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jueves, 2 de febrero de 2017

Tango Julio Sosa Uruguay

Tango:

Sin lugar a dudas, Julio Sosa fue el último cantor de tango que convocó multitudes. Y en ello, poco importó que casi la mitad de su repertorio fuera idéntico al de Carlos Gardel, aunque también es cierto que interpretó algunos títulos contemporáneos. Como dice el investigador Maximiliano Palombo, «fue una de las voces más importantes que tuvo el tango en la segunda mitad de los años cincuenta y principios de los sesenta, época en que la música porteña pasaba por un momento no demasiado feliz». Posteriormente, dada su temprana muerte, se intentó repetir con él el mito Gardel, pero Sosa no era Gardel la extroversión y la carencia de ternura de su voz lo alejaban del paradigma del cantor de tangos. Por otra parte, al perderse su imagen, desaparecieron sus condiciones actorales, tan unidas al sentido de lo que cantaba. De todas maneras, quedó su recuerdo, sobre todo en la generación que lo vio surgir y en las posteriores, como una de las más reconocibles e insoslayables figuras de la historia del tango. Con el nombre de Julio María Sosa Venturini, nació en la localidad de Las Piedras, departamento de Canelones, Uruguay, el 2 de febrero de 1926, en el matrimonio formado por Luciano Sosa, peón rural, y Ana María Venturini, lavandera. Apenas terminados los estudios primarios, la pobreza lo llevó a enfrentar la vida con cualquier conchabo que se le presentara. De ese modo, ejerció las más diversas ocupaciones: ayudante de mercachifle, vendedor ambulante de bizcochos, podador municipal de árboles, lavador de vagones, repartidor de farmacia, marinero de segunda en la aviación naval... Pero sus ambiciones eran otras. Y tras esas ambiciones, intervenía en cuanto concurso de cantores se le pusiera a tiro. También apareció el amor, que lo condujo al altar con sólo dieciséis años; dos más tarde, se separó de aquella muchacha, llamada Aída Acosta. Por entonces, se inició profesionalmente en la ciudad de La Paz (Uruguay) como vocalista de la orquesta de Carlos Gilardoni. Se trasladó luego a Montevideo, para cantar con las de Hugo Di Carlo, Epifanio Chaín, Edelmiro D'Amario —Toto— y Luis Caruso. Con esta última, llegó al disco, donde dejó cinco interpretaciones para el sello Sondor en 1948. En junio del año siguiente, ya estaba en Buenos Aires cantando en cafés, como el Los Andes, de la esquina de Jorge Newbery y Córdoba. También «realizó una prueba —señala Palombo— en la orquesta típica de Joaquín Do Reyes, pero el director consideró que la voz de Sosa era un tanto dura para el estilo interpretativo de su agrupación». En agosto, lo descubrió el letrista Raúl Hormaza, que no demoró en acercarlo a Enrique Francini y Armando Pontier, que andaban con ganas de sumar un nuevo cantor al que ya tenían en su típica, Alberto Podestá. De ganar veinte pesos por noche en el café, pasó a los mil doscientos mensuales con Francini-Pontier. En abril de 1953, pasó a la típica de Francisco Rotundo, con la que grabó en Odeón y de cuyas placas se recuerdan aún verdaderas creaciones como las de “Justo el treinta y uno”, “Bien bohemio” y “Mala suerte”. En junio de 1955 ingresó en la de Armando Pontier y registró sus grabaciones en Victor y Columbia. “La gayola”, “Quién hubiera dicho”, “Padrino pelao”, “Martingala”, “Abuelito”, “Camouflage”, “Enfundá la mandolina”, “Tengo miedo”, “Cambalache”, “Brindis de sangre” o “No te apures Carablanca” fueron algunos de sus clásicos en esa etapa en que el éxito estaba ya completamente de su parte. En 1958, contrajo un nuevo matrimonio, con Nora Edith Ulfed, con la que tuvo una hija, Ana María. Ya separado, reincidió, con Susana Beba Merighi, su compañera hasta el fin de sus días. En 1960 reveló su otro aspecto artístico, el de poeta, con la publicación de un único libro, Dos horas antes del alba. También incursionó en la letra tanguera con una muestra Seis años, que lleva música de Edelmiro D'Amario. A comienzos de 1960, se desvinculó de Pontier decidido a iniciar su etapa de solista. Convocó, entonces, al bandoneonista Leopoldo Federico para que organizara su orquesta acompañante. Con ella comenzó a grabar para el mismo sello en que lo hacía con Pontier, Columbia, en 1961, cuando ya estaba firmemente emplazado en el gusto popular. El periodista Ricardo Gaspari, titular del departamento de prensa y promoción de la grabadora, lo bautizó El Varón del Tango y de igual modo tituló a su primer larga duración. Todo parecía marchar viento en popa. Sólo había un inconveniente, enfrentarse al poderoso auge de la denominada Nueva Ola, el show business de turno, con el que se venían cercenando nuestras raíces culturales en la juventud de la época. Pese al riesgo que ello parecía representar, Sosa logró una venta de discos impensable para un intérprete tanguero de aquellos días y tan abultada como la de cualquier cantante «nuevaolero». Ese enfrentamiento con la Nueva Ola se representó a la perfección en la escena que protagonizó para la película Buenas noches, Buenos Aires (1964), en la que entonó y bailó con Beba Bidart “El firulete”, ante unos jóvenes «twisteros» que terminaban por pasarse a los cortes y quebradas. La realidad no estaba lejos; Sosa logró que una juventud desorientada volviera a la música que le pertenecía. Es por ello que quienes eran jóvenes entonces han olvidado las tonterías de las letras «nuevaoleras» y siguen escuchando al cantor de Las Piedras. Al margen del tango y la poesía, Sosa tuvo otra pasión los automóviles. Fue propietario de un Isetta, un De Carlo 700 y un DKW modelo Fissore; con los tres terminó por chocar, debido a su gusto desmedido por la velocidad. El tercero resultó fatal. Durante la madrugada del 25 de noviembre de 1964, se llevó por delante una baliza luminosa en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla (Buenos Aires). Fue internado en el Hospital Fernández y luego trasladado al Anchorena, en el que dejó de existir el día 26 a las 9:30 horas. Sus restos comenzaron a ser velados en el Salón La Argentina y el exceso de público obligó a continuar el velatorio en el Luna Park (legendario estadio de box con capacidad para 25.000 personar). El 24 había cantado por radio su último tango, “La gayola”. El final parecía profético «pa' que no me falten flores cuando esté dentro 'el cajón». Publicado originalmente en el fascículo 39 de la colección Tango Nuestro editada por Diario Popular.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Tango Horacio Sanguinetti Argentina


Tango:

