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jueves, 16 de marzo de 2017

Tango Juan Canaro Uruguay

Tango:

Una vida al conjuro del tango. Transitada con sacrificio, dignidad y superación. Nacido en San José (Uruguay), reside desde niño en Buenos Aires con su familia, afrontando momentos amargos cuando la epidemia de viruela los alcanzó y perdió a una de sus hermanas. Fue canillita junto a sus hermanos Francisco y Rafael Canaro cuando eran vecinos de los Greco, en la barriada de San Cristóbal. Hacia 1903, Francisco Canaro interpretaba el mandolín, Vicente Greco el bandoneón, a los que se sumaba un vecino de pieza apodado Papanova con su guitarra. Juan, espectador de las tertulias, les cebaba mate. En 1905, Francisco Canaro había adoptado el violín, en tanto Rafael, el otro hermano, se desempeñaba como guitarrista acompañante de payadores. Un día llegó a la casa de la calle Sarandí un amigo de los Greco, el bandoneonista Ricardo González, conocido por el sobrenombre de Mochila, autor del tango “La rosarina”, ofreciendo unas rifas de un bandoneón de 65 notas, a diez centavos el número. Juan Canaro no tenía dinero y consiguió que le prestaran para comprar un número. A los pocos días, Mochila le informó que había ganado el bandoneón. En principio no logró sacar un sonido. Se desalentó y el instrumento estuvo guardado dos años debajo de su cama. Alrededor de 1907, su vecino y gran amigo Vicente Fiorentino, que ya tocaba el violín en pequeños conjuntos, lo instó a Juan para que se dedicara a estudiar el bandoneón, enseñándole algunas tonalidades simples por cifras. Después de mucho esforzarse consiguió aprender dos temas. Seguía estudiando pero sin atreverse a debutar en público. Lo hizo en unas romerías junto a Vicente Fiorentino (violín) y Luis Martínez (Papanova) en guitarra. Superado el trance tocaron luego en Junín y Pergamino. A partir de entonces siguió trabajando, con los más populares músicos de la época. En 1913, unido a su hermano Rafael realizó una larga gira por el interior argentino. Al retornar a la capital, los hermanos tomaron distintos caminos. Un año más tarde, convocado por Samuel Castriota, realiza los bailes de carnaval de Santos Lugares. Tiempo más tarde, su presencia en Montevideo, reemplazando a Genaro Nerón Domínguez en el trío del pianista Pascual Cardarópoli. El violín era Federico Lafemina y actuaban en el Cabaret Pigall. Cardarópoli, el autor del tango “La sonámbula”, fue su verdadearo maestro, quien le enseñó solfeo, teoría y lectura de música que le permitieron desempeñarse muy bien en la profesión, quedando habilitado además para componer y arreglar partituras. En su etapa montevideana, al desvincularse de Cardarópoli, sustituyó a José Quevedo en el trío de Carlos Warren que se complementaba con el violinista José Bondino. Luego pasa al quinteto de Enrique Delfino, con los violinistas Eduardo Monelos y Miguel La Salvia y el bandoneonista Alberto Rodríguez a quien posteriormente sustituyó Ernesto Di Cicco. De vuelta a Buenos Aires, en 1916, trabaja en pequeños conjuntos hasta llegar el carnaval de 1917, cuando se incorporó al conjunto de Manuel Pizarro. Al regresar Francisco Canaro de Rosario, luego de los bailes del Teatro Colón, reaparece en el cabaret Royal Pigall. Allí fue la primera vez que actuaron juntos Francisco y Juan Canaro. La orquesta se complementaba con Julio Doutry, José Martínez, Osvaldo Fresedo y Leopoldo Thompson. Las actuaciones de Juan Canaro en la orquesta de su hermano se prolongan hasta el carnaval de 1922, en que se aleja para formar su primer conjunto. Dicho elenco lo formaban: Humberto Canaro (piano); Juan Canaro y Roque Biafore (bandoneones); Rafael Tuegols y Antonio Buglione (violines); Rodolfo Duclós (contrabajo). Cumplido su compromiso Juan Canaro viajó al Brasil, solo, para agregarse a una orquesta de repertorio internacional, retornando a Buenos Aires a fines de 1922, formando otro conjunto para actuar en el Casino Pigall. En 1924, revista nuevamente en la orquesta de su hermano Francisco al inaugurarse el Tabarís y graban en el sello Nacional Odeón. En el Tabarís se estrena su tango “Ahí va el dulce”. Al año siguiente viajan a Europa donde actúan con gran éxito y, tras un breve regreso a Buenos Aires para contraer matrimonio en agosto de 1926, retorna a París. Luego viaja con varios músicos para presentarse en Nueva York, volviendo a Francia para tomar la dirección de la orquesta junto con su hermano Rafael, ante el retorno de Francisco Canaro a Buenos Aires. En 1928, retorna a Buenos Aires y nuevamente se presenta en el Tabarís con el pianista José Tinelli, los violinistas Adolfo Muzzi y Ateo Dapiaggi y el contrabajista Hugo Baralis. Lo acompaña en el bandoneón Alberto Cima. Dos años más tarde, después de actuar una temporada con Francisco se aleja definitivamente de su hermano. Desde entonces dirige diversas orquestas, con excelentes músicos. En 1931, inaugura el cabaret Casanova y luego el Maipú Pigall, llegando al disco por primera vez como director en el sello Victor. En 1932 realiza una temporada en el Tabarís, pasando al Armenonville en vísperas de su cierre definitivo. Allí deja de actuar como bandoneonista, para ejercer solamente tareas de dirección. La orquesta de Juan Canaro realiza una gira por Brasil y Uruguay en 1935. En Montevideo se presenta en el Concurso Carlos Gardel, en el Estudio Auditorio del SODRE (ex Urquiza), con el cantor Aldo Campoamor. Luego es contratado por la flamante Radio El Mundo y posteriormente, forma rubro artístico con el cantor Fernando Díaz. Hasta 1939 sigue su actividad artística que va espaciando paulatinamente. En febrero de 1940 emprende una larga gira por América que se prolonga hasta octubre de 1942 y estrena dos perdurables tangos: “Copa de ajenjo” y “Cantando se van las penas”. Abriendo un camino artístico que mucho bien le hizo al tango, realiza una gira por Japón en 1954. Vale la pena la mención de aquella calificada embajada: Osvaldo Tarantino (piano); Alfredo Marcucci, Arturo Penón y Ramón Torreira (bandoneones); Hugo Baralis, Emilio González y Enri Balestro (violines); Rufino Arriola (contrabajo); María de la Fuente y Héctor Insúa (cantores) y los bailarines Julia y Lalo Bello. Cuatro años más tarde Juan Canaro repite el viaje que resulta el broche final a su vida artística. A partir de entonces se radica en Mar del Plata. Finalmente, corresponde destacar su obra autoral que comenzara con el arreglo en tango de “El pangaré “ (1917) y su popular “Mano brava” dedicado a Minotto. Fue “Ahí va el dulce” su obra más representativa y entre las olvidadas “Delirio” de gran belleza melódica y “Los Treinta y Tres”, con letra de Jesús Fernández Blanco. De sus exitosos y hermosos valses la sola mención de uno, representándolos a todos: “La noche que me esperes”, de 1937, cuya dedicatoria dice: «A mi querida madre, con el cariño que se merece. Juan». Juan Canaro acumuló los méritos suficientes para ubicarlo entre las figuras trascendentes del tango. Su deceso se produjo en Mar del Plata y su sonrisa y su bonhomía nos siguen acompañando. Extractado de: Horacio Loriente, Ochenta notas de tango. Perfiles biográficos, Ediciones de La Plaza, Montevideo 1998. Auspiciado por la Academia de Tango del Uruguay.

jueves, 2 de febrero de 2017

Tango Julio Sosa Uruguay

Tango:

