viernes, 16 de septiembre de 2016

Tango Jorge Caldara Argentina


Tango:

Fue sin duda un ejecutante sensitivo y un compositor de nota saliente. Refiriéndose a él Julián Centeya nos dejó el siguiente concepto: «Su bandoneón dominado en el paréntesis de sus manos, deja de ser una cosa para adquirir toda la propiedad comunicadora de carne y espíritu». Nació en la esquina de Anchorena y Córdoba, en la porteñísma zona del Abasto. Cuando el pibe cumplió 4 años, sus padres —Mario y María— se mudaron al barrio de La Paternal, instalándose en una casa ubicada en la calle Paramaribo 2219 (hoy Fragata Presidente Sarmiento), junto a sus hermanos Alberto y Nélida. Desde muy pequeño se sintió atraído por la música, siendo el piano su instrumento preferido. Pero su padre —tanguero rabioso— lo convenció que se dedicara al bandoneón y lo llevó a un profesor del barrio. La crisis de los años 30 lo obligó a abandonar sus estudios musicales para contribuir al mantenimiento del hogar. Para ello se empleó en una fábrica de cartón y luego en una de balancines. Con las nociones musicales que había adquirido se largó a trabajar como profesional, con sólo 14 años, en la orquesta del Cieguito Tarantini, que se presentaba en las tardes en el Café El Nacional, de la calle Corrientes. Esas actuaciones no fueron del todo felices porque Jorge no tenía la experiencia necesaria en el manejo del instrumento. Enseguida se dio cuenta de sus limitaciones y buscó el perfeccionamiento con dos grandes músicos: Minotto Di Cicco y Carlos Marcucci. Más tarde, también recurrió a Félix Lípesker. Ya con varias horas de estudios encima, Jorge se abocó a la tarea de formar una orquesta típica barrial. No tenía siquiera 15 años pero tenía muchas ambiciones de triunfar. Aquella agrupación que se llamó Orquesta Juvenil Buenos Aires, estaba integrada por compañeros de estudios y tenía como cantor a Juan Dionisio Tobares, que más tarde triunfaría con el nombre artístico de Rodolfo Galé. Con esta formación llegó al centro para presentarse los martes, como cambio de la orquesta de Aníbal Troilo, en el famoso Café Germinal de Corrientes al 900. En busca de nuevos horizontes los músicos de la orquesta se fueron alejando y Jorge no tuvo más remedio que tratar de ubicarse en otro conjunto. Entonces, fue contratado por Francisco Lauro para integrar su Orquesta Típica Los Mendocinos, así bautizada porque actuaba en el restaurante Un Rincón de Mendoza. Por ese conjunto pasaron, además de Caldara, intérpretes que luego fueron importantes directores, como Bernardo Blas, Juan Sánchez Gorio, Astor Piazzolla y Alfredo De Angelis. En 1939, pasó a integrar la fila de bandoneones de la orquesta que dirigía el violinista Alberto Pugliese, hermano mayor de Osvaldo. Ese año Alberto se presentaba en los grandes bailes que se realizaban durante el verano en el predio de la Sociedad Rural de Palermo y también por Radio Del Pueblo. Por esa orquesta pasaron las voces de Roberto Beltrán (Leoncito) y Héctor Pacheco. Durante mucho tiempo fue la atracción del cabaret Cote D'Azur, ubicado en la calle 25 de Mayo entre Corrientes y Lavalle. En 1944, al llegar a los 20 años, Caldara tuvo que dejar la orquesta para cumplir con el servicio militar en el Regimiento de Patricios de Palermo. Pasado un tiempo, consiguió autorización para seguir trabajando. Fue así que pasó a formar parte de la orquesta del bandoneonista Emilio Orlando, que se presentaba por Radio El Mundo, con el cantor José Berón. Las actuaciones de Jorge junto a Orlando fueron perfeccionando su técnica y lo convirtieron en un fueye cadenero, a pesar de ser el segundo bandoneón de la orquesta. El gran salto lo dio al poco tiempo, cuando ingresó a la orquesta de Osvaldo Pugliese, a raíz de un cambio general en su fila de bandoneones. Se habían ido Alessio, Quiroga y Roscini y entraron en sus lugares: Caldara, Gilardi y Castagniaro. El propio Pugliese confiesa que luego de probar distintos instrumentistas lo eligió a Jorge, porque era justo lo que necesitaba, un elemento de vigorosa personalidad y capaz de arrastrar, dentro del estilo de la agrupación, al resto de los fueyes. Actúo con el maestro durante más de 10 años y en ese periodo tocó en Radio El Mundo, grabó varias obras de éxito, animó bailes y realizó giras. La hinchada del conjunto lo distinguió mucho y supo valorar la jerarquía que ofrecía aquella dupla fuera de serie que formaron con su colega Osvaldo Ruggiero. En esta etapa demostró también, sus grandes condiciones de compositor, que Pugliese supo aprovechar, estrenándole y grabándole sus tangos “Patético” (1948), “Pastoral” (1950), “Pasional” (1951) y “Por pecadora” (1952). Caldara sentía gran cariño y admiración por Pugliese, a quien homenajeó con su tango “Puglieseando” y su versión tan particular de “La yumba”. Sin embargo, al final de 1954 se desvinculó de la orquesta, inducido por su familia que estaba angustiada por las consecuencias derivadas de la filiación política del maestro. Todavía en la orquesta de don Osvaldo, ocurrió algo imprevisto. Jorge conoce en una reunión social a la cancionista japonesa Ranko Fujisawa, de visita en Argentina. Ésta, después de escucharlo interpretar el bandoneón, lo invita a Japón