Muchas razones son coincidentes para considerar a Horacio Sanguinetti como una de las plumas que ayudaron a prestigiar la literatura del tango, especialmente en el tramo, justificadamente famoso, que ha quedado clavado en la historia del género como La Década del Cuarenta. A esa calificada e inolvidable hornada de músicos, compositores, autores e intérpretes, perteneció Horacio Sanguinetti. Por sensibilidad, por temperamento y por militancia generacional, trascendiendo cómodamente en ella a través de una fecunda producción —rica y notoria—, que si bien tiene algunos altibajos, está considerada y consagrada en su mayoría, por títulos que se han impuesto holgadamente al olvido. Del nivel e importancia tanguística de esta labor creativa es prueba contundente el hecho de que, a lo largo de toda la década, no hubo orquesta importante que no grabara alguna de sus obras. Todas, desde Aníbal Troilo a Juan D'Arienzo, desde Carlos Di Sarli a Ángel D'Agostino, desde Miguel Caló a Alfredo De Angelis, desde Osvaldo Pugliese a Rodolfo Biagi, pasando por Osmar Maderna, Julio De Caro, Lucio Demare, Antonio Rodio, en fin todas, incluyeron en sus repertorios los títulos más resonantes de este autor. Y tales fueron sus impactos, que muchas de esas composiciones llegaron al disco en forma simultánea, interpretadas por dos o más conjuntos. Volcó su inspiración en la canción popular por conducto de un lenguaje siempre pulcro y cuidado, en el cual, junto a no pocos giros auténticamente poéticos, hizo prevalecer su gran destreza de letrista. Es decir que conjugó, el arte con la artesanía. Y abordó generalmente, el gran tema del tango: el del amor, que trató con romántico vuelo en muchas situaciones diferentes. Es de hacer notar que en su copiosa producción hay otros temas recurrentes. El del mar, por ejemplo, sería uno: “Tristeza marina”, “El barco María”, “Con ella en el mar”, “Novia del mar”, etc. Además el tema de París, volvió a repetirse en muchos de sus tangos: “Viviane de París”, “Bohardilla”, “Ivón”, “Flor de lis”, “Arlette”, “La canción de mi tristeza”, etc. E introdujo en el tango el motivo oriental: “Gitana rusa”, “Oriente”, “En el Volga yo te espero”, etc. El clima afro-tamborilero fue tratado reiteradamente por Sanguinetti: “Alhucema”, “Liula la misteriosa”, “María Morena”, “El barrio del tambor”, “Macumba”, “Corazón de tambor”. Los que sí estuvieron ajenos en lo primordial de su producción fueron los temas camperos y el lunfardo. Como ya dejamos señalado, su sostenido aluvión creativo dejó numerosos títulos que fueron sucesos en el momento de su aparición y que aún siguen vigentes en la difusión, lo que los ha hecho acceder al conocimiento, al gusto y a la aprobación de nuevas generaciones de tangueros. No obstante, y ya en el terreno de tomar partido por algunas de sus obras, donde se define mejor su estilo, su técnica y su oficio, deberemos inclinarnos por “Nada”, “Los despojos”, “Moneda de Cobre”, “Tristeza marina” y “Arlette”. Muy poco se sabe sobre la vida de Horacio Sanguinetti. He rastreado descendientes muy difíciles de encontrar. Incluso los que aún perciben los derechos de autor en SADAIC, quienes nada me han aportado al respecto. Mi búsqueda de una fotografía, aunque más no fuera una, ha sido también infructuosa. En cuanto a sus obras quiero dejar aclarado que al hablar de las fechas de aparición de los títulos, lo haremos tomando el año de grabación de cada uno de los mismos. Es posible que algunas de aquellas obras hayan estado compuestas mucho tiempo antes. Hacia 1939 aparece el nombre de Horacio Sanguinetti en una bellísima canción serrana que grabó Ignacio Corsini, “Morocha triste”, con música del guitarrista Enrique Maciel: despacio la caravana, burritos bajan del cerro, detrás va la provinciana acompañada 'e su perro. A esa aislada aparición le sucede en 1940 una milonga, compuesta en colaboración con Edgardo Donato, “Porteña linda” y, en 1942, uno de sus primeros sucesos “Gitana rusa”, con música de Juan Sánchez Gorio. (Recomendamos leer la crónica de Julio Nudler La gitana judía) En 1943, irrumpe su nombre con fuerza, cantidad y calidad de títulos. Casi sin interrupción da a conocer: “Tristeza marina”, “Moneda de Cobre”, “Arlette”, “El barco María”, “Corazón de carbón”, “Palomita mía”, “El barrio del tambor” y “Aquellos besos”. El año 1944, marcará el momento mayúsculo de sus obras y de sus éxitos. Se estrena su mejor obra, o tal vez la más difundida: “Nada”, que alcanzaría con el correr del tiempo incontables grabaciones. Y sin solución de continuidad siguen: “Oriente”, “Bohardilla”, “Alhucema”, “Rosa celeste”, “Magnolia triste”, “Flor de lis”, “El lecherito”, “La gran aldea”, “Trotamundos”, “En el fondo del mar”. El siguiente año continúan los éxitos: “Discos de Gardel”, “Ivón”, “Paloma”, “Zapatos”, “Mis amores de ayer”, “Mañana no estarás”, “Nieve de amor”, “Hoy te quiero mucho más”. En 1946 quedan registradas “Viviane de París”, “Con ella en el mar”, “Noche de tangos”, “Historia de amor”, “Café” y “La canción de mi tristeza”. En 1947, aparece su memorable: “Los despojos” y también “Amiga”, “Era en otro Buenos Aires” y la milonga “Pueblera”. En 1948, “Milonga para Gardel” y posteriormente “Barro”, “Bailarina de tango”, “Viejo cochero” y el vals “Esmeralda”. Las obras enumeradas representan lo más significativo de su inmensa producción. Falleció en Montevideo, Uruguay. 

Tango Nora Bilous Argentina

Tango:

Es una de las intérpretes destacadas del momento. Su repertorio conjuga tangos clásicos con obras propias de muy buena factura. A partir del año 2003 a nuestros días, desfiló por los más importantes escenarios porteños. Por su historia, destacamos sus presentaciones en dos de ellos: los míticos Café Tortoni y Café de los Angelitos, este último desde el 2007. Su primer trabajo discográfico Tango - Encanto de Mujer (2004) apareció como su mejor tarjeta de presentación. Tanto la crítica especializada como el público reconocieron «a una cantante que excede las condiciones naturales con mucha técnica y una capacidad de interpretación encomiable». En diciembre de 2005, presentó su segundo trabajo discográfico Desde otro lado, también muy bien recibido por el público y donde comienza a desarrollar su veta de cantautora. Durante el 2007, produjo, grabó y editó su tercer disco, Presente, junto al pianista Juan Rivero, quien hizo la dirección y los arreglos. En esta obra, se afianzó como poeta, proponiendo unos versos luminosos y frescos, a través de una desinhibida y placentera interpretación. Su nuevo material gozó de buena crítica. En el texto adjunto al disco están expresadas las opiniones de Raúl Garello, Juanjo Domínguez y Armando Rolón. En diciembre de 2007, fue seleccionada junto a Juan Rivero, Dúo Bilous-Rivero, en el concurso de intérpretes para la Programación Cultural de los Bares Notables 2008, organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, está actuando en la Esquina de Homero Manzi, en Clásica y Moderna, en el Café Homero, entre otros locales tangueros.

Tango Fidel Martín Carrouche Argentina

Tango:

Cuando en una publicación semanal, a mediados del año 1957, Hugo Del Carril comenzó a relatar los pormenores de su vida artística, de inmediato recaló en los amigos del barrio que fueron sus primeros oyentes y fieles admiradores. Allí mencionó que, a uno de ellos, se le ocurrió proponerle dar serenatas, y así hicieron. La primera homenajeada fue una niña, con un vals titulado “Trovas [b]” compuesto por uno de los muchachos de apellido Spindola. Los otros eran los hermanos, Mario y Martín Carrouche, el pianista Emilio Castaing y, por supuesto, Carlos Cáceres primer seudónimo del que después fuera Hugo Del Carril. Junto a ellos sumaba como guitarrero otro vecino de apellido Larrieu. Una piecita en casa de los Carrouche, que estaba en la calle Santander y Rivera Indarte, en el barrio de Flores, los tenía horas tocando y cantando. Y llegó la idea expresada por Martín de formar un trío. Poco tiempo después, nació el Trío París compuesto por Podestá, Cáceres y Castaing. El debut fue en Radio del Pueblo con buena acogida a un repertorio internacional, pero nada de dinero. Después llegó un contrato para el Teatro Fémina, luego Comedia, era un teatro de revistas donde aparecían en escena de manera muy particular. A los tres los metían en un cofre de papel de varios colores y, a un acorde de la orquesta, se erguían rompiendo la envoltura para aparecer cantando rodeados de varias muchachas. De pronto fueron un cuarteto cuando se agregó Mario Carrouche, excelente cantor, pero el conjunto tuvo vida efímera porque a Martín se le presentó la oportunidad de alinearse en la Orquesta California, hawaiana la llamaban. Luego a este tipo de conjuntos se les denominó orquestas características porque interpretaban todos los ritmos. En esa formación cantó junto a las Hermanas Desmond, haciendo la rutina habitual de emisoras de radio, teatros y clubes. Aquel cuarteto volvió a ser trío y luego sólo una anécdota en el derrotero de Martín y de Hugo Del Carril. Desde 1935 y hasta comienzos del 40, revistó en el conjunto de Pedro Maffia. Radios, teatros, giras al interior del país hasta llegar a la zona patagónica y luego, el famoso Casino de Viña del Mar, en Chile, los recibe en el verano de 1938. De regreso al país continuó cantando en diversos escenarios. Es posible que tanto movimiento lo alejara de los estudios de grabación, pues fue en 1936 que registró una única placa, “Sombras porteñas”, vals de Sebastián Piana y Maffia con letra de Homero Manzi, que cantó también para el film homónimo dirigido por Daniel Tinayre y estrenado el 25 de febrero de ese año en el cine Ambassador. Entre otros, actuaron Maruja Gil Quesada, Francisco Petrone, Alberto Anchart y Mercedes Simone canta un tema. Luego, vendría su momento de gloria cuando fue convocado por Pedro Laurenz, con quien, en sólo cuatro meses, grabó cuatro temas. Debutó con “La vida es una milonga”, del bandoneonista Fernando Montoni y Rodolfo Sciammarella, el 5 de septiembre de 1941. Después, seguirían: “Quedate tranquilo”, registro del 2 de diciembre de 1941; “Flores del alma”, del 7 de enero de 1942 y, en la misma fecha, “Al verla pasar”. Como galán y cantando acompañado por guitarras, participó en una temporada teatral en la compañía de la comediante Leonor Rinaldi. Algunas presentaciones en diferentes radios dieron fin a su carrera, cuando recién contaba con 33 años de edad. Trabajó como empleado en un organismo del Estado, hasta su jubilación por razones de salud. Fue autor y compositor de varios tangos: “Calle de mis recuerdos”, “Tristezas” y “Sin esperanza [b]”, con Santos Lipesker; “Charlando” y “La cita”, con Juan Bautista Gatti; “Ronda del tango” y “Yo soy aquel porteño”.