Sin lugar a dudas, Julio Sosa fue el último cantor de tango que convocó multitudes. Y en ello, poco importó que casi la mitad de su repertorio fuera idéntico al de Carlos Gardel, aunque también es cierto que interpretó algunos títulos contemporáneos. Como dice el investigador Maximiliano Palombo, «fue una de las voces más importantes que tuvo el tango en la segunda mitad de los años cincuenta y principios de los sesenta, época en que la música porteña pasaba por un momento no demasiado feliz». Posteriormente, dada su temprana muerte, se intentó repetir con él el mito Gardel, pero Sosa no era Gardel la extroversión y la carencia de ternura de su voz lo alejaban del paradigma del cantor de tangos. Por otra parte, al perderse su imagen, desaparecieron sus condiciones actorales, tan unidas al sentido de lo que cantaba. De todas maneras, quedó su recuerdo, sobre todo en la generación que lo vio surgir y en las posteriores, como una de las más reconocibles e insoslayables figuras de la historia del tango. Con el nombre de Julio María Sosa Venturini, nació en la localidad de Las Piedras, departamento de Canelones, Uruguay, el 2 de febrero de 1926, en el matrimonio formado por Luciano Sosa, peón rural, y Ana María Venturini, lavandera. Apenas terminados los estudios primarios, la pobreza lo llevó a enfrentar la vida con cualquier conchabo que se le presentara. De ese modo, ejerció las más diversas ocupaciones: ayudante de mercachifle, vendedor ambulante de bizcochos, podador municipal de árboles, lavador de vagones, repartidor de farmacia, marinero de segunda en la aviación naval... Pero sus ambiciones eran otras. Y tras esas ambiciones, intervenía en cuanto concurso de cantores se le pusiera a tiro. También apareció el amor, que lo condujo al altar con sólo dieciséis años; dos más tarde, se separó de aquella muchacha, llamada Aída Acosta. Por entonces, se inició profesionalmente en la ciudad de La Paz (Uruguay) como vocalista de la orquesta de Carlos Gilardoni. Se trasladó luego a Montevideo, para cantar con las de Hugo Di Carlo, Epifanio Chaín, Edelmiro D'Amario —Toto— y Luis Caruso. Con esta última, llegó al disco, donde dejó cinco interpretaciones para el sello Sondor en 1948. En junio del año siguiente, ya estaba en Buenos Aires cantando en cafés, como el Los Andes, de la esquina de Jorge Newbery y Córdoba. También «realizó una prueba —señala Palombo— en la orquesta típica de Joaquín Do Reyes, pero el director consideró que la voz de Sosa era un tanto dura para el estilo interpretativo de su agrupación». En agosto, lo descubrió el letrista Raúl Hormaza, que no demoró en acercarlo a Enrique Francini y Armando Pontier, que andaban con ganas de sumar un nuevo cantor al que ya tenían en su típica, Alberto Podestá. De ganar veinte pesos por noche en el café, pasó a los mil doscientos mensuales con Francini-Pontier. En abril de 1953, pasó a la típica de Francisco Rotundo, con la que grabó en Odeón y de cuyas placas se recuerdan aún verdaderas creaciones como las de “Justo el treinta y uno”, “Bien bohemio” y “Mala suerte”. En junio de 1955 ingresó en la de Armando Pontier y registró sus grabaciones en Victor y Columbia. “La gayola”, “Quién hubiera dicho”, “Padrino pelao”, “Martingala”, “Abuelito”, “Camouflage”, “Enfundá la mandolina”, “Tengo miedo”, “Cambalache”, “Brindis de sangre” o “No te apures Carablanca” fueron algunos de sus clásicos en esa etapa en que el éxito estaba ya completamente de su parte. En 1958, contrajo un nuevo matrimonio, con Nora Edith Ulfed, con la que tuvo una hija, Ana María. Ya separado, reincidió, con Susana Beba Merighi, su compañera hasta el fin de sus días. En 1960 reveló su otro aspecto artístico, el de poeta, con la publicación de un único libro, Dos horas antes del alba. También incursionó en la letra tanguera con una muestra Seis años, que lleva música de Edelmiro D'Amario. A comienzos de 1960, se desvinculó de Pontier decidido a iniciar su etapa de solista. Convocó, entonces, al bandoneonista Leopoldo Federico para que organizara su orquesta acompañante. Con ella comenzó a grabar para el mismo sello en que lo hacía con Pontier, Columbia, en 1961, cuando ya estaba firmemente emplazado en el gusto popular. El periodista Ricardo Gaspari, titular del departamento de prensa y promoción de la grabadora, lo bautizó El Varón del Tango y de igual modo tituló a su primer larga duración. Todo parecía marchar viento en popa. Sólo había un inconveniente, enfrentarse al poderoso auge de la denominada Nueva Ola, el show business de turno, con el que se venían cercenando nuestras raíces culturales en la juventud de la época. Pese al riesgo que ello parecía representar, Sosa logró una venta de discos impensable para un intérprete tanguero de aquellos días y tan abultada como la de cualquier cantante «nuevaolero». Ese enfrentamiento con la Nueva Ola se representó a la perfección en la escena que protagonizó para la película Buenas noches, Buenos Aires (1964), en la que entonó y bailó con Beba Bidart “El firulete”, ante unos jóvenes «twisteros» que terminaban por pasarse a los cortes y quebradas. La realidad no estaba lejos; Sosa logró que una juventud desorientada volviera a la música que le pertenecía. Es por ello que quienes eran jóvenes entonces han olvidado las tonterías de las letras «nuevaoleras» y siguen escuchando al cantor de Las Piedras. Al margen del tango y la poesía, Sosa tuvo otra pasión los automóviles. Fue propietario de un Isetta, un De Carlo 700 y un DKW modelo Fissore; con los tres terminó por chocar, debido a su gusto desmedido por la velocidad. El tercero resultó fatal. Durante la madrugada del 25 de noviembre de 1964, se llevó por delante una baliza luminosa en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla (Buenos Aires). Fue internado en el Hospital Fernández y luego trasladado al Anchorena, en el que dejó de existir el día 26 a las 9:30 horas. Sus restos comenzaron a ser velados en el Salón La Argentina y el exceso de público obligó a continuar el velatorio en el Luna Park (legendario estadio de box con capacidad para 25.000 personar). El 24 había cantado por radio su último tango, “La gayola”. El final parecía profético «pa' que no me falten flores cuando esté dentro 'el cajón». Publicado originalmente en el fascículo 39 de la colección Tango Nuestro editada por Diario Popular.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Tango Julio Carrasco Uruguay

Tango:

Como muchos músicos dedicados al tango y nacidos en las décadas de 1900 y 1910, Julio nació en la otra orilla del Rio de la Plata, en la ciudad de Montevideo. Hasta unos pocos años antes de cumplir sus treinta de edad, viajó por gran parte del mundo y estuvo radicado en España, formando parte de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Pero cuando se desató lo peor de la guerra civil, en 1936, emprendió el regreso a Buenos Aires. Ganado por el tango, se vinculó a un director que recién comenzaba a dar que hablar: Osvaldo Pugliese. Habían terminado las actuaciones de los sextetos con Alfredo Gobbi y con Elvino Vardaro; experiencias maravillosas que no llegaron lamentablemente a perdurar y mucho menos a dejar registros sonoros. Se iniciaba la etapa de probar suerte formando la orquesta propia, la primera, en 1937 con algunos de los músicos de los sextetos: por ejemplo el bandoneonista Alfredo Calabró y el violinista Antonio Puleio. Se suman Julio Carrasco en violín, Luis Bonnat en bandoneón y Aniceto Rossi en contrabajo, más Pugliese en piano. Debutan en el café Germinal de la entonces angosta calle Corrientes 942, con relativa repercusión. El nuevo y definitivo intento llegaría en 1939, exactamente el 11 de agosto, cuando debutan en el café El Nacional de Corrientes 980. Hasta 1966, con una permanencia de 29 años, Julio Carrasco integró la orquesta como segundo o tercer violinista y arreglador. También fue mucho tiempo una especie de administrador, ya que llevaba los libros contables de la orquesta que funcionó siempre como una cooperativa. Durante este prolongado periodo, mantuvo con Osvaldo Pugliese una excelente relación laboral, compartían ideales políticos y musicales, pero no llegaron a ser amigos. Lamentablemente, nunca grabó un solo, que nos serviría hoy para conocer su vibrato; pues su sonido se funde en el todo orquestal dentro de la fila de cuerdas. De todas formas por comentarios de sus colegas, era un muy buen ejecutante, un violinista de formación académica, con amplias posibilidades técnicas. Tuvo oportunidad de ser promovido a solista cuando se fue Enrique Camerano, pero no quiso aceptar ese puesto. (Su hijo Néstor me contó hace algunos años estos detalles). Integró la orquesta compartiendo la fila de cuerdas con Aniceto Rossi y Alcides Rossi en contrabajo, los violinistas Enrique Camerano y Jaime Tursky; luego Oscar Herrero y Emilio Balcarce. Más tarde se sumaron Francisco Sanmartino y luego Norberto Bernasconi en viola, Adriano Fanelli y Enrique Lannoo en violonchelo. Y con los bandoneonistas Enrique Alessio, Luis Bonnat, Alberto Armengol, Osvaldo Ruggiero, Esteban Gilardi, Mario Demarco, Roberto Peppe, Oscar Castagniaro, Jorge Caldara, Ismael Spitalnik, Víctor Lavallén, Julián Plaza y Arturo Penón. Cuando dejó la orquesta, fue reemplazado nada menos que por Raúl Dominguez (Finito), un excelente solista que otrora brillara en la orquesta de Francisco Rotundo con solos memorables como por ejemplo el del tango “Milonguera”. Fue muy destacada su labor como compositor y arreglador, dejando versiones antológicas para el repertorio de la orquesta. En 1946, escribió el arreglo del tango “Fuimos” que grabó Roberto Chanel. En 1951, hizo la armonía de violín para el tango “Pasional”, arreglo de Roberto Peppe, que grabara Alberto Morán con total suceso. El solo lo tocó y grabó dos veces Enrique Camerano. En 1954, arregló dos tangos para el cantor Juan Carlos Cobos: “No es más que yo” y “Te aconsejo que me olvides”. Hizo lo propio con “Silencio” en 1959 para el cantor Jorge Maciel. Capítulo aparte merecen sus composiciones que básicamente orquestó él mismo, con la colaboración de Osvaldo Ruggiero. Son una trilogía de hermosos tangos: el primero es de 1945, “Flor de tango”; de raigambre decareana, con la influencia de esa escuela y de esa forma estilística. El piano va preparando con breves intervenciones solistas el camino al violín solista que cantará su armonía hasta la variación final del cuarteto de bandoneones, que en ese momento integraban Ruggiero, Caldara, Gilardi y Castagniaro. En 1950 da a conocer “De floreo”, con menos impacto rítmico que el anterior. Es más denso en su estructura general, con otra concepción armónica y tiene un solo de violín magistral a cargo de Camerano. Ya no tiene la característica variación final de bandoneones, sino un esbozo de pocos compases. Forma parte de aquellos tangos surgidos en los comienzos de esa década, de similares formas: poco melódicos y fuertemente armónicos, con un trabajo orquestal muy cuidado, como “El refrán” de Roberto Peppe, “El tobiano” de Emilio Balcarce, “Don Atilio” de Pugliese y “Don Aniceto” de Esteban Gilardi. Cierra la trilogía con “Mi lamento”, grabado en 1954. Aquí otra vez Julio Carrasco repite la ecuación o también podríamos pensar que encontró su identidad como compositor. Escribe otro profundo y sentido solo de violín, para el total lucimiento del maestro Enrique Camerano. Formó parte de los viajes históricos de Pugliese a Rusia y China en 1959 y a Japón en 1965. En 1966, a los 59 años de edad decide jubilarse, para dedicarse a su familia. Continúa igualmente estudiando y tocando el violín en su hogar, sin las exigencias del trabajo profesional. Su trayectoria fue ejemplar, silenciosa y ampliamente valorada por colegas y por todos los que gustamos del tango. Este músico nacido en Uruguay, formado profesionalmente en España y finalmente atrapado por el tango argentino, falleció en Buenos Aires a los 81 años, con la tranquilidad del deber cumplido. Vaya nuestro homenaje y reconocimiento. 

