante impartía las órdenes que eran cumplidas por nosotros como veteranos. Gloria era la que más hacía diabluras; decía estar cansada y se sentaba, pero en cuanto el director ordenaba ¡Máquina! saltaba de su asiento y posaba haciendo derroche de condiciones. ¡Qué chica buena! Le diré, los demás compañeros, todos muy cariñosos, siempre dispuestos al trabajo, y ambicionando solamente el lucimiento general del conjunto. —Diga Carlitos, ¿estarán representadas fielmente las escenas criollas? —Eso lo comprobarán ustedes cuando vean la película. Les adelanto que los caballos y aperos eran bien criollos. —¿La técnica de Joinville difiere de la norteamericana? —En lo que respecta a la película Luces de Buenos Aires sí, es más adecuada al temperamento latino. En ella se hace más cinema; no se abusa de diálogos, porque eso debe dejarse, según sus directores, para el teatro. Yo comparto esa teoría, creo que algunas canciones y una música adaptada, es lo más adecuado para ese espectáculo, que debe tener necesariamente su técnica propia, diferente a la del teatro, porque la música tiene que substituir al lenguaje. Eso a mi juicio, el secreto del film. —¿La dirección? —Muy buena; pero cuenta con pocos elementos para hacer películas hispano-parlantes que puedan satisfacer el mercado sudamericano. —¿Qué es lo que canta Ud. en la película? —Un tango intitulado “Tomo y obligo” con letra de Romero y música mía. Creo que gustará por la letra. —¡Modesto! —Digo lo que siento. Es tan serena la entonación de su voz que no podemos dudar de tal afirmación. Carlitos es siempre el mismo desinteresado y buen compañero. Los triunfos de sus amigos le causan alegría y su corazón generoso late al ritmo del que comparte su amistad. —¿El ambiente de Joinville? —Delicioso. Es una pequeña ciudad encantadora. La naturaleza le brinda todos sus encantos y los artistas cautivados por su belleza se sienten más inspirados. —¿Muchas amistades? —Sobre esta pregunta temo hablar porque podría olvidarme algún nombre y sería una falta imperdonable. Han sido tantas las personas que he frecuentado y tan amables que las recuerdo con toda gratitud. —¿Anécdotas? —Muchas y sabrosas... algunas tristes. La pobre Sofía, en una escena en que debo tirarla por una escalera cayó con tan mala suerte que falló el truco y la caída fue real. Quedó sin sentido por efecto del golpe. Con todo, una vez vuelta en sí continuó valientemente su labor y la película ganó en realidad, ¡La gauchita muy guapa! En esa misma escena debía darle un golpe de puño a Kindos, artista español que trabajaba con nosotros. Antes de hacer la escena, me había advertido que moderara el puñetazo. «Puede uztez», me decía, «hazerme zaltar el puentezito de plata que tengo en la boca». Ya pueden imaginarse la risa que nos causaría esta advertencia. ¡A nosotros tan criollos y despreocupados! Al final se me fue la mano, pero sin quererlo. —¿Piensa filmar en Hollywood? —En efecto. He recibido propuestas durante mi estada en París. Mi tocayo Chaplín demostrando un gran interés por mi persona fue el que me hizo la más ventajosa. Temiendo ser indiscreto no puedo explayarme sobre este particular como quisiera, por no pertenecerme todo el secreto del asunto. Carlitos es uno de mis mejores amigos. —¿Proyectos? —Muchos, muchos. Fernando Ortíz Echagüe ha escrito un argumento especialmente para mí, creo que pronto se filmará. Dos periodistas uruguayos muy simpáticos también prepararon otro. El reportaje se va haciendo largo. Carlitos no lo siente. Charla mientras su ayudante le alcanza los efectos de vestir. Riverol, uno de sus guitarristas se acerca a nosotros y Gardel lo palmea amigablemente. «Sentate», le dice y sigue atropelladamente haciendo el nudo de su corbata frente al guitarrista como si éste fuera un espejo y, así nomás, al descuido ese trapo que tanto preocupa a los hombres bajo la dirección de sus manos nerviosas que se duermen a veces apretando la guitarra, ha tomado una forma elegante. La parte más ancha le ha ganado a la angosta... «por un cuerpo», dice alguien. Parece que las puntas van a discutir el fallo, no se baja la bandera. El chaleco se cierra. Ya está dado y basta. Carlitos festeja el chiste hípico y agrega: «La parte ancha la corrió Leguisamo y la angosta yo». Una vez más su sinceridad sin afectaciones se desborda como si su corazón se asomara a flor de labios para curiosear. Nos invita con un copetín siguiendo los impulsos de su generosidad después de firmar unas fotografías salimos por aquellos corredores silenciosos del teatro en dirección a la salida. Carlitos nos acompaña siempre charlando. Llegamos, él también se tiene que ir, le aguarda su inseparable amigo Razzano, nos despedimos. Juntos parten en el auto y se va Gardel llevando en su pecho la satisfacción de una vida amable sin preocupaciones». A la nota la acompaña una fotografía de Gardel autografiada que dice: “Para «Ideal Film» y sus lectores. Cariñosamente”. Sánchez nació en Buenos Aires (barrio de Barracas) el 2 de abril de 1904 y falleció en Dolores (provincia de Buenos Aires) el 30 de agosto de 1939.

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Rosa Gracia Administradora

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