domingo, 9 de octubre de 2016

Tango Luis Brighenti Argentina

Tango:

Nació en Buenos Aires, en el barrio de Villa Crespo. Su padre, Héctor, era músico. Luego de terminar sus estudios primarios, se empleó en la Droguería Americana donde permaneció por espacio de cuatro años. Con el dinero que ganaba fue pagando sus estudios de piano. Cuando comenzó a ejecutar algunas piezas, dejó su empleo y se largó solamente con la música. Comenzó como tantos en los cines de barrio, cuando aún carecía de los conocimientos necesarios, pero su atrevimiento se lo debía a un hecho anecdótico provocado por su padre, que era violinista de una sencilla orquesta. En una oportunidad, esta formación fue contratada para un concurso de resistencia de baile, en una quermés a beneficio. El pianista dio parte de enfermo sobre la hora y el padre de Luis se atrevió. Le enseñó algunos tonos y acompañamientos y así se largó su debut. Pero su falta de costumbre para tocar varias horas sin descanso y su corta edad lo fueron cansando. Alguien que estaba cerca suyo se dio cuenta y lo alentó a seguir, ofreciéndole dinero, un peso. Sacó fuerzas para un rato más y, nuevamente, otro peso y otro, hasta terminar aquella extraña función artística. En 1927, fue pianista en la orquesta de Ricardo Brignolo, pasando luego por varias otras: la de Ángel Ramos, la de Carlos Tirigal, la de Ernesto de la Cruz y la de Miguel Caló, con quien estuvo cuatro años. En 1933, formó su propia orquesta con la que debutó en Radio Mayo, también pasó por otras emisoras. Durante una temporada su vocalista fue el músico y cantor Virginio Gobbi, hermano de Alfredo. Como compositor su obra para recordar fue “Ensueños”, un tango de hermosa melodía, que si bien tiene letra de Enrique Cadícamo, preferentemente ha sido interpretado en forma instrumental. Otros títulos suyos son: “Quimera de amor”, “De mil amores [b]”, “Milonga porteña” (en colaboración con Miguel Caló) y “Rosas blancas”, con letras de Mario César Gomila; “Aquel fulgor”, “Dejame” y “Y estás en mí”, letras de Enrique Cadícamo; “Campanita de oración” y “Pesadilla”, con letra de Armando Tagini. En 1947, se retiró de la actividad musical para dedicarse al comercio. Instaló una librería en el barrio de Belgrano, exactamente en la calle 11 de septiembre 4650. Extraído de la revista Córdoba Tango, Nº 6.

Tango Domingo Cuestas Argentina

Tango:

Nació en el barrio de San Cristóbal de la ciudad de Buenos Aires. Inició sus estudios en el conservatorio que habían creado Pedro Maffia y Sebastián Piana. De 1926 datan sus primeras actuaciones en un cine de la calle Pasteur y en el Radium. Toma contacto con Miguel Caló, a quien conocía desde la escuela primaria. Ellos Junto a Raúl Kaplún, Luis Brighenti y Roberto Maida se presentan en el Cine Astral (luego teatro) ubicado en calle Corrientes 1639, en 1928, y al año siguiente en el Cine Regio. En 1930 junto a Caló parten a Estados Unidos para integrarse a la orquesta de Osvaldo Fresedo, en el cabaret Moscú. A fin de año, de regreso en Buenos Aires se recompone el sexteto de Caló. En 1932, entre otros trabajos lo encuentra ensayando en el Teatro Maipo la comedia musical Fantasía pampeana, junto a Libertad Lamarque, Alberto Anchart, Severo Fernández y Alicia Vignoli, entre otros. Hasta 1935 continúa como segundo bandoneón de Caló y también arreglador. A continuación pasa a las filas de una orquesta formada por el conductor y animador radial Carlos Ginés. Luego, hasta 1949, pasa por los conjuntos de Rodolfo Biagi y, en 1950, por las orquestas de Edgardo Donato, Juan Polito, Héctor Stamponi, entre otras. En 1958 se incorpora a la de Juan Canaro y parten a México. Es un elenco con músicos y bailarines. También participan: Alfredo Attadia, Roberto Arrieta, Susy Leiva y Juan Carlos Copes. Domingo decide permanecer en ese país fijando allí su residencia. Su labor casi exclusiva fue acompañar a la actividad de Libertad Lamarque en sus numerosas giras por Centroamérica. Un ataque cardíaco pone fin a su vida el 9 de octubre de 1968.

Tango Agustín Cornejo Argentina

Tango:

Desde su San Juan natal, donde aprendió las primeras canciones junto al famoso Saúl Salinas, llegó por 1925 a Buenos Aires actuando en las radios de aquella época. Al año siguiente, 1926, formó dúo con otro sanjuanino. Miguel Cáceres, y emprendió una gira por América con la compañía teatral de Camila Quiroga, pero al llegar a Bogotá se separan de ella y se van a Nueva York contratados por la Brünswick para grabar discos en esa marca. Allí intervino junto a Gardel en varias de sus películas como actor, guitarrista y cantor, y con Miguel Cáceres, Gregorio Ayala, Carlos Spaventa y Carlos Gianotti; artistas argentinos que andaban por el país de los rascacielos tratando de divulgar nuestro folklore, acompañaron a nuestro máximo cantor en las grabaciones de “Criollita, decí que sí” y “Caminito soleado” en guitarras y la colaboración de Alberto Castellanos en piano. Recordando su vida artística, sus giras y Gardel, dijo: «En 1926 Gardel se iba afuera del país y una tarde de llovizna lo encontré por Florida y me dijo: «Me iré a Europa, y le contesté: «Yo me voy con Camila Quiroga, a lo mejor nos encontramos por ahí». «Así fue que cuando llegó a Nueva York para hacer cine, me invitaron para la cena en la noche de su llegada; no pude ir por mi trabajo pero al otro día me invitaron otra vez al hotel Ausonia a dos cuadras de donde yo vivía; fui y después de ese gustazo, empezamos a cantar. Lo primero que cantó Carlos fue “Cobardía”, “Si se salva el pibe” luego y para terminar “Hopa hopa hopa”. «Despues canté yo y lo hice con “Nostalgias [c]”, una canción mía; “Corazones partidos”, cueca de Salinas; y a pedido de alguien de la rueda “Mano a mano”, con el permiso del autor allá presente. Así terminó esa fiesta. «Cuando hacía sus películas tropezaba con el inconveniente de la falta de sus guitarristas que conocían su estilo y por eso me hizo llamar diciéndome: «—Che Cornejo, tenés que hacerme la gauchada con los otros muchachos» (los otros eran Cáceres, Spaventa, Ayala y Gianotti). Y así fue que lo acompañamos en las películas y en discos, tocando Castellanos de contrabando el piano antes de venirse. «Cuando Gardel nos pidió si podíamos hacer un malambo (aquí la anécdota) me vestí e iba hacia él y de unos seis o siete metros me miró de arriba a abajo diciéndome en tono gangoso: «—¡Oiga amigo Cornejo...! ¿No me lo ha visto a Don Juan Juenja?», contestándole no muy lerdo: «¡Sí! Lo dejé haciendo un menjunje...», en el mismo tono y señalando hacia atrás con el pulgar. «Conversando con él en Nueva York, me dijo que iba a grabarme “Los cariñitos” en Buenos Aires, antes de partir, pero se lo había adjudicado un audaz gallego y por esa causa no lo grabó: «No te grabé “Los cariñitos” porque decían que era de un tal Molina y Barbieri decía que era tuyo. Así, para no andar con líos decidí que no», me dijo». Además de esa canción, compuso en 1926 las cuecas “Prenda querida” y “Jazmines sanjuaninos” que fueron grabados por el dúo Ruiz-Acuña y numerosas canciones criollas hechas en Norteamérica, de las cuales “Chinita [b]” y “Qué importa [d]” las canta en la cinta El tango en Broadway, interpretada por Carlos Gardel, Trini Ramos, Blanca Vischer, Vicente Padula, Jaime Deveza, Agustín Cornejo, Carlos Spaventa, etc., sobre argumento de Alfredo Le Pera, bajo dirección de Louis Gasnier, con músicas de Gardel y Tucci, filmada en Long Island, Nueva York, en 1934. Además de Brünswick, grabó en Victor y Columbia. Agustín Cornejo nació en San Juan el 28 de agosto de 1899 y falleció en San Justo (provincia de Buenos Aires) el 9 de octubre de 1965.