Tango Ángel Sica Uruguay

Tango:

Despertó tempranamente a la música logrando muy joven consagrarse profesor de piano. «Yo estudié para tocar el tango», expresó entonces a alguien que le preguntara a qué género se iba a dedicar. En un cine de la barriada de la Unión tuvo sus primeras actuaciones en la época del cine mudo y ya en 1926 forma parte de un terceto junto al violinista Federico Lafémina y el bandoneonista José Laina (Bachicha) para acompañar a la cancionista Lucy Clory en la revista Guarda con la atropellada que se representaba en el Teatro Royal, en la calle Mitre, al costado del Teatro Solís. La siguiente etapa ha podido ser documentada por la invalorable colaboración del Sr. José Marín Lorenzo, que actualmente es Consejero de la Sociedad Uruguaya de Intérpretes y se desempeñó como bandoneonista en el sexteto Sica-Maquieira, formado en 1928. Inicialmente Ángel Sica (piano) y Francisco Maquieira (bandoneón) dirigían acompañados por Arnoldo Rodríguez a quien se le conocía por el sobrenombre de Pantalón, Américo Perelló (primer violín), Hugo Pereira (segundo violín) y M. Estella (contrabajo). Al año siguiente nuestro gentil informante sustituía a Arnoldo Rodríguez. Actuaban en los cines Victoria y Las Delicias, a mediodía en el Café Tupí Nambá y los trasnoches en el cabaret Chantecler. Era un conjunto de estilo decariano y muy ensayado. Por entonces Sica y Maquieira publican el tango “Qué hacés gigoló” con letra de Romeo Yorio en edición de Juan Feliú e hijos. Los directores toman caminos artísticos distintos y Ángel Sica, con Francisco Panedas, emprendieron una larga gira en enero de 1931 cuya primera etapa fue Río de Janeiro, para presentarse luego en más de cuarenta ciudades brasileñas. Consignamos los nombres de aquellos pioneros que fueron, a nuestro juicio una única y sorprendente tournée de músicos uruguayos por América y Europa. Ángel Sica (pianista y director), Francisco Panedas (bandoneón y director), Arnoldo Rodríguez (bandoneón), Julio Carrasco y José Alberto Ladart (violines). Se presentaron luego en Georgetown, capital de la Guayana inglesa y luego en Cayena, Guayana francesa donde Ángel Sica escribe un tango dedicado a dicha ciudad y tituló “Cayenne”. Pasaron luego a Venezuela y promediando 1931 se trasladaron a España. Varias semanas de actuación en el Teatro Cómico de Barcelona, una breve presencia en Melilla en el norte de África y nuevamente en Barcelona, esta vez en el dancing El Gato Negro, donde Lucio Demare tentó a Sica para que el sexteto Sica-Panedas y su propio conjunto, que encabezaba con Irusta y Fugazot emprendieran una gira europea. La proposición fue aceptada, transitaron juntos más de un año. Durante su estadía en Barcelona el conjunto Sica-Panedas grabó discos Delfus y también tuvieron actuación en el cine sonoro español en la película Los últimos días de Pompeya, valiosos detalles que consigna la revista Cancionera, al regreso de Ángel Sica, en su edición del 5 de julio de 1933. Cumple el celebrado pianista una etapa en la orquesta Agapios-Perelló que luego se conocería artísticamente con Nicolás Agapios como único director. Se desvincula transcurriendo 1937. Convoca destacados músicos y forma una excelente orquesta. Trabaja incesantemente. En 1937 su orquesta es figura principal en CX 30 Radio Nacional, emisora en la que cumplió casi toda su actuación radial. Su primer cantor fue un excelente intérprete: Alcides De María y Mabel Ortiz sería su cancionista en 1938, Violeta Gómez en 1939 y Gloria Grobba en 1944. En 1941 había grabado un disco en la primera tanda realizada por la empresa uruguaya Sondor, una de cuyas faces contiene su tango “Meditación [b]”, con versos de Alcides De María. Ángel Sica fue, en la década del 40, importante colaborador de la orquesta del violinista Roberto Lurati. Su espíritu andariego lo impulsa a viajar, en 1947 a Río Grande do Sul, contratado para una larga temporada por la boite-casino de Passo Fundo al frente de un sexteto que dirige y arregla, acompañado por Pedro Casella y N. Cabral (violines), Arnoldo Rodríguez y Sócrates García (bandoneones), Alfredo Peña (contrabajo) y Jorge Escalada como vocalista. Da a conocer su tango “Un soñador” en el carnaval de 1950 cuando compartía el cartel con la famosa agrupación de Xavier Cugat (Teatro Solís), y al año siguiente actúa en el Restaurant Municipal del Prado con el cantor Carlos Dumas y también en los famosos bailes que se realizaban en la sede del Club Colón, en la Av. San Martín y Fomento. Entendemos suficientes los apuntes que preceden, para dejar en evidencia la vida artística de un gran tanguero. Era, además un excelente solista de piano. Nuestro querido amigo el maestro César Zagnoli nos aportaba un dato inédito sobre Ángel Sica, diciéndonos que ensayaron juntos un dúo de pianos y que la idea no tuvo concreción porque Sica se accidentó al bajar del palco y todo quedó en la nada. Sólo perduró el inalterable aprecio que ambos se profesaban. No lo atrajo demasiado la composición, pero su ficha autoral en AGADU reúne catorce temas. El último, “Milonga criolla” que comparte con Miguel Villasboas fue registrado el 11 de marzo de 1965, unos años antes de que se produjera su sentido deceso el 22 de setiembre de 1969.

domingo, 1 de mayo de 2016

Tango Arturo De Nava Uruguay

Tango:

Este singular artista, nacido en Montevideo, República Oriental del Uruguay, fue bailarín, cantor, payador y compositor. Sus cualidades artísticas las heredó de su padre, Juan de Nava, otro gran payador y cantor oriental. Actuó en la compañía de los Hermanos Podestá donde fue galán y bailó tangos, en los principios del siglo veinte. Empero, su fama llegó por su actividad de payador, desde fines de los años noventa. Fue pionero en la fonografía y grabó para los sellos Columbia Record, Victor y Chantecler, muchos discos con temas propios y ajenos, todos ellos de naturaleza criolla, pero ningún tango. También fue de los primeros en la cinematografía que hacía sus primeros pasos entre 1915 y 1930. Fue autor y compositor de numerosas piezas nativas y, al final de su carrera, escribió algunos tangos, entre los cuales podemos citar: “Cha digo con los amigos” y “Pa' ganarme un repecho”, además le pertenecen, el vals “Bajo las sombras de un naranjal”, el estilo “El taita [d]” y su obra más famosa, “El carretero”, una canción campera que grabó Carlos Gardel con José Razzano en 1922 y luego, como solista en París, en 1928.

domingo, 24 de abril de 2016

Tango Alberto Vila Uruguay

Tango:

Personalísimo cantor, nacido en Montevideo el 25 de setiembre de 1903. Su carrera comienza luego de un ensayo privado para la plana mayor de los Atenienses, una noche de agosto de 1927, acontecimiento que recordara siempre la memoria privilegiada de Víctor Soliño, entonando en la ocasión las estrofas del popular tango “Siga el corso”. Debutó en la Troupe Ateniense en el Teatro Solís, de Montevideo, el 6 de octubre de 1927, haciendo imitaciones de Carlos Gardel, prolongando sus actuaciones cuando el celebrado conjunto pasó a actuar en el Teatro Coliseo, de Buenos Aires, y la empresa Victor le ofrece un contrato para grabar discos que comienza a cumplir el 12 de diciembre de 1927, registrando cuatro temas, que formarán parte de sus dos primeros discos, tres de ellos tangos uruguayos y un vals de Antonio Sureda y Homero Manzi, “Ensueño”. Corresponde recordar los tangos “Perdonala”, de Juan Agnese, Víctor Soliño y Roberto Fontaina, “Niño bien”, de Juan Antonio Collazo, Víctor Soliño y Roberto Fontaina y “Che papusa oí”, de Gerardo Matos Rodríguez y versos de Enrique Cadícamo. Alberto Vila seguía en Montevideo, desempeñando tareas como funcionario del Banco de Cobranzas y viajaba frecuentemente a Buenos Aires a cumplir sus compromisos de grabación. El 12 de abril de 1928 interviene como solista en versiones para discos de la Troupe Ateniense en tres espléndidas canciones: “Golondrinas [b]” (zamba), “En un pueblito español” (vals) y “Príncipe azul” (foxtrot). Prácticamente decidido, en 1929, para realizar una gira por Europa, en el mes de julio del citado año recibe un telegrama de Radio Prieto de Buenos Aires ofreciéndole un contrato de actuación por tres meses, que acepta y cumple. Su presencia en Buenos Aires despierta el interés de los empresarios de los teatros Empire y Florida, con espléndida retribución, lo que lo induce a renunciar definitivamente a su empleo para dedicarse de lleno a sus actividades artísticas. Realiza giras por toda la Argentina, matizadas por frecuentes presencias en Montevideo. En enero de 1933 actúa ante los micrófonos de Radio El Espectador y Sport, respaldado en la ocasión por un trío de guitarras formado por Baudino, Pardo y Pérez. Promediando la década del 30, se destaca ampliamente como actor en el cine argentino, donde también se luce como cantor. Radio Bar (1936) lo incluye en un reparto junto a Lidia y Violeta Desmond, Alicia Barrié, Gloria Guzmán y Juan Carlos Thorry y la orquesta de Elvino Vardaro. A esa película le siguen Cuatro corazones (1939), Retazo (1939), La casa del recuerdo y Confesión (1940), viajando a Estados Unidos para intervenir en el filme Se conocieron en la Argentina, con la actriz Maureen O'Hara, donde acompañado por la orquesta de Lud Gluskin canta en inglés y en español. Transcurría el año 1941. Al retornar a Buenos Aires se destaca en el cine nuevamente. En 1942 en Mañana me suicido y Amor último modelo. Finalmente, en 1946 aparece en Camino del infierno y Adiós pampa mía. Cabe consignar que Alberto Vila también hizo cine en Montevideo. El 17 de agosto de 1938 se estrenaba en el desaparecido Ambassador en la calle Julio Herrera y Obes entre 18 de Julio y San José, Soltero soy feliz, donde el celebrado artista se lucía junto a Ramón Collazo, cabeza del elenco. Años más tarde (1946), en una producción rioplatense actuó en Los tres mosqueteros, cuyas escenas principales fueron registradas en las escalinatas de nuestro hermoso Parque Capurro. Realizó inolvidables temporadas en las principales emisoras radiales de Buenos Aires. Su naturalidad y su auténtica simpatía a las que agregaba su canto tan personal le permitieron ser un auténtico triunfador. En la plenitud de sus espléndidas condiciones artísticas, cuando aún lucía su auténtica juventud, Alberto Vila puso broche final a su carrera de actor y de cantor. Radicado en Buenos Aires, emprendió algunos negocios, alejado por completo de todos los lugares de sus triunfos. Encontrándose en Montevideo, rodeado de sus familiares, un síncope cardíaco lo abatió, sorpresivamente, el 23 de febrero de 1981. 

Tango Ramón Collazo Uruguay

Tango:

Sus comienzos datan de 1923 como integrante de la famosa Troupe Estudiantil uruguaya Ateniense, junto a Roberto Fontaina, su director; Víctor Soliño, Alberto Vila, su hermano Juan Antonio Collazo, etc., actuando en Montevideo y en Buenos Aires en los mejores lugares de esparcimiento. En nuestra capital debutaron el 9 de octubre de 1926 en el Teatro de la Ópera y más tarde lo hicieron en el viejo San Martín, el Coliseo, el Onrubia, el Argentino, el Casino, el Politeama, el Astral y otros. Dirigió esa troupe desde el año 1943, al retirarse Fontaina, y la rotulada Oxford. Tuvo típica y con ella grabó en discos Odeon. Publicó en 1967 el libro Historias del bajo. Por ese año 23 compuso su primera música, el tango “Bolita”, y luego sucesos como “Pato”, creación de Rosita Quiroga que grabó Carlos Gardel en España; “Araca París” que con letra de Carlos Lenzi también grabó Gardel; “Mama yo quiero un novio” suceso mundial con letra de Fontaina y “Agua florida” que creara Alberto Vila con versos de Fernán Silva Valdés. Otros: “Venganza”, “Vieja loca”, “Adiós mi barrio”, “Saber vivir”, “Hombrecito”, “No quiero”, “Adiós”, “Picaflor”, “Montevideo”. Hablando de Gardel dijo: «En las actuaciones de Carlitos en Montevideo, le oí cantar “Pato” en el Teatro Solís, agradeciéndole personalmente esa deferencia. «En la radiotelefonía cantó únicamente por Radio Carve, no actuando en ninguna otra emisora montevideana. No se pudo conseguir la cantidad de $ 500,00 uruguayos que su representante pidió por una audición. Solamente Yerba Armiño dio $ 250,00, pero en una gentileza de Carlos y sin enojos, donó esa cantidad a su representante Perico Bernat y cantó gratis. «En la puerta de Radio Carve le quitaron de sus bolsillos, un lápiz, su pañuelo y otras menudencias. Cuando una muchacha quiso quitarle la bufanda pidió por favor que se lo dejara por ser un regalo de Irineo Leguisamo. También esa vez cantó en el Teatro 18 de Julio y su actuación fue apoteósica». Ramón Collazo nació en Montevideo el 25 de enero de 1901 y allí falleció el 16 de julio de 1981.

Tango Juan Carlos Patrón Uruguay

Tango:

Abogado a los 23 años, fue designado profesor agregado de práctica forense de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en 1936, asignatura para la que se le nombrara catedrático en 1949 y reelecto por cinco años más en 1954. En 1958 fue electo decano de la Facultad de Derecho, período 1955-59; elegido nuevamente por el de 1959-63 y designado otra vez del 63 al 67. Siempre en Montevideo. Es autor de los trabajos Bases para el Estudio de la Enseñanza Práctica del Derecho, La Enseñanza Práctica del Derecho en el Uruguay, Imagen, Sonido y Movimiento al Servicio de la Enseñanza y Apuntes de Práctica Forense, éste con el doctor Rodríguez Pezzi. Como autor teatral se inició en 1928 con la comedia Felicidad, premiada por la Sociedad de Autores del Uruguay. Después estrena Humanidad, Aventuras de los niños desobedientes, El pasajero, Cafetín del puerto, Compañera, Procesado 1040, su obra de más éxito estrenada en 1957 y llevada posteriormente al cine por Argentina Sono Film e interpretada por Narciso Ibáñez Menta. También dio las comedias Almendras amargas, en 1963 y La novia de Gardel, en 1965. Las escribió solo y en colaboración con Ángel Curotto, Edmundo Bianchi, César Gallardo, etc. Le pertenece asimismo el argumento de la primera película hablada uruguaya, Soltero soy feliz, escrito con Bianchi e interpretada por Alberto Vila y Ramón Collazo. A la canción popular también aportó su talento, desde 1926 que produjo el tango "Noche de Carnaval" con música de Carrasco y su éxito es "Murmuyos" que grabó Carlos Gardel y tiene música de Froilán Aguilar, hermano de José Aguilar. Otros son “Flores secas”, “Cuando florezca el jazmín”, “Payaso triste”, “Noches de Montevideo”, “El pájaro muerto” (en homenaje a Gardel) y varios más que cuentan con partituras musicales de Zuasti, Gavioli, Imperio, Calcavechia, Castellanos. Para esta recopilación dijo: «Fui amigo de Carlos Gardel. Lo conocí en el viejo y ya desaparecido Café Tupí Nambá, que quedaba frente al Teatro Solís, y era punto obligado de reunión de artistas, intelectuales, políticos, deportistas... en fin, de todo el Montevideo de la época. Me fue presentado por el inolvidable crítico teatral José Blixen Ramírez, allá por 1926, y desde entonces con Gardel hablé todas las veces que vino a Montevideo. Fue en 1930 que estrenó “Murmuyos”, grabándolo poco después». Patrón nació en Montevideo IUruguay) el 22 de enero de 1905 y allí falleció el 3 de febrero de 1979.

Tango Froilán Aguilar Uruguay

Tango:

En la calle Aurora N° 14, en el corazón de la barriada del Paso del Molino, en Montevideo, nació Froilán Aguilar. Hijo de Francisco Aguilar y Cecilia Porrás Soca y hermano de dos grandes intérpretes de la guitarra: José María Aguilar, solista y acompañante de famosos cantores de su generación —Carlos Gardel entre ellos— y Francisco, un malogrado intérprete prematuramente desaparecido. Froilán Aguilar también consagró su vida a la guitarra. Acompañante de cantores desde su adolescencia, consideraba que la trascendencia de sus actuaciones se producía a comienzos de 1924 cuando formó parte del quinteto criollo Los incógnitos, amplio triunfador en los carnavales y ante el micrófono de la Radio El Día. Sus compañeros eran Ítalo Goyeche, que interpretaba un tango cómico titulado “Es un bicho la mujer”, Carlos Bértola Rayera, Luis Viapiana y José María Aguilar. Los hermanos Aguilar se lucían interpretando en dúo de guitarras la maxixa “Borocotó”. Casi de inmediato Froilán Aguilar se radica en Buenos Aires. Allí, junto a su hermano da respaldo a las presentaciones del dúo formado por Rosita Quiroga y Rosita Del Carril en el Teatro Empire. Disuelto el dúo sigue prestando su colaboración a Rosita Quiroga, sola, en la Radio Cultura y posteriormente constituye un conjunto con Blanquita Ramos, excelente cancionista en el desaparecido Teatro Hippodrome junto a los hermanos Julio y Alfredo Navarrine. Brevemente, en 1926 forma parte del acompañamiento de Ignacio Corsini pero, extrañando su tierra retorna enseguida a Montevideo. Aquí perfecciona sus estudios con el maestro Calatayud y también toma lecciones de piano con Rogelio Mastrángelo. Como guitarrista inaugura casi todas las radioemisoras montevideanas. En 1930 integra el Trío Nacional de Guitarras, con Julio Pizzo y Alfonso Picera. Son ganadores de varios concursos. Froilán Aguilar y el Dr. Juan Carlos Patrón brindan entonces “Murmuyos” y “Caprichosa” como autores, al repertorio antológico de Carlos Gardel. La letra del fado “Caprichosa” fue un regalo del Dr. Patrón a Froilán Aguilar, motivo por el cual su nombre no figura en partituras ni en las etiquetas de los discos. El Trío Nacional de Guitarras forma parte del conjunto criollo Los Trovadores y luego, Froilán Aguilar y Diego Picera junto a dos duetos de cantores, las hermanas Carmen y Magdalena Méndez por una parte y Diego Picera y Narciso Medero por otro logran un rotundo éxito, alrededor de 1932, con repertorio exclusivo de Froilán Aguilar y Juan Carlos Patrón que crean, además un fado titulado “Allá en la sierra” exitosa pieza en el repertorio del dúo Gómez-Vila. En abril de 1934 los hermanos Aguilar actúan junto al cantor argentino Armando Sentous Barbé. Froilán crea el Conjunto Criollo Aguilar, con la cancionista Rufina T. Bárcena y los guitarristas Julio Fontela y Juan Ferro presentándose en Radio Uruguay CX26, donde se produce el estreno de la ranchera “Atropellá nomás” y el fox “El perfume de tus besos”. En 1935 en la antigua Fada Radio forma parte del conjunto nativista de la emisora con Fontela y Ferro y el acordeón a piano de Raúl Fossati. En espectáculos de El Circo Aéreo y La Hora Ideal, el recordado cantor nacional Roberto Bengoa canta por primera vez el tango de Froilán Aguilar “Jardín florido” junto a Aguilar, Fontela y Ferro. El 7 de agosto de 1936 se le tributa un homenaje con motivo de cumplir ocho años de actuación en radiotelefonía. Su inquietud artística lo impulsa a otras metas artísticas. En el año 1943 se presenta como concertista clásico de guitarra en el SODRE, emprendiendo una gira por el interior del país y el sur del Brasil. Por motivos personales debe alejarse de la actividad artística que retorna en 1947. Fue fundador de La Comedia Nacional. Realiza el fondo musical para la actuación de Alberto Candeau en la obra La espada desnuda de Juan León Bengoa y allí estrena su estilo “Lejanías”. Colabora en casi todas las obras nativas puestas en escena por el actor uruguayo Domingo Sapelli. En 1962 se luce ampliamente personificando un viejo payador en el escenario del Teatro Solís en la obra de Justino Zabala Muniz interpretada por la Comedia Nacional Fausto Garay, el caudillo, personaje que encarnara con gran señorío el actor Alberto Candeau. Froilán Aguilar se acompañaba en guitarra entonando un estilo creado por la Sra. María Julia Garayalde de Zabala Muniz y escrito por Julio Martínez Oyanguren. Se jubila luego pero mientras su salud se lo permitió enseñó guitarra y canto, con toda devoción y entusiasmo cuando vivía en una casa de altos de la Av. San Martín, en la esquina de ésta y la Av. Millán. Poco afecto a auto valorarse, sólo una linda amistad que tuvimos con él nos permitió enterarnos de que pudo ser uno de los guitarristas que llamó Carlos Gardel desde Nueva York en 1934. Una «interferencia», como nos decía, impidió su viaje. Aunque las partituras no lo consignen, colabora con su hermano José en el foxtrot “Manos brujas” y el tango “Al mundo le falta un tornillo”, entre otros. La publicación de esta última obra citada impide el registro de un tema similar perteneciente en forma exclusiva a Froilán Aguilar titulado “Se cambiaron los papeles”. De exterior adusto y serio, gozamos por años de su amistad y su confianza. Injustamente olvidado, con su lamentado deceso desapareció una de las primeras guitarras orientales.

martes, 8 de septiembre de 2015

Tango Elsa Morán Uruguay

Tango:

Es una de las voces más importantes y reconocidas que Uruguay ha dado al tango de la segunda mitad del siglo XX a la actualidad. Nació en José Pedro Varela, pequeño pueblo ubicado al norte del Departamento de Lavalleja. Tempranamente, se trasladó con su familia a la ciudad de Río Branco (Yaguarón), Departamento de Cerro Largo, en la frontera con el Brasil. Pero fue en Montevideo donde dio sus primeros pasos en el canto. Con doce años participó en el programa conducido por el payador Nicolás Fernández La hora gaucha, emitido por CX42. Luego como Rubí Castillo, conformó junto con su hermana Perla el dúo Las Hermanitas Castillo, en el que interpretaban canciones de corte criollo. Otra vertiente que la ha acompañado a lo largo de su carrera. En 1964 y por los siguientes tres años integró la orquesta de Donato Racciatti y es a partir de ese momento en que el director la bautiza con el nombre artístico de Elsa Morán. El sello Clave en 1976, publicó el disco Lo que quisiera tener. Allí grabó como Rubí Castillo con el acompañamiento de las guitarras de Mario Núñez. Dentro de un repertorio de viejas canciones criollas y de proyección folclórica, grabó entre varios temas: “Chúmbale los perros”, “Guitarra, guitarra mía”, “En blanco y negro” y “Quisiera escribirte”. En 1980 formó parte del espectáculo teatral Tango siempre. Autoría de Alba San Juan y dirigido por Raquel Azar en el teatro El Tinglado de Montevideo. En 1981, el sello fonográfico Sondor, edita el disco larga duración Esquina gris al sur. Aquí es acompañada por el trío de César Zagnoli, integrado por Hugo Díaz en bandoneón y Terrón en bajo. En algunos temas se agregaron cuerdas (tres violines y un chelo) orquestadas por Mario Orrico. Los temas que destacamos de este disco son: “Esquina gris al sur” y “Qué más querés de mí” de Alba San Juan, “Mi bandoneon y yo (Crecimos juntos)”, “Copa de ajenjo”, “Milonga en rojo”, “Condena” y “Juana de Ibarbourou” de Llaria y Cerviño. En 1982 realizó una gira por Japón siendo la primera cantante uruguaya en grabar tangos en japonés por fonética, estrenando “La cumparsita” el día en que se festejaban 65 años de su creación. La gira recorrió las ciudades de Tokio, Shimoda, Osaka y Kioto. Junto con el Trío Sur, integrado por Miguel Ángel Trillo en bandoneón, Roberto Dionigi en piano y Gustavo Palomeque en bajo, grabó el disco Juana Chancleta, editado por el sello Sondor en 1989. En esta cinta quedaron registrados, entre otros, los temas: “Vergüenza de vivir” y “Juana Chancleta” de Alba San Juan, “A un semejante” y “La pulpera de Santa Lucía”. Con la orquesta de Antonio Cerviño grabó en 1990 el disco Candombaile. Para esa grabación el director contó con los arreglos de Edelmiro D'Amario Toto, el piano de Rubén De Lapuente y el bajo de Néstor Casco, entre otros músicos. Los cantantes que integraron dicho trabajo discográfico fueron: Alberto Rivero, Nancy De Vita, Lina Pacheco, Nelson Lagos, Nelson Pino y Aldo Alfonso. Con el acompañamiento de Rubén De Lapuente en piano y dirección, Jorge Malvárez en bandoneón, Neldo Castro en contrabajo y Mario Núñez en guitarra, grabó en 1998 el CD Tango sin fronteras. Destacamos los siguientes temas de autores uruguayos: “Te extraña” de Ledo Urrutia, “Estamos iguales” de Blanco y Cerviño y “Nada digas” de Delor y Douglas. Con este acompañamiento actuó en el norte de Brasil. En 2004 vuelve a los estudios de grabación. Esta vez con el acompañamiento de las guitarras de Mario Núñez. En algunos temas se sumó la guitarra de Julio Cobelli y el piano de Julio Frade. Aquí retomó el repertorio criollo incorporando temas del canto popular uruguayo. Destacamos: “Los boliches” de Ignacio Suárez y Yamandú Palacios, “Milonga de pelo largo” de Gastón Ciarlo Dino, “Minas y abril” de S. Inzaurralde y Santiago Chalar. También grabó los tangos: “Moneda de cobre”, “Cosas olvidadas” y “Almagro”. El disco titulado Hojarasca fue editado por el sello Ayui. En el último CD editado hasta el momento (Qué más querés de mí, 2007, Ayuí), contó con el acompañamiento del trío Tango Por Tres. Músicos del Departamento de Maldonado: Julio César Delgado (bandoneón), Aurelio Alvira (piano) y Nélson Fernández (bajo). En esta placa vuelve a reversionar temas ya grabados: “Esquina gris al sur” y “Qué más querés de mí” y graba nuevos temas, entre otros: “Domingos en casa de abuela” de Carlos Soto y Cerviño y “Mi ciudad y mi gente”. Ha recibido numerosos reconocimientos a lo largo de su trayectoria entre los que podemos citar los otorgados por AGADU (Asociación General de Autores del Uruguay) y SUDEI (Sociedad Uruguaya de Intérpretes). 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Tango Manuel Aróztegui Uruguay

Tango:

Oriental (uruguayo) nacido en Montevideo el 4 de enero de 1888, fecha exacta proporcionada por su sobrino Bernardo, pianista, que manifestó además, exhibiendo documentos, que la ortografía del apellido es con “z” y no con “s”. En razón de que advertimos cierta generalizada confusión al respecto, entendemos haber aclarado el caso. Narran Héctor Bates y Luis Bates (en La Historia del Tango) referencias bibliográficas del compositor que tratamos, incluimos una síntesis de las mismas: «Contaba poco más de un año de edad cuando se radicó junto con su familia en Buenos Aires. Cursó estudios hasta tercer grado primario, pues confesó ser rabonero. Desempeñó muy variados oficios. «Su afición musical nació luego de oír a Pacho que, en esa época (1905), actuaba en un café sito en Thames y Guayanas (actual Niceto Vega). «Se dedicó en momentos libres al aprendizaje musical: guitarra, mandolín y violín. Finalmente optó por el piano, cuyas primeras lecciones le dictó un sombrerero de nombre Leopoldo, luego los prosiguió con Carlos Hernani Macchi . «En 1912, acompañabo por Paulino Facciona (violín) y Manuel Firpo (bandoneón), actuó en el Café El Maratón (en Canning y Costa Rica). Un descomunal tiroteo concluyó con sus presentaciones al cabo de seis meses. Parece ser que el bandoneón atraía parroquianos belicosos. «El Capuchino, especie de cine-bar fue el nuevo escenario, ambiente más bien pacífico; su actuación allí se prolongó tres años. Su primer tango —“El apache argentino”—, se oyó allí por vez primera vez en 1913.» Hemos constatado la existencia de un segundo tango, también titulado “El apache argentino” cuyo autor es Celestino Reynoso Basavilbaso. Continuamos esta semblanza con las referencias que tuvo a bien brindarnos el ya citado señor Bernardo Aróztegui. Nos exhibió la partitura manuscrita original del tango “El Cachafaz”, fechada el 16 de octubre de 1913. Comprobamos que la misma se halla dedicada al actor Florencio Parravicini. Los autores Héctor y Luis Bates consignan lo siguiente al respecto: «... en el año 1913, época en que también apareció otro tango de Aróstegui (sic), “El Cachafaz”, dedicado al famoso bailarín Benito Bianquet, más conocido por el apodo que le sirvió a Manuel para bautizar su tango.» Volvamos al relato. Manuel Aróztegui era frecuentemente invitado a participar en reuniones familiares; allí brindaba verdaderos conciertos de piano con gran deleite de los concurrentes. Aquellas salas cinematográficas de la época del cine mudo, le contaron entre los pianistas que ilustraban las palpitantes secuencias de los films proyectados. Un músico amigo, Emilio Lozzia, le dedicó el tango “Manunguito”, con tal seudónimo le designaron afectuosamente los íntimos. En determinadas ocasiones dictó lecciones musicales a discípulos de ambos sexos. Aróztegui realizó la escritura musical del famoso vals “El aeroplano”, inolvidable composición de Pedro Datta. Su obra última, en colaboración con el poeta Luis Rubistein, se titula “Vengan muchachos”, escrito en el año 1934 y grabado por la orquesta de Julio De Caro. Algo alejado del quehacer musical, Aróztegui dedicóse posteriormente a la decoración de juguetes que luego correteaba. En 1936, un ataque de arteriosclerosis le paralizó el brazo y pierna derechos; disminuida su capacidad de movimientos marchaba con el auxilio de un bastón. Falleció de resultas de un síncope cardíaco en su domicilio del barrio La Paternal (Biarritz 1812). Se han mencionado de su producción escrita tres títulos, a ellos debemos agregar los que siguen: tangos: “Paraná”, “Hasta la hacienda baguala”, “Don Daniel”, “En la rambla”, “La gigolette”, “Champagne tango”, “El granuja”, “El jai-leife”, y “Más o menos”; valses: “El apache argentino” (homónimo al tango) y “Confidencia”, inédito y dedicado a su señora Agustina; polcas: “La regalona” y “Amalia”; two step para piano: “Bon soir”; y la cifra criolla “A mi china”. 

sábado, 22 de agosto de 2015

Tango Claudio y Mireya Uruguay

Tango:

En el año 1999 Claudio y Mireya se conocieron bailando Tango en Montevideo, Uruguay. Ambos cursaron estudios de Danza Clasica desde temparana edad, ese mismo año tomaron clases con el Maestro Juan Olavarria en la Cuidad de Buenos Aires, junto al Maestro Carlos Copello y con el exelenticimo Maestro Rodolfo Dinzel. En el año 2002, formaron parte del programa "Todo es Baile" de la television chilena en Canal13. Realizaron pasadas de baile por Caminito, del barrio de La Boca, y el casa de Tangos como Barberia, Gitanos y La Casa de Anibal Troilo, Etc. En la ciudad de Buenos Aires fueron profesores de baile de Tango y han impartido clases en escuelas como La Casa de la Cultura de Tucuman en Buenos Aires. En Estudio Dinzel, donde daban clases para todos los niveles. Tambien en La Escuela de Baile Goyos Body Gym. En 2008 emigraron a Barcelona, en busca de nuevos retos y comenzaron a bailar por El Club de Baile Deportivo Rosemeri.En la Discoteca Sunset, en Maremagnum, ralizaban Milongas y daban tambien clases. Han realizado Exibiciones en las localidades de Girona, Lloret de Mar, Lacosta Brava, Badalona, Etc. Actuaron en el Restaurante San Telmo, en Barcelona, presentando una exibicion para el Paris Dakar, Argentina-Chile. Claudio y Mireya llevan bailando juntos 10 años, con una trayectoria impecable. En la actualidad, estan dando clases en la Escuela El Horno y la Escuela Nacho's, de Madrid. Se encuentran actuando por todos los restaurantes y salas de bailes de Madrid con su show"SoloTANGO" repasando los grande clasitos del genero como, La Tablada, Gallo Ciego, La Yumba, Tanguango, Queja de Bandoneon y La Cumparcita. 

lunes, 10 de agosto de 2015

Tango Francisco Canaro Uruguay

Tango:

Francisco Canaro nació en Uruguay en 1888 y fue reconocido con el nombre de Pirincho. De niño, se radicó en Argentina. En 1906 comenzó a tocar el violín en un trío que hacía Tango. Debutó en el Café Royal de la Boca en 1908. Sin formación académica, era un talentoso autodidacta. En 1910 tuvo la oportunidad de en la orquesta de Vicente Greco. Tocaron en bares y salones de baile durante 6 años hasta 1916. en ese entonces, Canaro fundó su propia agrupación, con gran éxito local. En 1922 grabó su primer disco. En 1925 comenzó una gira por el mundo, visitando países como España, Francia (en Dancing Florida) y Estados Unidos. En 1932 regresó a Buenos Aires, comenzó su etapa de director y compositor. Comenzó a escribir partituras para comedias musicales. Posteriormente, se estrenó “La muchachada del centro” en el teatro El Nacional. Años después, el vínculo con el teatro vio los estrenos de “La historia del tango” en 1941, “Sentimiento gaucho” en 1942 y “Dos corazones” en 1944. La seguidilla de éxitos continuó con “El tango en París” y otras obras posteriores. Sus tangos más destacados son Se dice de mí, Madreselva, Sentimiento gaucho y Envidia. Actuó en diversos países de Sudamérica, como Brasil, Uruguay y Chile. En la década de 1960 realizó una gira por Japón. En su trayectoria, se registra que grabó 7.000 discos de tangueros. Francisco Canaro falleció en 1964 en la ciudad de Buenos Aires. 

jueves, 9 de julio de 2015

Tango Enrique Pollet Uruguay

Tango:

Formó parte de la nómina de bandoneonistas pioneros, inspirados en el camino trazado por Pedro Maffia, que dejaba atrás la etapa del primitivismo de la llamada Guardia Vieja. Intérprete intuitivo que penetró los difíciles secretos del instrumento, de oído, sin maestro pero con ejemplar dedicación. Nació en Barracas y recordaba su tempranero debut profesional en el Café La Nación (Maipú entre Corrientes y Sarmiento), en una orquesta mixta dirigida por Adelita Florio; transcurría el año 1916. De allí, pasó a realizar distintas giras por la provincia, junto a Rafael Iriarte y Antonio Buglione, revistando posteriormente en la orquesta del violinista Agesilao Ferrazzano, que se lucía en los bailes. En 1920 se incorpora a la orquesta de José Martínez, formada por él y Juan Arcuri (bandoneones), Antonio Buglione y Emilio Ferrer (violines) y José Martínez (piano). Trabajaban en la glorieta de Avenida San Martín y Gaona. El conjunto amenizó los bailes del carnaval de 1921, en el Teatro Liceo, y luego se incorpora al elenco de la Compañía Vittone-Pomar, cuando en el Teatro Politeama primero y, luego, en el Avenida representaban el sainete de Manuel Romero El Gran Premio Nacional (julio de 1922). Allí se produce el estreno del tango de José Martínez y Manuel Romero, “Polvorín”, cantado por el uruguayo José Muñiz. El tema era un caballo de carreras. El pianista y director José Martínez encabezaba un quinteto, con el cual viajaron a Montevideo presentándose en el Teatro Urquiza. Un amigo, Fernando Ercolano, apasionado del teatro, memorizaba que al cantarse “Polvorín” irrumpía un caballo en la platea. Se aleja momentáneamente de Martínez y se va a Montevideo para actuar en la temporada de verano en el Hotel del Prado formando parte de la orquesta de Carlos Warren (1921/22). Al retornar a Buenos Aires se reincorporó al conjunto de José Martínez cuando se reprisaba en el Avenida El Gran Premio Nacional. En abril de 1923, pasan al Teatro Smart, con la compañía Arata-Simari-Franco. Se representaba la obra El Rey del Cabaret, título del tango que allí cantaba otro intérprete uruguayo: Juan Ferrari. Retirado de Martínez, sigue actuando en teatros. Ahora en el elenco Morganti-Gutiérrez en el Teatro Maipú, encabezando un trío, con el pianista Raimundo Petillo y el violín de Bernardo Germino. La obra se llamaba En los bajos fondos de París, acompañando a Manolita Poli que estrenó allí el famoso tango “Buenos Aires”. Este detalle, aportado por Pollet, desmiente que había sido Carlos Morganti el intérprete. Complementa sus actuaciones de 1923 en las filas del pianista Roberto Goyheneche y con esa formación fue protagonista de las primeras audiciones de Radio Cultura. A fines de 1923, Goyheneche disuelve la orquesta. Nace entonces el conjunto Laurenz-Pollet, que debuta en la glorieta de San Martín y Gaona, con César Bertolotto (piano) y José Di Clemente y Emilio Marchiano (violines), pasando luego a desempeñarse en los cafés Cervantes y El Parque. Allí concurrió Julio De Caro en busca de un bandoneonista para reemplazar a Luis Petrucelli. Concretamente quería a Pollet, pero éste no aceptó proponiéndole a su compañero Pedro Laurenz. César Diodatti reemplaza a Laurenz y Luis Visca a Bertolotto. En el verano de 1925, la orquesta encabezada por Enrique Pollet actúa en el Café A.B.C., de Canning y Rivera, con un solo bandoneón, Osvaldo Pugliese (piano), Emilio Marciano y Francisco Perrone (violines). Luego, un nuevo conjunto para actuar en el Café El Parque: Enrique Pollet y Armando Blasco (bandoneones). Osvaldo Pugilese (piano), Fernando Franco y José Di Clemente (violines). En esa temporada se dieron a conocer los tangos “Farolito de mi barrio” y “Noche de amor”, de Fernando Franco. Acude por entonces nuevamente Julio De Caro a interesar a Enrique Pollet para integrar su ya famoso sexteto y la historia vuelve a repetirse. Es Armando Blasco el elegido, ya que Pollet que igualmente colaboraba en algunas grabaciones con Julio De Caro decidió tomar otros rumbos, pasando a formar parte de la orquesta de José Servidio en el Dancing Chantecler. Forma en 1927 una nueva orquesta para el Cine Paramount, de la calle Lavalle. Al terminar la temporada disuelve el conjunto. Tocaba bandoneón solista en la varieté de un salón de té, en Av. de Mayo y Perú. Nueva orquesta Pollet con actuación en Buenos Aires en un tradicional bastión del tango: el Café La Fratinola, de Patricios y Martín García: Enrique Pollet (bandoneón), Luis Brighenti (piano), Alberto Pugliese y Hermes Peressini (violines). Al año siguiente, 1928, integra un trío con Luis Brighenti y Fausto Frontera en la Radio El Abuelito. Durante más de diez años a partir de entonces, organiza orquestas para bailes sociales, en un período forma parte de la orquesta estable de Radio Prieto, colabora con Julio De Caro en todas las orquestas numerosas formadas expresamente para presentaciones en los teatros en bailes de carnaval. En 1932, es primer bandoneón en el espectáculo La historia del tango presentada por Enrique Santos Discépolo en la Rural de Palermo y en el Teatro 18 de Julio, de Montevideo. Protagonista de todas las temporadas de verano en los salones de baile del Club Pueyrredón de Mar del Plata, hasta a que, en 1939 resuelve radicarse en Montevideo. Su debut se produjo en el Tabarís, formando parte de la Orquesta Cachito, pasando luego al Parque Hotel, Teatro Artigas y Yacht Club. Su estelar formación era la siguiente: Romeo Cernuschi (Cachito) piano, Enrique Pollet y Walter Ventrella (bandoneones), Mario Orrico y .Julio Carrasco (violines), Arturo Morassi (contrabajo) y Carlos Burgos (cantor). Se incorpora posteriormente al conjunto del pianista Juan Cao. Con Ventrella en yunta —igual que con Cachito—, Orrico y Dullman en violines, Manuel Orellana (contrabajo) y el cantor Walter Caravadossi. Hicieron las temporadas 1940/41 y 42 en los Hoteles Municipales y durante todo el año 1941 actuaron en el Capitol de la calle Piedras. Poco después, Enrique Pollet aporta su arte bandoneonístico a la orquesta folclórica dirigida por el maestro José Yanelli durante tres años. Este conjunto se lucía ampliamente en horarios centrales de la emisora CX14 El Espectador. El epílogo de su vida artística fue su larga permanencia en la orquesta de Rogelio Coll (Garabito) en un repertorio y un estilo alejado de su sentimiento personal, desempeñando sin embargo su labor con el cumplimiento y la personalidad que siempre fueron atributo de su fecunda vida artística. Enrique Pollet también dirigió una orquesta típica desde su bandoneón con destacada actuación en un pequeño local, la Confitería Mayo, al lado del desaparecido Teatro 18 de Julio, preciosa información que debemos a nuestro amigo Aníbal Oberlín, cantor de la misma. Algunos de los músicos del conjunto eran el pianista José Yanelli y los violinistas Silayi, Bernstein y Spíndola. Pollet se desempeñaba como único bandoneón. A comienzos de la década del 70 volvió a radicarse en Buenos Aires, en su barrio de Barracas donde su vida se truncó en un absurdo accidente casero, el 23 de junio de 1975. Tuvimos el privilegio de tratarlo y que nos contara su historia artística en un salón de AUDEM, en diciembre de 1969. Digamos finalmente que no le interesó mayormente la composición. Su obra más representativa sin duda fue “Farolito de mi barrio”, sin olvidar “De mi laya” un hermoso tango que figurara en el repertorio de la orquesta Petrucelli. De esta manera hemos recordado un protagonista importante del tango. Originalmente publicado en el libro Ochenta Notas de Tango. Perfiles Biográficos, Ediciones de La Plaza, Montevideo 1998. Auspiciado por la Academia de Tango del Uruguay. 

Tango Luis Díaz Uruguay

Tango:

Una vida artística rica en matices y un distinguido aporte al tango. No le fue ajeno el terreno de la lírica al amparo de su estudio, el color de su voz y su perfecta afinación. Nació en Paysandú, Uruguay, de padres españoles y casi enseguida su familia se radica en Buenos Aires, donde siempre vivió. La publicación argentina Correo Musical Sud-Americano, en su edición del 18 de julio de 1917, destaca que su profesor de solfeo fue el maestro Juan Gutiérrez. Cuando Ildefonso De Goya lo escuchó cantar, lo catalogó como tenor dramático y lo convirtió en su alumno. Luego integra una compañía lírica, contratada para estrenar el Teatro Progreso de su ciudad natal, con la ópera “Carmen” de Bizet. En los albores de la radiotelefonía argentina se desempeña con gran prestancia como speaker, como llamaban entonces a los locutores, comenzando por Radio Cultura. Luego pasa por las emisoras más importantes matizando su labor con el canto. También llegó a cantar en los coros del teatro Colón. El tango “Angustia”, de Horacio Pettorossi señala el primer testimonio sonoro que lo vincula con el género, cuando el 10 de enero de 1927 canta en un disco algunas estrofas con la orquesta de Francisco Canaro. Actuó con la orquesta Donato-Zerrillo en su debut en el Cine Select Lavalle y con Julio De Caro en las agrupaciones gigantes para los bailes de carnaval de 1929 y 1930. En 1929, es primera figura en la empresa discográfica Brunswick, recientemente inaugurada, entre una selecta nómina de artistas contratados. Su labor en ella fue múltiple, formó dúos, cantó estribillos con todas las orquestas típicas del sello y con la jazz de Sam Liberman. Siguió vinculado a Brunswick hasta su cierre. En esta etapa grabó con las orquestas de: Donato-Zerrillo, Edgardo Donato, Julio De Caro, Pedro Maffia, Ricardo Luis Brignolo, Orquesta Típica Brunswick y Osvaldo Fresedo. También lo hizo con Roberto Firpo (para Odeon), la de Adolfo Carabelli, la Típica Víctor y la Típica Los Provincianos (para Victor). En marzo de 1931, viaja a Europa contratado por el maestro Julio De Caro. Participa en una gira por distintos países, primordialmente Francia e Italia, retornando a Buenos Aires al promediar el año. En 1932, cumple una etapa como cantante lírico en la obra “Madame Lynch”, de Enrique Sussini, con argumento de Enrique García Velloso y el crítico Agustín Remón. Esta obra fue representada en el Teatro Odeón de Buenos Aires. Al año siguiente, participa en la película Los Tres Berretines y canta el tango “Araca la cana”, acompañado por José María Rizzuti, Aníbal Troilo y Vicente Tagliacozzo. Entusiasmado por el cine, en 1934 propicia la película Galería de Esperanzas, encomendándole su texto a Enrique Cadícamo. Interviene en ese aspecto posteriormente Carlos De la Púa, provocando el disgusto de Cadícamo que vio parcialmente desvirtuada su idea original, intentando retirarse, de lo cual fue disuadido. En la obra canta el vals “Ríe” y los tangos “Pebeta goalkeaper” y “Luces de París”, todas con música de Cátulo Castillo y versos de Enrique Cadícamo. Luego actúa en Poncho Blanco (1936) junto a Luisa Vehil, Benita Puertolas y dirigda por Cadícamo. Enseguida produce Virgencita de Pompeya, con Nelly Quell, Enrique Maroni y Silvio Spaventa. Película estrenada en Montevideo el 13 de octubre de 1936. Matizaba el cine cantando por radio como solista. En 1935 en LR5 Radio Excelsior, en 1936 en una radio de efímera vida: LS3 Radio Ultra, con la orquesta típica de Eugenio Nóbile. En diciembre de 1936 lo contrata Radio Splendid. En mayo de 1937, en oportunidad de representarse en el Teatro Argentino la obra Se Acabó lo Que se Daba, de Allende Iragorri, con dirección de Atilio Supparo, participa del elenco, acompañado por Margarita Sola y Roberto Páez. Finalizado este compromiso se desempeña como actor y cantor en Radio Porteña, en la obra de Héctor Pedro Blomberg y Carlos Viale Paz, Los Caminos de la Historia. En noviembre de 1937, canta en Radio Belgrano y enseguida viaja a Montevideo debutando en Radio Carve, con acompañamiento de guitarras. Al regresar a Buenos Aires se incorpora a la gran orquesta de Julio De Caro, registrando lucidísimas actuaciones en Radio El Mundo. En junio de 1938 viajan a Montevideo ofreciendo una única función en el Parque Hotel, junto a la Alabama Jazz de Eddie Kay. La orquesta de Julio De Caro, con Luis Díaz, repetirá su visita a en febrero de 1939, presentándose en el Club Atlético Defensor Sporting. El 17 de marzo de 1939, graba los últimos temas con maestro: el vals “Era mi vida” y el tango “Coraje”, para luego abandonar para siempre el canto y toda actividad artística, en la plenitud de sus condiciones. Fue un buen letrista, los tangos “Tierra querida” y “Cote d'Azur”, el vals “Ilusión de pierrot” y la ranchera “Quedan tuitos invitaos”, todos con música de Julio De Caro; el tango “Yo quiero casarme” y la ranchera “Ya se ha marcao la hacienda”, con Edgardo Donato; los tangos “Narciso negro”, con Pascual Martínez y “El barrio murmura”, con Álvaro Sanjurjo Varela. Como queda en evidencia, Luis Díaz fue un artista completo que el público tanguero debe ubicar entre las voces importantes y trascendentes al haber alternado además con figuras antológicas, que no le impidieron brillar con luz propia. 