para que allá formara su propia orquesta. Ranko era, además, la mujer de Shampei Hayakawa, el director de la Orquesta Típica Tokio. Jorge se sintió muy halagado por esa invitación, pero prefirió quedarse y seguir actuando junto al maestro Pugliese. Pero tiempo después, Ranko regresó a nuestro país y volvió a formularle a Caldara la misma invitación. Esta vez, Jorge estaba en libertad de acción y no lo pensó mucho, partió a Japón con toda su familia. Recordemos que ya se había producido la exitosa gira de Juan Canaro que abrió las puertas al tango argentino en Japón. Y por ello, el público lo recibió con beneplácito. El bandoneonista no viajó con una orquesta, sino que la orquesta la formó allá con los elementos locales, tras una rigurosa selección. Cuando la agrupación estuvo perfectamente afiatada, Jorge comenzó sus presentaciones. El debut se produjo por Radio Tokio, pasando luego a las emisoras Nipon, Binca y N.H.K. En televisión actuó por el canal J.O.R.K. y en el teatro lo hizo en el Kokusai, en el Nibiahai, donde realizó conciertos de tango a sala llena. Lo mismo que Juan Canaro, Caldara fue contratado por Odeón para registrar algunas grabaciones con su orquesta de músicos japoneses. Llevó al disco dos tangos orquestales: “Lorenzo”, de Agustín Bardi y “Jueves”, de Udelino Toranzo y Rafael Rossi De regreso en Buenos Aires, después de un laborioso año en Japón, formó su propio conjunto con las voces de Raúl Ledesma y Carlos Montalvo. Durante 1955 y 1960, alternaron por su formación: Rodolfo Mansilla en piano; Norberto Samonta, bajo; Alberto Caracciolo, Alfredo Marcucci, Armando Rodríguez, Jacinto Nieves, Elbio Garbuglia, Carlos Niesi, Daniel Lomuto, Ricardo Varela, en bandoneones; Cesar Rilla, Juan Potenza, Norberto Bernasconi, Roberto Gallardo, Armando Cabrera, Alfio Messina, Eduardo Walczak, Fernando Suárez Paz, en violines. El debut se produjo en Radio Splendid. En esa oportunidad, abrió la audición con el tango de Lorenzo Logatti, “El irresistible”. Volvió al sello Odeon y registró un par de grabaciones con las voces de Ledesma y Montalvo. Al año siguiente, fue requerido por Radio El Mundo, en cuya cartelera figuraban las mejores orquestas típicas del momento. A fines de 1957, se retiró Raúl Ledesma, lo remplazó Horacio Dugan y después a este, Miguel Martino. En 1960, sin abandonar la dirección de su orquesta integró el cuarteto Estrellas de Buenos Aires, junto al violín de Hugo Baralis, el piano de Armando Cupo y el contrabajo de Kicho Díaz. Este pequeño conjunto realizó exitosas giras por América, destacándose en la televisión peruana y dejaron algunas grabaciones para Odeon, hoy prácticamente imposibles de conseguir. Las dificultades que tuvo el género, a partir de los años 60, obligaron a los directores a transformar sus grandes orquestas en quintetos, cuartetos o tríos. Sin embargo, Jorge Caldara se jugó y formó una orquesta en sociedad con los cantores Ricardo Ruiz y Rodolfo Lesica. Grabaron para Music-Hall un disco simple, con el tango de Luis Stazo y Federico Silva “Mi malacara y yo”, cantado a dúo por Ruiz y Lesica, y del otro lado el tango de Héctor Marcó “Mis consejos”, con la voz de Lesica. Al poco tiempo se alejó Ricardo Ruiz y la agrupación pasó a llamarse Caldara-Lesica. El rubro continuó grabando para el mismo sello, dejando éxitos como “Nochero soy”, “Mi bandoneón y yo” y “La yumba”, todos instrumentales y “Confesión”, “Ríe payaso” y “Por la vuelta” cantados por Lesica. Luego graba un larga duración con una orquesta más grande, constituida por: Rodolfo Mansilla (piano); Jorge Caldara, Miguel Incardona, Omar Nacir y Carlos Goliat (bandoneones); Félix Molino, Antonio Agri, Antonio Magnético, Fernando Suárez Paz, Carlos Arnaiz, Mario Grossi y Mario Abramovich (violines); José Federighi (violoncello); Fernando Romano (contrabajo). En 1966 Lesica se retiró y es reemplazado por Roberto Echagüe, hijo de Alberto, quien permaneció durante un año, grabando solamente dos tangos; “La novia ausente” y “Madame Ivonne”. Fue reemplazado por Raúl Funes. De su obra autoral se destacan los instrumentales: “Bamba”, dedicado a su hija, “Papilino”, dedicado a su hijo, “Tango 05”, dedicado a la Fuerza Aérea Argentina, “Mi bandoneón y yo (Crecimos juntos)”, “Cuando habla el bandoneón”, ambos en colaboración con Luis Stazo, “Sentido”, en colaboración con Daniel Lomuto, “Con T de Troilo”, “Patético”, “Pastoral”, “Puglieseando” y “Patriarca”. Entre los tangos cantados: “Gorrión de barrio”, su primer tango, “Muchachita de barrio” con letra de Mario Soto, “Solo, Dios, vos y yo”, dedicado a su esposa, con letra de Rodolfo Aiello, “Estés en donde estés” letra de Martínez, “Pasional”, su obra más popular, “Por pecadora” y “Profundamente”, los tres con versos de Mario Soto, “No ves que nos queremos”, con Abel Aznar y “Paternal”, con Norberto Samonta. En 1963, inesperadamente, tuvo una tremenda noticia, los médicos le diagnosticaron Mal de Hodgkin (cáncer en los ganglios linfáticos). La lucha entre la vida y la muerte duró cuatro años. Falleció en 1967, pocos días antes de cumplir 43 años.

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Rosa Gracia Administradora

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