Tango Luis Servidio Argentina


Tango:

La carrera artística de este servidor del tango puede sintetizarse igual en todo a la de su hermano José Servidio, pues actuó permanentemente a su lado casi toda su vida. En el año 1918 hizo sus primeras obras musicales, “Emita” un tango que le grabó Roberto Firpo y el vals “Para siempre”. Después unido a José produjo los éxitos: “El bulín de la calle Ayacucho”, “El alma que siente”, “Trapito”, “La pena del payador”, los cuatro grabados por Carlos Gardel; “Magda”, “La carreta” y también “Mis recuerdos”, “Vida triste”, “Cuadro porteño”, “Pollerita corta”, “Todo un hombre”, “Pelletier toda la vida”, “Tendrás que llorar por mí”, “La orejera”, “Chiquito”, “Falsa fuiste”; y entre muchos otros, o casi todos, que hizo en colaboración con su hermano, hay que señalar: “Pobre diablo”, accesit al primer concurso Max Glücksmann de tango, año 1924, y el vals criollo, que le grabó Ignacio Corsini, “Como aman los gauchos” (con versos de Eduardo Escaris Méndez), el gran intérprete que registró también “La Carreta”. De más está decir que gozó de la amistad de Carlos Gardel, amistad nacida en la lucha común por el tango. Luis Servidio nació en Buenos Aires el 9 de octubre de 1895 y falleció en San Fernando (Buenos Aires) el 26 de enero de 1961.

Tango Lucho Repetto Argentina

Tango:

Este versátil y polifacético músico, nació en el barrio de Villa Urquiza. En su adolescencia fue concertista de piano, hizo jazz e incursionó en la bossa nova. En su primera etapa, incursionó en distintas orquestas de jazz, en su triple actividad de pianista, trompetista y arreglador, entre las cuales podemos destacar la Armony Club, Los Universitarios, Pensilvannia Jazz y su colaboración con el maestro Hernán Oliva. Con apenas catorce años fue convocado para integrar el grupo de jazz de Lex Allen, guitarrista inglés, de paso por la Argentina. Durante dos años, se fue con él de gira por Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela. En 1958 fue contratado por la orquesta de Dave Murphy, iniciando una gira por toda América. En 1964, tuvo un breve paso por la famosa agrupación Los Gavilanes de España. Hasta acá diríamos, que toda la actuación de Repetto no tenía nada que ver con el tango, salvo una esporádica actuación en las orquestas de Enrique Campos y Ricardo Malerba. Cuando se recibió de abogado, abandonó por un tiempo la música pero siguió reuniéndose con amigos en largas sesiones de jazz. Estas reuniones se hacían en la secretaría de extensión universitaria de la Universidad de Belgrano. Dos años después, y sin que nadie lo imaginara, fue convocado por Oscar Alonso para formar un grupo que lo acompañará en sus recitales. Y en 1975, a raíz de una sugerencia del rector de la Universidad de Belgrano, armó un cuarteto para presentarse en un festival organizado por esa casa de estudios. Así nació UB Tango. Estaba integrado por Lucho (piano y dirección), Tito Farías (bandoneón), Orlando Gómez (guitarra) y Miguel Ortiz (bajo). Esta agrupación, formada exclusivamente para dicho festival, terminó siendo contratada por Julio Lagos, para su programa en Canal 13 de televisión. De ahí en más, se sucedieron actuaciones en distintos teatros de capital y, posteriormente, recorrieron el interior del país. En 1982, Lucho y su UB Tango, fueron distinguidos con el Premio Revelación del Festival de La Falda. Sumado al galardón había un contrato para actuar en el mítico Café de los Angelitos, de Rivadavia y Rincón. Así, fueron el marco musical y acompañamiento de varios artistas consagrados: Jorge Casal, Raúl Berón, Roberto Rufino, Jorge Durán, entre otros. Asimismo, se presentaron en el Café Nacional y Lucho fue el director musical de Reynaldo Martín, Carlos Cristal, Alberto Podestá y Tito Landó. En 1983 fueron contratados por Ruth Durante, con quien colaboraron en forma ininterrumpida hasta el año 2003. La formación también compartió escenario con Roberto Goyeneche en diversos escenarios porteños. También, actuaron como quinteto en El Viejo Almacén de Edmundo Rivero, con Lucho (piano y dirección), Edgardo Acuña (guitarra), Enrique Casella (bandoneón), Orlando Gómez (bajo) y Oscar Picciuoli (oboe y saxo barítono). Fueron muchos los discos, destacaremos algunos títulos: UB. Tango en Azulnoche, con las voces de Oscar Galván y Jorge Quiroz; A Mis Amigos, con Juan Carlos Mareco, Luis Filipelli, Gabriel Reynal, Gabriel Mamone, Fernando Rodas y Mónica Giuliani; Entre Vos y Yo, con Filipelli; Todavía Puedo, con Virginia Luque y Cacho Castaña; Azul Buenos Aires, con Jorge Sobral, Marcela Ríos y Claudio Mistral; El Estilo Inconfundible de Lucho Repetto con Sandra Luna, Jorge Guillermo, Roberto Salinas y el grupo Cantango; Dale Tango, con Sergio Masal. Entre su obra podemos mencionar en primer lugar a “Noviembre cinco”, un tema que sirvió de cortina musical a varios programas de la radio y la televisión; le siguen: “Mi sinfonía”, “Por la vida con vos”, “Ariana”, “Patipé”, “Charco y nube”, “Payador urbano”, “Barroc tangó”, “Azul Buenos Aires”, ”Sueño infiel” y “Derecho sagrado”, los tres últimos con letra de Alcides Omar Oviedo y Roberto Peláez.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Tango Alfredo Calabró Argentina

Tango:

Nació en pleno centro de Buenos Aires, en Viamonte y Reconquista. Sus padres se llamaban Vicente y Francisca Papalía. Fue un músico de la generación a la que pertenecieron los grandes del género: Aníbal Troilo, Alfredo Gobbi, Joaquín Mora, Osvaldo Pugliese y Ángel D'Agostino, para nombrar algunos. Fue un ejecutante de gran sensibilidad, agradable de escuchar y con pimienta suficiente para entusiasmar a los bailarines. Debuta en 1927, en la confitería Metropolitan, en una orquesta juvenil junto a Orlando Goñi. En 1929, es convocado por Osvaldo Fresedo, luego se incorpora a la agrupación de Anselmo Aieta y, finalmente, pasa a la del violinista Eugenio Nobile, para actuar en la confitería Marzotto, de la calle Corrientes. Cayetano Puglisi lo contrata como primer bandoneón de su orquesta, en 1934, para sus presentaciones en Radio Fénix. Más tarde, pasa brevemente por la formación de D'Agostino para terminar en la de Joaquín Mora, para cubrir el lugar dejado por Ángel Domínguez. A finales la década del treinta, está al frente de una orquesta de repertorio internacional. En 1937, integra la orquesta recientemente formada por su amigo Osvaldo Pugliese, como primer bandoneón, para sus presentaciones en el Café Germinal. Al año siguiente, lo encontramos en la orquesta del rubro Lucio Demare-Elvino Vardaro, para actuar en Radio Belgrano. Al poco tiempo se aleja Vardaro y queda al frente de la misma, Lucio. En 1941, pasa a la orquesta de Juan Canaro, con quien hace una extensa gira por el mundo. A su regreso, fines de 1942, decide formar su propia orquesta y debuta en Radio Mitre, con el cantor Héctor De La Fuente. Unos años más tarde, se une a Emilio Orlando, con la voz de Carlos Acuña, para hacer un importante ciclo en los micrófonos de Radio El Mundo. En 1948, el cantor uruguayo Enrique Campos se desvincula de la orquesta de Francisco Rotundo y se une a Calabró. Así nace el rubro Campos-Calabró. Grabaron para el sello Sondor el tango “El pecoso” y la milonga “Cargamento”, material que considero, no puede faltar en la discoteca de los amantes del tango, una verdadera joya. Al frente de su orquesta, en 1952, se presenta en Radio Libertad con las voces de José Torres y Jorge Ledesma. En 1954, regresa a radio El Mundo con José Torres y Raimundo De La Peña y, en 1958, pasa a Radio Belgrano, con José Torres y Alberto Aguirre, a quien posteriormente suple Oscar Corvalán. Sus últimas actuaciones fueron con un trío que completan Arturo Gallucci en contrabajo y Lorenzo Ranieri en guitarra. Actuaron muchos años en los espectáculos que ofrecía el restorán El Mesón Español, de la avenida Caseros, en el costado sur de la ciudad de Buenos Aires. Como compositor se destacan sus tangos “Jazmín”, “Decime”, “Corrientes y Maipú”, “Vos hacés lo que querés”, “Tiene razón amigazo” y “En un gris amanecer”.