Tango Héctor Gentile Uruguay

Tango:

Nació en el barrio Cordón, en Montevideo. Sin ninguna duda, es una de las más importantes figuras del tango en el Uruguay. Enamorado de esa música y del bandoneón desde niño, sólo asimiló seis meses de estudios que, sin embargo, le permitieron ir descubriendo los secretos de ese instrumento tan difícil. Adolescente, formó en un trío encabezado por Juan Baüer (Firpito), complementado por el violinista argentino Federico Lafémina. Luego, formando pareja con Juan Granese, integra la orquesta del violinista Roque Pietrafesa, con Juan B. D'Angelo (piano) y Rochetti (batería). De allí pasa a la orquesta del Café Avenida, con Luis Rolero (piano); Joaquín Barreiro (batería); Arturo Bettoni y Rochetti (violines); Luis D'Andrea y Ratinho (metales) y sus compañeros de fila Héctor Artola y José María Mendizábal. Este conjunto fue una especie de prólogo a la formación de la famosa orquesta de Donato-Zerrillo, de exitosas actuaciones que despertaron el interés del empresario del Select Lavalle de Buenos Aires, Sr. Álvarez, que lo contrató a fines de 1927, viajando todos a Buenos Aires. Edgardo Donato, Roberto Zerrillo y Antonio Piovani (violines); Héctor Gentile, Juan Turturiello y Juan Spera (bandoneones); Osvaldo Donato (piano); Ascanio Donato (cello) y José Campesi (contrabajo). Gentile siguió en la orquesta durante un año, retomando luego a Montevideo. Lo encontramos en la temporada 1929 del Hotel Carrasco cuando Alberto Alonso y Juan Baüer compartían la dirección de las tres orquestas que actuaban allí. Posteriormente, bajo la batuta exclusiva de Alberto Alonso se presenta en los bailes del Teatro Urquiza y en el Cabaret La Bombonière, de la calle Convención. En 1930, sin ensayos previos, viajan a Buenos Aires varios músicos uruguayos para grabar en Odeon, el conjunto tomó el nombre de Ramón Collazo. Dejaron para la historia seis temas y estaba integrado por: Ramón Collazo (piano), Raúl Bordoni y Alcides Ayala (violines), Héctor Gentile y Juan Spera (bandoneones), Héctor Liacci (cello) y Guillermo Peña (cantor). Al año siguiente, Gentile resuelve formar una orquesta con la que debutó en los Hoteles Municipales. Enseguida, por mediación de un amigo, logra un contrato con el Sr. San Román para presentarse en el nuevo Café Tupí Nambá, de la Avenida 18 de Julio, entre Río Branco y Julio Herrera y Obes. Tocaban en tres turnos con gran suceso. A raíz del mismo, Visconti Romano los interesó para actuar en el Royal. La orquesta estaba formada por: Lalo Etchegoncelay (piano); Emilio Pellejero y Nicolás Agapios (violines); Gentile e Isidro Pellejero (bandoneones) y Pedro Terrón (bajo). A las dos semanas de actuación Romeo Gavioli sustituía a Nicolás Agapios. Llegamos a 1932, forma un nuevo elenco y emprende viaje a Brasil. Primero se presentaron en el Cabaret Asirio, pasando luego al Copacabana. Creemos que es de estricta justicia seguir brindando las alineaciones, para destacar buenos músicos montevideanos. En principios, los actuantes en Río de Janeiro fueron: Víctor Terrón (piano), Juan José Pereyra y Víctor Puglia (violines), Gentile e Isidro Pellejero (bandoneones), Pedro Terrón (bajo). La empresa grabadora Victor de Brasil los contrata y allí quedan, para la mejor historia, varios discos de un excelente conjunto al mejor estilo decariano. Lely Morel grabó los primeros estribillos, sustituida luego por la famosa Malena de Toledo. Poco antes de regresar al Uruguay, retomaron el pianista Terrón y el violinista Puglia, relevados en forma urgente con el viaje desde Buenos Aires de dos excelentes profesionales: Armando Federico y José De Caro. La revista Cancionera anuncia el regreso a Montevideo en su edición del 23 de agosto de 1933 y la orquesta se presenta casi enseguida en Radio Carve. Existe un testimonio gráfico muy importante en el que se aprecia a varios de sus integrantes en la famosa foto de la actuación de Carlos Gardel. Gentile y Terrón —éste sentado— lucen entre una dama y el magno cantor. En septiembre de 1934, nuevamente se presenta la orquesta Gentile en Buenos Aires, en el Cine París y luego, en el teatro, en oportunidad de representarse la obra Ya tiene comisario el pueblo, por mediación de Claudio Martínez Payva. Obtenía un gran suceso Romeo Gavioli, en imitaciones de famosos cantantes del momento. Obligado Gavioli a regresar por motivos familiares, Gentile disuelve el conjunto y, junto con Terrón se incorpora a la orquesta de Pedro Laurenz. Actuaban en el famoso Café Los 36 billares con esta formidable integración: Armando Federico (piano), Pedro Laurenz, Armando Blasco y Héctor Gentile (bandoneones), Alfredo Gobbi, Samy Friedhental y Francisco Oréfice (violines), Pedro Terrón (contrabajo). Al promediar 1936, un músico polaco interesó a Gentile y Terrón para actuaciones en Europa. En principio no lo tomaron muy en serio, pero cerca de fin del año recibieron los pasajes y en diciembre, con los argentinos José Cacopardo (violinista) y Antonio Langelotti (bandoneón) embarcaron con destino a Oslo, Noruega, donde debutaron bajo la batuta de aquel músico polaco, que se llamaba Bernardo Alemany y se desempeñaba como violinista. Grabaron discos en París y al alejarse del conjunto, Gentile se incorporó a las filas de la orquesta de Eduardo Bianco. Lo que sigue es innecesario detallar, porque habría que señalar una cantidad de lugares del mundo —hasta la China llegó– siempre triunfando con su bandoneón. Lo sorprende la segunda guerra mundial en Luxemburgo, donde contrae enlace. Al término del conflicto bélico vuelve a recorrer Europa con el conjunto de Rafael Canaro y luego, se instala en Alemania con Fioravanti Di Cicco. En 1949, regresa a Montevideo y forma orquesta registrando actuaciones en CX14 Radio El Espectador, con muy buen suceso, al amparo de arreglos cargo de Héctor Stamponi, Argentino Galván e Ismael Spitalnik. La formación: Walter Beretervide (piano), Gentile, Isidro Pellejero y Armando Blasco (bandoneones), Ramón Panedas y Alfonso Escamés (violines), Néstor Casco (contrabajo) y Tito Etcheverry (cantor). No fue un destacado compositor, pero existe un gran tango suyo, que grabara con la orquesta del Copacabana y bautizara Malena de Toledo “¿Me querés?”, cuando ambos vivían un fugaz romance. La letra nunca se escribió. También: “No la traigas” (con letra de Reinaldo Yiso), “Budinazo” y “El calaverón” (con letra de Dante Gilardoni), “Si nos queremos todavía” y “Mi colegiala” (vals) (con Ángel Di Rosa) y el vals “Como la margarita” (con José Rótulo).