Tango Julio Carrasco Uruguay

Tango:

Como muchos músicos dedicados al tango y nacidos en las décadas de 1900 y 1910, Julio nació en la otra orilla del Rio de la Plata, en la ciudad de Montevideo. Hasta unos pocos años antes de cumplir sus treinta de edad, viajó por gran parte del mundo y estuvo radicado en España, formando parte de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Pero cuando se desató lo peor de la guerra civil, en 1936, emprendió el regreso a Buenos Aires. Ganado por el tango, se vinculó a un director que recién comenzaba a dar que hablar: Osvaldo Pugliese. Habían terminado las actuaciones de los sextetos con Alfredo Gobbi y con Elvino Vardaro; experiencias maravillosas que no llegaron lamentablemente a perdurar y mucho menos a dejar registros sonoros. Se iniciaba la etapa de probar suerte formando la orquesta propia, la primera, en 1937 con algunos de los músicos de los sextetos: por ejemplo el bandoneonista Alfredo Calabró y el violinista Antonio Puleio. Se suman Julio Carrasco en violín, Luis Bonnat en bandoneón y Aniceto Rossi en contrabajo, más Pugliese en piano. Debutan en el café Germinal de la entonces angosta calle Corrientes 942, con relativa repercusión. El nuevo y definitivo intento llegaría en 1939, exactamente el 11 de agosto, cuando debutan en el café El Nacional de Corrientes 980. Hasta 1966, con una permanencia de 29 años, Julio Carrasco integró la orquesta como segundo o tercer violinista y arreglador. También fue mucho tiempo una especie de administrador, ya que llevaba los libros contables de la orquesta que funcionó siempre como una cooperativa. Durante este prolongado periodo, mantuvo con Osvaldo Pugliese una excelente relación laboral, compartían ideales políticos y musicales, pero no llegaron a ser amigos. Lamentablemente, nunca grabó un solo, que nos serviría hoy para conocer su vibrato; pues su sonido se funde en el todo orquestal dentro de la fila de cuerdas. De todas formas por comentarios de sus colegas, era un muy buen ejecutante, un violinista de formación académica, con amplias posibilidades técnicas. Tuvo oportunidad de ser promovido a solista cuando se fue Enrique Camerano, pero no quiso aceptar ese puesto. (Su hijo Néstor me contó hace algunos años estos detalles). Integró la orquesta compartiendo la fila de cuerdas con Aniceto Rossi y Alcides Rossi en contrabajo, los violinistas Enrique Camerano y Jaime Tursky; luego Oscar Herrero y Emilio Balcarce. Más tarde se sumaron Francisco Sanmartino y luego Norberto Bernasconi en viola, Adriano Fanelli y Enrique Lannoo en violonchelo. Y con los bandoneonistas Enrique Alessio, Luis Bonnat, Alberto Armengol, Osvaldo Ruggiero, Esteban Gilardi, Mario Demarco, Roberto Peppe, Oscar Castagniaro, Jorge Caldara, Ismael Spitalnik, Víctor Lavallén, Julián Plaza y Arturo Penón. Cuando dejó la orquesta, fue reemplazado nada menos que por Raúl Dominguez (Finito), un excelente solista que otrora brillara en la orquesta de Francisco Rotundo con solos memorables como por ejemplo el del tango “Milonguera”. Fue muy destacada su labor como compositor y arreglador, dejando versiones antológicas para el repertorio de la orquesta. En 1946, escribió el arreglo del tango “Fuimos” que grabó Roberto Chanel. En 1951, hizo la armonía de violín para el tango “Pasional”, arreglo de Roberto Peppe, que grabara Alberto Morán con total suceso. El solo lo tocó y grabó dos veces Enrique Camerano. En 1954, arregló dos tangos para el cantor Juan Carlos Cobos: “No es más que yo” y “Te aconsejo que me olvides”. Hizo lo propio con “Silencio” en 1959 para el cantor Jorge Maciel. Capítulo aparte merecen sus composiciones que básicamente orquestó él mismo, con la colaboración de Osvaldo Ruggiero. Son una trilogía de hermosos tangos: el primero es de 1945, “Flor de tango”; de raigambre decareana, con la influencia de esa escuela y de esa forma estilística. El piano va preparando con breves intervenciones solistas el camino al violín solista que cantará su armonía hasta la variación final del cuarteto de bandoneones, que en ese momento integraban Ruggiero, Caldara, Gilardi y Castagniaro. En 1950 da a conocer “De floreo”, con menos impacto rítmico que el anterior. Es más denso en su estructura general, con otra concepción armónica y tiene un solo de violín magistral a cargo de Camerano. Ya no tiene la característica variación final de bandoneones, sino un esbozo de pocos compases. Forma parte de aquellos tangos surgidos en los comienzos de esa década, de similares formas: poco melódicos y fuertemente armónicos, con un trabajo orquestal muy cuidado, como “El refrán” de Roberto Peppe, “El tobiano” de Emilio Balcarce, “Don Atilio” de Pugliese y “Don Aniceto” de Esteban Gilardi. Cierra la trilogía con “Mi lamento”, grabado en 1954. Aquí otra vez Julio Carrasco repite la ecuación o también podríamos pensar que encontró su identidad como compositor. Escribe otro profundo y sentido solo de violín, para el total lucimiento del maestro Enrique Camerano. Formó parte de los viajes históricos de Pugliese a Rusia y China en 1959 y a Japón en 1965. En 1966, a los 59 años de edad decide jubilarse, para dedicarse a su familia. Continúa igualmente estudiando y tocando el violín en su hogar, sin las exigencias del trabajo profesional. Su trayectoria fue ejemplar, silenciosa y ampliamente valorada por colegas y por todos los que gustamos del tango. Este músico nacido en Uruguay, formado profesionalmente en España y finalmente atrapado por el tango argentino, falleció en Buenos Aires a los 81 años, con la tranquilidad del deber cumplido. Vaya nuestro homenaje y reconocimiento. 

Tango Ángel Sica Uruguay

Tango:

Despertó tempranamente a la música logrando muy joven consagrarse profesor de piano. «Yo estudié para tocar el tango», expresó entonces a alguien que le preguntara a qué género se iba a dedicar. En un cine de la barriada de la Unión tuvo sus primeras actuaciones en la época del cine mudo y ya en 1926 forma parte de un terceto junto al violinista Federico Lafémina y el bandoneonista José Laina (Bachicha) para acompañar a la cancionista Lucy Clory en la revista Guarda con la atropellada que se representaba en el Teatro Royal, en la calle Mitre, al costado del Teatro Solís. La siguiente etapa ha podido ser documentada por la invalorable colaboración del Sr. José Marín Lorenzo, que actualmente es Consejero de la Sociedad Uruguaya de Intérpretes y se desempeñó como bandoneonista en el sexteto Sica-Maquieira, formado en 1928. Inicialmente Ángel Sica (piano) y Francisco Maquieira (bandoneón) dirigían acompañados por Arnoldo Rodríguez a quien se le conocía por el sobrenombre de Pantalón, Américo Perelló (primer violín), Hugo Pereira (segundo violín) y M. Estella (contrabajo). Al año siguiente nuestro gentil informante sustituía a Arnoldo Rodríguez. Actuaban en los cines Victoria y Las Delicias, a mediodía en el Café Tupí Nambá y los trasnoches en el cabaret Chantecler. Era un conjunto de estilo decariano y muy ensayado. Por entonces Sica y Maquieira publican el tango “Qué hacés gigoló” con letra de Romeo Yorio en edición de Juan Feliú e hijos. Los directores toman caminos artísticos distintos y Ángel Sica, con Francisco Panedas, emprendieron una larga gira en enero de 1931 cuya primera etapa fue Río de Janeiro, para presentarse luego en más de cuarenta ciudades brasileñas. Consignamos los nombres de aquellos pioneros que fueron, a nuestro juicio una única y sorprendente tournée de músicos uruguayos por América y Europa. Ángel Sica (pianista y director), Francisco Panedas (bandoneón y director), Arnoldo Rodríguez (bandoneón), Julio Carrasco y José Alberto Ladart (violines). Se presentaron luego en Georgetown, capital de la Guayana inglesa y luego en Cayena, Guayana francesa donde Ángel Sica escribe un tango dedicado a dicha ciudad y tituló “Cayenne”. Pasaron luego a Venezuela y promediando 1931 se trasladaron a España. Varias semanas de actuación en el Teatro Cómico de Barcelona, una breve presencia en Melilla en el norte de África y nuevamente en Barcelona, esta vez en el dancing El Gato Negro, donde Lucio Demare tentó a Sica para que el sexteto Sica-Panedas y su propio conjunto, que encabezaba con Irusta y Fugazot emprendieran una gira europea. La proposición fue aceptada, transitaron juntos más de un año. Durante su estadía en Barcelona el conjunto Sica-Panedas grabó discos Delfus y también tuvieron actuación en el cine sonoro español en la película Los últimos días de Pompeya, valiosos detalles que consigna la revista Cancionera, al regreso de Ángel Sica, en su edición del 5 de julio de 1933. Cumple el celebrado pianista una etapa en la orquesta Agapios-Perelló que luego se conocería artísticamente con Nicolás Agapios como único director. Se desvincula transcurriendo 1937. Convoca destacados músicos y forma una excelente orquesta. Trabaja incesantemente. En 1937 su orquesta es figura principal en CX 30 Radio Nacional, emisora en la que cumplió casi toda su actuación radial. Su primer cantor fue un excelente intérprete: Alcides De María y Mabel Ortiz sería su cancionista en 1938, Violeta Gómez en 1939 y Gloria Grobba en 1944. En 1941 había grabado un disco en la primera tanda realizada por la empresa uruguaya Sondor, una de cuyas faces contiene su tango “Meditación [b]”, con versos de Alcides De María. Ángel Sica fue, en la década del 40, importante colaborador de la orquesta del violinista Roberto Lurati. Su espíritu andariego lo impulsa a viajar, en 1947 a Río Grande do Sul, contratado para una larga temporada por la boite-casino de Passo Fundo al frente de un sexteto que dirige y arregla, acompañado por Pedro Casella y N. Cabral (violines), Arnoldo Rodríguez y Sócrates García (bandoneones), Alfredo Peña (contrabajo) y Jorge Escalada como vocalista. Da a conocer su tango “Un soñador” en el carnaval de 1950 cuando compartía el cartel con la famosa agrupación de Xavier Cugat (Teatro Solís), y al año siguiente actúa en el Restaurant Municipal del Prado con el cantor Carlos Dumas y también en los famosos bailes que se realizaban en la sede del Club Colón, en la Av. San Martín y Fomento. Entendemos suficientes los apuntes que preceden, para dejar en evidencia la vida artística de un gran tanguero. Era, además un excelente solista de piano. Nuestro querido amigo el maestro César Zagnoli nos aportaba un dato inédito sobre Ángel Sica, diciéndonos que ensayaron juntos un dúo de pianos y que la idea no tuvo concreción porque Sica se accidentó al bajar del palco y todo quedó en la nada. Sólo perduró el inalterable aprecio que ambos se profesaban. No lo atrajo demasiado la composición, pero su ficha autoral en AGADU reúne catorce temas. El último, “Milonga criolla” que comparte con Miguel Villasboas fue registrado el 11 de marzo de 1965, unos años antes de que se produjera su sentido deceso el 22 de setiembre de 1969.

Tango Joaquín Mora Argentina

Tango:

De padre argentino y madre uruguaya —de Paysandú— nació Joaquín Mauricio Mora en Buenos Aires, el 22 de setiembre de 1905. Vivió niñez y adolescencia cerca de los patios de los studs de Palermo, donde su padre desempeñaba sus tareas. A los once años inició estudios musicales bajo la égida de los maestros Antonielli y Romaniello. En 1916, ingresó al conservatorio Santa Cecilia graduándose profesor de piano en 1921. Inició cursos de perfeccionamiento con Arturo Luzatti, culminándolos con recitales de piano en el salón La Argentina. Desde los dieciocho años comienza a actuar en bailes y reuniones con músicos de intrascendente trayectoria y un año más tarde es el pianista del cuarteto de Graciano De Leone en el salón La Argentina, precisamente el lugar donde culminara sus estudios superiores. Así llegamos a un acontecimiento casual que resultara trascendente en la trayectoria de Joaquín Mora. Después de un ensayo en su casa, su amigo el bandoneonista José Fiotti dejó allí su instrumento. La curiosidad tentó a Mora para sacar unas notas y abordar un pasaje de la melodía de “La cabeza del italiano”, tango de moda de la época. Entusiasmado por haberlo logrado, compró un bandoneón a pagar en cuotas con el que venía un método de aprendizaje. En poco tiempo se convertiría en excelente bandoneonista. En tal carácter debuta en la orquesta de Antonio Bonavena, en 1928, y, por entonces, escribe su primer tango a medias con José Fiotti, titulado “Viejo barrio”. Forma parte luego de un trío con Eduardo Pereyra y Alcides Palavecino, trabajando en un café de Flores. El autor de “El africano” sería de enorme gravitación, afiliándose definitivamente en la tendencia romántica, en creación e interpretación del tango. En 1929, Joaquín Mora revista en las filas de Vicente Fiorentino con su violín, junto al pianista Plácido Simoni Alfaro y Francisco Fiorentino, bandoneonista a su lado. Trabaja intensamente y entonces Alberto Cima, que regresaba de Europa lo convoca para formar parte de su conjunto, presentándose en un café de Parque Patricios, ya en 1930. Esa pequeña orquesta la integraban su director y Joaquín Mora, bandoneones, Luis Minelli, piano y el violinista Luis Cuervo. Mora está presente en las grabaciones para el sello Columbia de la orquesta Bonavena y de la típica Columbia dirigida por Alberto Castellanos y con Bonavena realiza una exitosa temporada en Radio Prieto. Crea entonces algunos tangos de extraordinaria belleza: “Divina”, al que pusiera letra en 1934 Federico Saniez, “Nupcia”, “Leyenda” y “Mi estrella”. Nos recordaba Joaquín Mora, muchos años más tarde, que, a propósito de la estructura de “Mi estrella”, que es uno de sus grandes tangos, un amigo músico le decía por entonces: «¿Por qué no hacés tangos como los demás autores?». A fines de 1930, junto a Orestes Cúfaro, pianista que había sido compañero en la orquesta Bonavena, y el violinista Roberto Zerrillo, acompañaron a Azucena Maizani en su viaje a Europa, realizando sus presentaciones en España, Portugal y parte de Francia. Dentro de esa gira, encontrándose en la ciudad española de León, Mora compuso su tango “Yo soy aquel muchacho”, que complementaría años más tarde con el violinista Vicente Russo y los versos de Máximo Orsi. Joaquín Mora se incorpora a la orquesta de Irusta-Fugazot-Demare en España. Al retornar a Buenos Aires, casi a fines de 1933, pasa a trabajar en la orquesta de Vicente Russo en Radio Splendid. Allí, además de complementarse, “Yo soy aquel muchacho”, también en colaboración con el director de la orquesta da a conocer su tango “Ushuaia” y, en el carnaval de 1935, reforzando la orquesta de Miguel Caló en los bailes del teatro de la Opera, al terminar una actuación, comprobó que le habían robado su bandoneón. Esta imprevista circunstancia marca un nuevo rumbo artístico a sus actuaciones, volviendo definitivamente al piano, creando su gran estilo de interpretación. Desde el citado acontecimiento, Joaquín Mora forma su orquesta, actuando muy fugazmente y decidiendo formar un trío con dos cantores, al estilo de Irusta-Fugazot-Demare, convocando a esos efectos a Antonio Rodríguez Lesende y Héctor Morel (Héctor Cardinale). Morel-Lesende-Mora ha quedado en el recuerdo de los nostalgiosos como una expresión de originalidad y exquisita calidad. Paralelamente, entre 1936 y 1937, se dedicó al acompañamiento de cantores y cancionistas. En forma especial se destaca su presencia junto a Cayetano Puglisi y Ciriaco Ortiz en las presentaciones de Hugo Del Carril en Radio El Mundo y con dos cantores, Héctor Achával y Mario Podestá encabezó otro trío, con presencia ante micrófonos de la desaparecida Radio Ultra. Nos refiere el Dr. Luis A. Sierra dos acontecimientos que nos retrotraen en el tiempo, al año 1934. En una madrugada, junto al piano, en el apartamento de José Pascual, Mora sacó de su bolsillo un pequeño papelito conteniendo los versos que Julio Jorge Nelson le entregara en el café Los 36 Billares, de la calle Corrientes, los leyó y surgirían enseguida las notas de “Margarita Gauthier”, uno de sus mayores éxitos musicales. Y fue también por entonces que Alfonso Ortiz Tirado estrenara “Divina”, página romántica preferida desde siempre por todos los solistas de piano y bandoneón del tango y también de los cantores. Entendemos que se hace necesaria la mención de obras de Joaquín Mauricio Mora para dar una imagen, cuanto menos aproximada de la dimensión de un gran compositor: “Si volviera Jesús”, con versos de Dante A. Linyera (1935); “Esclavo”, “Cofrecito” (vals) y “En las sombras”, los dos primeros con José María Contursi (1936); “Como aquella princesa” (1937), “Frío” (1938) y “Más allá” (1939) todos con José María Contursi. Consignamos dos colaboraciones con autores uruguayos: “Canción de junio (Sol de invierno)”, versos de Ignacio Domínguez Riera y “Dos banderas (Himno del Río de la Plata)”, con letra del entonces periodista Onofre Mir, estrenado en el Círculo Oriental de Buenos Aires. En el año 1941, arregla un excelente conjunto típico que se presenta en Radio Belgrano, la orquesta de Ebe Bedrune, que procedía de la ciudad de Rosario y, un par de años más tarde, emprende una gira recorriendo toda América, con radicación más o menos estable en Medellín hasta 1959 y, finalmente, en Panamá. Allí interpretaría toda suerte de géneros musicales, desde el piano o desde el órgano. A fines de 1978, regresó a Buenos Aires, habían pasado 35 años. Le decía al diario La Prensa, el 8 de diciembre de 1978: «Me cansé de sentirme extranjero, se me hizo insoportable. Y he vuelto a casa». Ya estaba entonces gravemente enfermo y, por otra parte, sus amigos, casi todos ellos, ya no vivían, circunstancia que le provocó gran tristeza y un día, silenciosamente, como había llegado, retornó a Panamá. De allí nos enteramos, en un escueto cable, la noticia de su deceso, acaecido el 2 de agosto de 1979. Tuvimos el privilegio de mantener por años correspondencia con Joaquín Mora, cumplido caballero y amigo por sobre todo. Quería mucho al Uruguay, «porque de allí era mi madre», nos decía. «Las formas de expresión de esta gran figura del tango encierran la difícil conjunción de la sencillez melódica y la sugestiva riqueza de un original ornamento armónico, que define y caracteriza la labor autoral de uno de los más admirables cultores del tango». Estos son los certeros y admirables conceptos trazados por la magistral pluma de Luis Sierra en un trabajo que nos dedicara. Originalmente publicado en Ochenta notas de tango. Perfiles biográficos, Ediciones de La Plaza, Montevideo 1998. Auspiciado por la Academia de Tango del Uruguay.

Tango Carlos Bermúdez Argentina


Tango Última Entrevista a Carlos Bermúdez:

EL 4 de marzo de 1993, en un café de Paraná y Corrientes, charlamos con Bermúdez recordando momentos de su vida. 
«Mi labor como cantor siempre la tomé más como una vocación que pensando en ganar dinero. Lo mío fue amor al arte, para satisfacer mi espíritu. Todas las semanas vocalizo con mi maestro Juan Manuel Miró. Yo andaba mal de la voz y él con esfuerzo me recuperó el registro y creo que estoy cantando mejor que antes. 
«Llegué a la orquesta de Pedro Laurenz por casualidad. Fue por mi amistad con José Rótulo. Un día me llamó: «Mirá, estoy con Laurenz, por qué no te venís, resulta que se va Alberto Podestá y quiere escucharte». 
«Y en casa del mismo Rótulo, me reuní con Laurenz y allí me tomó una prueba y fue satisfactoria. Recién empezaba y sentí un gran temor, sabía lo que era reemplazar al gordo Podestá. 
«La primera grabación fue “Llueve otra vez”. Me temblaban las piernas en los estudios de Odeon. Ese tema lo eligió él, pero otros surgieron después de charlarlo. “Más solo que nunca” fue el segundo grabado. Un día apareció Enrique Dizeo, su autor: 
«Mire pibe este tema es para usted, quiero que lo grabe, nadie lo va a hacer antes.» 
Se grabó y estoy convencido que es el mejor de los que realicé. 
«En mi casa hacíamos asados muy seguido y era habitual la presencia de gente del ambiente: Edmundo Rivero, su hermana Eva, Aldo Calderón. También Alberto Acuña, hombre afable, siempre tomaba la guitarra y se ponía a cantar. Una noche me dijo que tenía un tema para mí ¿Cuál? le pregunté. Y lo cantó. Me gustó, se lo propuse a Laurenz y se grabó. Era “Temblando”. 
«Yo había cantado con Alberto Nery cuando tuvo su orquesta. Fue antes de la posibilidad con Laurenz. Se lo dije a Nery y él respondió que no debía desaprovecharla. Eso no significaba que no sintiera mi partida, lo vi un poco huérfano cuando me pidió que encontrara a un reemplazante. 
«Una noche en el Cabaret Marabú, viéndolo actuar a Carlitos Dante, lo encaré: «Mire Carlitos usted me tiene que hacer un favor...» Y le conté que Nery estaba muy afligido. «No, no, ya estoy cansado de hacer esta vida, andar de un lado para otro...» Finalmente aceptó y comenzó con aquella orquesta, de allí lo sacó De Angelis. Y Dante que iba a dejar la carrera se encontró con el comienzo de su etapa de más éxito. 
«Poco antes de grabar mi último tema con Laurenz le comenté que era mucho trabajo para mí solo. Hacíamos Radio Belgrano, grabaciones, sábados y domingos radio, bailes y el cabaret, terminaba reventado. Así fue que Grané, el pianista, apareció un día con Jorge Linares que fue mi compañero de los cantables, e inmediatamente grabamos “Mendocina”, cuyo autor era uno de los dueños del Cabaret Ocean. Fue el único dúo con la orquesta de Laurenz. 
«Penella, que era mi representante mientras estuve con Laurenz, me propuso ir con Horacio Salgán que buscaba un compañero para Edmundo Rivero. Tomé parte de un concurso que había organizado Salgán. De 35 participantes llegamos José Torres —quien luego cantó con Alberto Mancione— y yo. Fui el elegido, y dos días más tarde Salgán me citó a Radio El Mundo. Allí lo vi por primera vez a Rivero, con quien fuimos amigos hasta su muerte. 
«Hicimos en Radio El Mundo muchos bailes. El misterio fue por qué no grabamos juntos. Supongo que habrá sido porque Horacio Salgán era de avanzada. Estuvimos en el Tango Bar y nuestro público, más que la gente del pueblo, eran los músicos y cantores que venían a escucharnos y a encontrar algo que pudieran criticar. Llegaron a copiar arreglos de Salgán o sacaban enseñanzas que luego aplicaban en sus trabajos. 
«Con Horacio el primer tema que hice fue “Margarita Gauthier”. Otros temas que recuerdo fueron: “Yo”, “Lluvia de abril”, el vals “Por el camino”, de Tagle Lara, etcétera. 
«Una anécdota: muchas veces Salgán, Rivero y yo íbamos al Cine Florida que tenía un órgano. A Salgán le permitían acceder a él. Entonces tocaba y nosotros cantábamos, pero no tangos sino canciones folclóricas, zambas y otros ritmos. A tanto llegó el entusiasmo que con Rivero le propusimos hacer folclore. Y así ocurrió. En donde actuábamos terminaba la rutina y comenzaban las zambas, y Rivero incorporaba su guitarra. Gustó muchísimo. 
«Odeon, por aquella época, grababa obras de autores colombianos. Pasillos, tangos colombianos y otras cosas. El director de Odeon, nos llamó a Rivero y a mí y nos contó de su proyecto de formar un conjunto para canciones colombianas. De ahí resultaron Los Cantores del Valle. Estaban Elvira Tamassi con su esposo, Ubaldo De Lío... Eran unas bodrios terribles, para morirse. Los arreglos los hacía Rivero con De Lío. Yo cantaba “Murió mi madrecita”, de Rivero, un tango. Eran letras inauditas. También hicimos algunos dúos. Sin embargo en Colombia tuvimos una gran repercusión. 
«Actuábamos con Salgán en Tango Bar, cuando me llamó un señor colombiano, Washington Andrade, autor de alguno de los temas que grabamos y muy reconocido allá. «Mire —dijo— yo he venido a contratarlos. En Colombia tienen un gran éxito. Si llegaran en éste momento recogen la plata a paladas». Rivero no quiso prenderse. Fue una pena, pudimos haber ganado mucha guita. 
«Un recuerdo para Ciriaco Ortiz. Estuve con su orquesta en 1948. Actuamos en el Casino de Mendoza. Luego de conocerlo directamente le pregunté: «Escúcheme maestro, ¿cuánto me va a pagar por estas actuaciones?». «No se haga problemas Bermúdez, si usted conmigo se va a morir de risa...» 
«Actué también con Pedro Maffia y con él mi relación fue muy especial. Maffia fue un gran ejecutante. En una actuación vi como se acercaron dos señores al palco y se quedaron mirándolo. Cuando terminó la pieza le preguntaron: «¿Qué tiene ahí adentro que sale un sonido tan hermoso?» Una de las noches de Mendoza en que estaba con Ciriaco, se apareció Maffia y tocaron juntos. Fue extraordinario. 
«Fui amigo de Juan Carlos Howard y un día me anunció que formaría un sexteto, preguntó si yo quería ser su cantor. Le dije que sí y resultó. De los muchachos recuerdo a Máximo Mori, a Arnaiz, un violinista García, un bajo que luego trabajó con Héctor Varela... fue muy breve, pero llegamos a actuar en radio Splendid y grabamos dos discos, cuatro temas, no sé si se editaron. 
«No puedo olvidarme de Juan Bava, el padre del referí de fútbol. Yo era el cantor de su orquesta. Hacíamos bailes en los barrios hasta que una vez intervinimos en un concurso de aceite Cocinero. Con él llegué por primera vez al disco grabando la marcha del Club Atlanta. 
«Mi primera salida del país fue rumbo a Chile, recorrí varias ciudades hasta llegar a Arica. De allí pasé a Perú. Luego a Colombia y ahí la gran sorpresa. En el hotel encendí la radio, a los cinco minutos pasaron un tema mío con Laurenz. Al rato cambié de estación y lo mismo. Llamé a las emisoras para agradecer. La reacción de los de la radio fue extraordinaria y al rato se apareció un auto de una emisora. Charlamos y arreglamos para el domingo siguiente. 
«Ese día me encontré con una multitud. Había cordón policial porque a los estudios no entraba más nadie. Fue por 1960, después de tantos años aún recordaban mi paso por la orquesta de Laurenz y Los Cantores del Valle, porque en casi todas las "rocolas", o tocadiscos de los bares estaban los temas que hicimos con Rivero. 
«Había. un gran amor por el tango, era común entrar a un bar y ver las paredes decoradas con fotos de tangueros. 
«Actuando en Perú me vinculé con dos argentinos, Julio Genta y un sobrino de los hermanos Servidio. Trabajábamos juntos y nos fue bien. En 1969, también en Perú, grabé “Frente al mar” y “El último café”, para el sello Sonoradio, acompañado por el bandoneonista Domingo Rullo (nada que ver con el flautista), un pianista de jazz Enrique Linch (director artístico del sello), seis violines, cello, bajo. 
«En 1970 anduve por Ecuador. Grabé un larga duración en el sello Fadisal. No encontré músicos argentinos que pudieran acompañarme y lo hice con el conjunto Los Reales, eran dos ecuatorianos —uno ciego—, y un mejicano. Guitarra y dos requintos. Consiguieron tres guitarristas más y un bajista. Como no teníamos partituras ni discos, yo les silbaba o cantaba los temas. En la grabadora me exigieron poner música ecuatoriana e hicimos cuatro pasillos y un vals. El resto tangos y alguna milonga. 
«Comencé hablando de Juan Manuel Miró y quiero terminar hablando de él, mi maestro de canto. Años atrás (1985) yo actuaba en El Viejo Almacén y andaba con la voz totalmente descolocada. Alguien me lo recomendó y fui, le expliqué la situación. Que mi vibrato estaba en bandera, que no andaba y otros detalles. «Vamos a probar, cante “Cambalache“”.» Me lo pidió en un tono que no pude hacer, entonces agregó: «Su voz está para el geriátrico.» Tenía razón. 
«Puse toda mi voluntad, él su maestría y en unos cinco meses me sacó totalmente afuera la voz, recuperé el registro perdido, porque no podía dar ni una octava y hoy vocalizo en dos octavas y media». 
Carlos Bermúdez muere cuatro meses después, el 23 de julio de 1993. Había nacido en Caseros (provincia de Buenos Aires), el 7 de junio de 1918.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Tango Claudio Bergé Argentina

Tango:

Además de cantor es médico pediatra y periodista profesional. Es de destacar que estamos en presencia de un artista que, en épocas difíciles para el tango, se atrevió con un repertorio de tangos contemporáneos: “Sueño de barrilete”, “Contame una historia”, “Mi ciudad y mi gente”, compuestos por Eladia Blázquez. Se inició en un concurso: De la fábrica a la fama, que organizaba la firma textil Annan de Pergamino, en LS6 Radio del Pueblo, que conducía Julio Jorge Nelson, donde obtuvo el segundo lugar entre miles de participantes. A los diecinueve años, el comentarista Alfredo Tarsi lo recomienda para integrar la orquesta de Armando Iglesias, que actuaba en la confitería La Armonía, una formación contratada para reemplazar a las grandes orquestas en los fines de semana. Con veintidós años, Alberto Tavarozzi, el autor de “Media noche”, lo lleva a su quinteto, debutando en LR1 Radio El Mundo con el seudónimo de Juan Manuel. Pero su consagración se produce en el año 1964, cuando es convocado por Héctor Varela para reemplazar a Rodolfo Lesica, por una recomendación de Carlos Lucero “Cucusita”. Debuta con el As del Tango en la ciudad de Ramallo, provincia de Buenos Aires, con su nombre artístico definitivo: Claudio Bergé. Simultáneamente se presenta en Radio El Mundo, en el famoso Glostora Tango Club, cuando eran sus locutores Rafael Díaz Gallardo y Rina Morán. Por esa época, el relator Carlos Parnisari, representante de su hermano el cantante melódico Ricardo Rey, lo lleva al Canal 9 de televisión y luego de rendir una prueba con Santos Lipesker, estando presente Alejandro Romay —dueño de la emisora—, lo incorporan de inmediato. Debuta en el programa Lluvia de Estrellas, que conducían la locutora Pinky y el periodista Bernardo Neustadt. Más tarde, llegarían sus actuaciones en Sábados Continuados, con Emilio Ariño y Antonio Carrizo, compartiendo elenco con Sandro y Los de Fuego, Rosamel Araya y Leonardo Favio, entre otras estrellas. Luego, ese mismo canal lo contratará con exclusividad para actuar en diferentes ciclos: El Tropicana Club, Sábados de la bondad y Grandes Valores del Tango. También actúa de actor y cantante en Cinco pisos en las nubes, junto a Gogo Andreu, Dorys del Valle, Claudia, Alberto Marcó y Ricardo Rey. Además, está en el elenco del sainete El conventillo de la paloma, con Hugo Del Carril, Diana Maggi, Inés Moreno, Tincho Zabala y Tito Lusiardo entre otros, dirigidos por René Mujica y Martha Reguera. Participa, en el mítico disco Los 14 con el tango (1966), producido por Ben Molar. Interviene en el Festival Internacional Parque del Plata, en Uruguay, obteniendo el segundo puesto con el tango “Frente al estaño”. En 1969, se consagra como revelación de la Fiesta Nacional del Tango en La Falda (Córdoba) y obtiene el «Gardel de Oro». Al año siguiente integra la recordada Embajada Argentina en España, junto a Edmundo Rivero, Alberto Castillo, Virginia Luque, Néstor Fabián, Jorge Cafrune, Cacho Tirao, Chico Novarro, Hugo Díaz, Los Chalchaleros, Los Hermanos Ábalos, Violeta Rivas, María Concepción César y el gran Aníbal Troilo. En 1971 se consagra como mejor intérprete del tango en el Festival Odol de la Canción, que realizaba Canal 13 de televisión, conducido por Blackie; en esa oportunidad estrena el tango “El último round”. En 1972 es requerido por Mariano Mores, graba acompañado por su orquesta “Sabor de adiós”; interviene en el ciclo de televisión ¿Te acordás Mariano?, junto a Roberto Rufino, Nito Mores, Roberto Goyeneche, con la conducción de Silvio Soldán y Julián Centeya. Este último siempre lo elogiaba diciendo que tenía «un cantar de artista estudioso, personal y propietario de un enorme temperamento». A principios de los ochenta encabeza con Beba Bidart, en el Teatro Estrellas, la comedia musical Buenos Aires Todo Tango, con Jorge Falcón, el Sexteto Mayor, Horacio Salgán, Ubaldo De Lío, entre otros. Además, realiza actuaciones en Caño 14, Michelangelo, El Viejo Almacén, La Casa de Carlos Gardel. La Warner Brothers, lo selecciona como figura principal para componer el personaje de Carlos Gardel en la película El día que me quieras, del autor venezolano José Luis Cabrujas; junto a Graciela Dufau, Juan Leyrado y Ulises Dumont. En 1986, protagoniza nuevamente al Zorzal, en film de Hugo Potenza: Tango libre encuentro, donde interviene entre otros, Néstor Marconi. El 11 de diciembre de 2005, se presenta en Madrid en el espectáculo De Gardel a Bergé, 115 años de tango, con la producción de Carlos del Mar y Rodolfo Ghezzi, donde recibe de estos: La Orden al Mérito Gardeliano. En su larga trayectoria, realizó alrededor de 400 grabaciones en los sellos EMI-Odeon, Fermata, Erato, Almalí, Microfón, M y M y Euro Records, acompañado por los más grandes maestros del tango. Claudio Bergé es ahijado artístico de Oscar Alonso y fue apadrinado por Mariano Mores y, también, por Eladia Blázquez por su trabajo discográfico Mi ciudad y mi gente. Este gran cantor ha recorrido América y Europa y, paralelamente, desarrolla un importante aporte periodístico ya que desde hace 19 años conduce su propio programa de radio y televisión: El porqué de mi vida, con el que obtuvo numerosos reconocimientos. A partir del año 2010, integra el programa Aguante Tango que se emite por Canal 26 de cable, conducido por Silvio Soldán. Además de la admiración que sentimos por él, Claudio es un gran amigo y asiduo visitante del portal Todo Tango, en especial, un calificado concurrente de su foro La Mesa del Café.