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domingo, 28 de junio de 2015

Tango Analía Vega y Marcelo Varela Argentina

Tango:

Bailarines en Forever Tango y Tango Review, en Evita de Alan Parker, Marcelo Varela y Analía Vega enseñar en la "Escuela Argentina de Tango" en Buenos Aires, presentan su baile en las milongas más prestigiosos de Buenos Aires y dar talleres en todo el mundo. Bailan folclore desde la infancia y aprendieron tango desde el más reverenciado - Ernesto Carmona, Norma Gómez Tomasi, Graciela González, junto con los demás. Asociar su dominio de la danza con personalidades fuertes, que han creado un estilo único, claramente reconocible, lleno de sensualidad, alegría, libertad .... No dice que "Marcelo y Analia baile como tal y así", sino más bien "estilo Marcelo Varela y Analía Vega". Socios en la danza y en la vida de una docena de años, son vivaz, aventurero, lleno de humor, travieso y perfecta cómplices entre sí, a menudo romper en risas. Su baile se asemeja a ellos por completo. Traer a sus elementos de danza tomadas de todo lo que les interesa, como el jazz moderno y folklore argentino, que a preservar la autenticidad del tango, y están más interesados ​​en lo que es compartida por la pareja de baile que lo que se ve desde fuera. Dotados con generosidad abrumadora, que enseñan con el corazón abierto y con un verdadero compromiso con sus estudiantes. Para Marcelo y Analia, el tango no es un baile de los roles en el que uno conduce y el otro sigue; El tango es un hombre, una mujer, la música. Y en su enseñanza como en su danza, cuando no ven a los ojos, y no se contradicen entre sí, simplemente se complementan a la perfección. 

sábado, 20 de junio de 2015

Tango Jorge Valdez Argentina

Tango:

A la edad en que los pibes empiezan a jugar, ya había anidado en él la música de Buenos Aires. Por eso Jorge Valdez integra la lista de las grandes voces que llegaron a tutearse con los duendes del tango. Poseedor de una innata sensibilidad, Leo nació en Buenos Aires, más precisamente en el porteño barrio de Villa Urquiza. Desde pequeño comenzó su encuentro con la música pues a los diez años de edad la madre lo induce a tomar clases de piano. Sus dotes interpretativas y una gran personalidad le permiten progresar rápidamente en sus estudios y es así que cinco años después, se presenta, en cuatro ocasiones, en el programa de radio El Piano en la Argentina. Sin embargo, su mayor pasión era el canto y comenzó a «despuntar el vicio» cantando en reuniones familiares y de amigos, para luego transitar las calles y los boliches de su ciudad, llevando como único equipaje su voz. Carlos Lazzari, bandoneonista de la orquesta de Juan D'Arienzo, lo escucha cantar en el cine Aconcagua de Villa Devoto y poco tiempo después se lo presenta al maestro, quien le toma una prueba, en la cual interpreta los tangos “Eras como la flor”, “Remembranzas” y el vals “Quemá esas cartas”. El resultado es positivo y en el año 1957, se incorpora a la orquesta del Rey del Compás, con el nombre artístico de Jorge Valdez junto al cantor Mario Bustos, reemplazando a los consagrados Alberto Echagüe y Armando Laborde. Graba su primer disco, el tango “Andate por Dios”, el 8 de mayo de 1957 , al que le siguen “Destino de flor”, “La calesita” y “El reloj”, versión en tiempo de tango del famoso bolero. Durante su labor en la orquesta grabó 117 temas, trece de los cuales lo hizo en dúo, el primero de ellos acompañado por Mario Bustos y después —en orden cronológico— por Horacio Palma, Héctor Millán y Armando Laborde, quien en 1964 se había reincorporado a la orquesta. De los temas que Jorge Valdez cantó a dúo, el que obtuvo mayor éxito fue la milonga “Baldosa floja”, grabada con Mario Bustos. Entre las grabaciones con la orquesta de D’Arienzo, recordamos: “Adiós Chantecler”, posiblemente su tema más logrado, “Remembranzas”, “Estrella”, “La calesita”, “En el cielo”, “Casita de nácar”, “Hasta siempre amor”, “Se llamaba Eduardo Arolas”, “Ave de paso”, “Clavel del aire”, “Adiós corazón”, “Un solo minuto de amor”, “Marinera”, “Tu noche es mi noche” y “Chirusa”, el más popular. A propósito de este último tema, deseamos destacar que “Chirusa”, compuesto por Juan D'Arienzo y Nolo López en la década del veinte, fue grabado por su autor en tres oportunidades. La primera de ellas en el año 1928, con el estribillo a cargo de Carlos Dante. La segunda el 17 de mayo de 1940 con Alberto Reynal y la tercera el 29 de octubre de 1958 con Valdez. Este «gordo divino» o Cuore, como lo llamaba en la intimidad su amigo el cantor Roberto Mancini, era dueño de un fraseo fácil e inconfundible, de voz atenorada, cálida y melodiosa. Parecía una alondra haciendo fiattos falseteados, plenos de ricos matices. Registra su último tango con Juan D'Arienzo, “Amor de verano”, el 18 de noviembre de 1964, al año siguiente se aleja de la orquesta y es reemplazado por Osvaldo Ramos, quien cantaba con Florindo Sassone con su nombre real: Osvaldo De Sanctis. Posteriormente grabó con el maestro Osvaldo Requena, con quien reeditó canciones de su repertorio, a los que sumó “Gricel”, “En esta tarde gris”, “Carillón de la Merced”, “Verdemar” y “Nubes de humo”, entre otras. Graba luego con el acompañamiento de la orquesta de Alberto Di Paulo muy buenas versiones de “Barrio de tango”, “Fuimos”, “La canción de Buenos Aires”, “La vi llegar”, “Mimí Pinsón”, “Por una cabeza”, “Una piba como vos” y “Cuando un amigos se va”. Para resaltar mejor la gran sensibilidad de Jorge Valdez, rescatamos esta anécdota referida por Rafael Brescia, quien también lo acompañó en diversas oportunidades con sus guitarras. En la década del noventa Brescia había registrado una cinta con la voz de Carlos Gardel, reemplazando las guitarras que lo acompañaban por otras cinco dirigidas por él. «Cierto día llevaba a Jorge en mi auto y puse la cinta. Mientras la escuchaba vi una lágrima en sus ojos. Fue la mejor recompensa para mi trabajo». Durante su actuación como solista Valdez integró diversas “embajadas de tango” junto a Carlos Dante, Alberto Morán, Floreal Ruiz y Ricardo Ruiz y bajo la dirección orquestal de Jorge Dragone, estas giras le permitieron actuar en distintos escenarios de toda América. Sus discos, desde la época en que actuó junto a D'Arienzo, ganaron al pueblo hermano de Colombia, quien lo convirtió en ídolo y sus actuaciones en teatros, coliseos y plazas de toros, aún hoy son recordadas con cariño y admiración. Raúl Iriarte, ex cantor de Miguel Caló y próspero empresario en Bogotá, también lo convocó para actuar junto a Juan Carlos Godoy, Armando Moreno, Jorge Ortiz, Oscar Larroca y Roberto Mancini. Su último paso por ese país ocurrió en el año 2001. También actuó en Australia, donde las ciudades de Melbourne y Sydney gozaron con su voz y su estilo inconfundible. Previamente a todo esto, en abril de 1990, Jorge sufrió un serio accidente automovilístico en el tramo habilitado de la nueva autopista Buenos Aires–La Plata, a la altura de Dock Sur. En este incidente sufre diversas heridas y es llevado al hospital Fiorito para su atención. Le cosen la lengua que había sufrido un corte muy profundo y luego de un largo trabajo de rehabilitación supera el mal trance. En ese entonces Jorge se mostraba muy desanimado y con deseos de abandonar el canto. Son sus amigos quienes lo alientan a seguir y logran que se someta a nuevos y exigentes ejercicios de reeducación y foniatría. Vuelve a actuar en el Rincón de los Artistas, clásico reducto tanguero ubicado en Álvarez Jonte y Boyacá, pero él siente que ya no es el mismo. Tanto es así que un día al bajar del escenario, molesto por no escucharse bien, le dijo a sus compañeros: «Estoy engañando a la gente. Esto no es lo que yo quiero». No obstante ello, Jorge continuó con los trabajos de reeducación, hasta lograr colocar nuevamente su voz a la altura de su registro normal, lo cual no le resultó sencillo, pues su estilo le exigía muchísimo esfuerzo. El era un cantante de registro alto y no un “diseur” acostumbrado a musitar las letras. Sus innatas condiciones técnicas y su gran fuerza de voluntad lo ayudaron a dejar atrás el mal trance y reinsertarse en el mundo del canto. Sin embargo, aquel Jorge Valdez que había superado todas las consecuencias de ese ingrato episodio, no pudo años después, recuperarse de la angustia que le causó el fallecimiento de su esposa Laura y no obstante contar una vez más con el apoyo de sus amigos y el entrañable cariño de su hija, en lugar de luchar, se dejó estar y entró en una profunda depresión. Continuó actuando en reductos tangueros de Buenos Aires, Mar del Plata y Tucumán, pero ya no era el mismo y así, con su corazón destrozado sentimentalmente, falleció en el Sanatorio Colegiales de la Capital Federal como consecuencia de una afección hepática. Compuso dos temas, “Por favor no vuelvas” en colaboración con Celso Amato y letra de Raúl Hormaza y “Olvidemos todo” con versos de Santiago Adamini. Ambos temas los grabó con la orquesta de Juan D'Arienzo.

jueves, 18 de junio de 2015

Tango Posadas Facundo Argentina

Tango:

Milonguero de prosapia, Facundo Posadas, se destaca no sólo en el tango, además en el candombe y en la milonga con traspié. Baila el tango desde la década de los 50, y es el afroargentino más notable que gira a través del mundo tanguero, siendo conocido por su danza y también, por su tarea docente. Los comienzos de Facundo se dieron en las reuniones juveniles de la década del 50. A los trece años, la música ciudadana lo conmovió para siempre. En esa época, la gente bailaba mucho y en las reuniones se escuchaban orquestas típicas y de jazz. Quizá de esa mixtura, haya heredado su habilidad para bailar el rock y otros ritmos americanos. A medida que pasaba el tiempo, Facundo comenzó a frecuentar diferentes milongas, pistas de baile del centro de la ciudad. Empezó siguiendo a las orquestas principales del momento. De esa música en vivo, fue adquiriendo la esencia de la musicalidad y la cadencia que caracteriza su estilo. Aníbal Troilo, Carlos Di Sarli y Osvaldo Pugliese eran algunos de los músicos favoritos de este milonguero. En esas noches de tango y bohemia, frecuentó el mítico cabaret Dragón Rojo, ubicado en la calle Uruguay entre Perón y Bartolomé Mitre, pleno centro porteño. Allí conoció al legendario Príncipe Cubano, también tuvo la fortuna de trabajar junto a la orquesta de José Basso. Con el tiempo, su baile llegó a Estados Unidos, donde fue invitado en 1997. De esa época, fue notable la pareja con Kelly Posadas. Es defensor de los códigos del baile social, los transmite en sus clases y siempre retorna a las milongas populares para no perder su esencia tanguera. Actualmente, reside en Estados Unidos, donde desarrolla su actividad artística con su esposa Ching Pin y es respetado por todos aquellos que admiran el tango salón y el ritmo, en función de la milonga y el candombe. Facundo excede el rótulo de bailarín de tango porque en su versatilidad se halla la esencia de la danza rioplatense. Es, además, sobrino bisnieto del compositor Carlos Posadas. 

Tango Perre Saverio Argentina

Tango:

Nació en Platí, un pueblo de Reggio Calabria, al sur de Italia; pero en 1949, por esas cosas del destino, llegó a Buenos Aires cuando andaba por cumplir los 12 y comenzó a sentir el llamado del tango. Durante un tiempo vivió en Mataderos, donde aprendió el arte en las milongas. Tenía entre sus favoritos a Di Sarli, Fresedo y D’Agostino, por cuyos compases adquirió una modo de baile clásico y elegante. Luego, cuando calzó los largos, el talento lo hizo participar como bailarín en una obra y se dedicó a las tablas hasta integrar el Teatro Escuela Fray Mocho en los 50. Años después trabajaría en cine con los directores Sergio Leone y Franco Rossi, entre otros, para la televisión italiana y en coproducciones ítalo-argentinas. Así pues, a los 34, mudó al centro con casa propia y desde 1980 se dedicó a enseñar. Su estudio de la avenida Belgrano 2259 fue uno de los más reconocidos. Por allí pasaron notables maestros: Antonio Todaro, Raúl Bravo y Pepito Avellaneda, por mencionar algunos. Saverio Perre llevaba una barba candado solidaria con su sonrisa, siempre disponible. Era un caballero de estatura baja, pero que tenía la grandeza que confiere la humildad, esa grandeza por la cual el tango sigue brillando.

Tango José Orrade Argentina


Tango:

Más conocido como El Vasco de Villa Crespo. Nació en 1902 y falleció en 1962. Bailaba con Lucy y luego con su esposa Olga. Sus orquestas preferidas fueron las de Juan D'Arienzo y la de Osvaldo Pugliese. Qué bailarín con mayúscula en la expresión tanguera del año cuarenta, cuando danzaba con la infinita elegancia del decir y la plasticidad de sus movimientos exactos, lástima grande que no dejó nada filmado al respecto. Porque no se puede transmitir en la suprema constelación del tango, la manera y la forma de comunicar las sensaciones secretas de la danza, sin sentir la emoción íntima, que sobrecoge al espectador, ante el mensaje perfecto. Los ojos que la miraban sus órbitas se dilataban. viendo sublimadas las formas exquisitas, sin perder detalle, de sus ajuste y equilibrio, en la armonía real de los movimientos. La piel se erizaba al seguir el curso de su deslizamiento, que se trocaba, ora en sueños ora en mensajes, describiendo con exactitud matemática, los arabescos que le dictaba su imaginación, al compás y ritmo perfectos de la música que danzaba, superando con el mensaje coreográfico, la concepción M decir del tango. Qué bailarín que emocionaba, por la manera de expresarse, porque era tan simple, tan sencilla, tan comunicativa, que . e la formas del decir eran perfectas. Por eso la sensación que recibía el espectador, era tan fuerte que no se podía sobrecoger, en la emoción del mensaje que veía y tenía que estallar en el aplauso, único premio, que podría brindarle. Al hacer viajar la imaginación por las estrellas, para ganar altura, para buscar formas superiores, en la concepción de la danza y alejarse de la tierra o sea de la realidad, después con las nuevas formas descubiertas y el sueño hecho vivienda, para mostrarla a los terráqueos, lo que es el decir de los astros y las formas de los movimientos celestes, transportados para materializarlos a nuestros ojos. Así era la danza que ejecutaba este gran bailarín, que se expresaba con mucha altura, usando movimientos simples y perfectos, comunicando todas las sanciones habidas, hasta llegar delicadamente a la emoción. Su danza tenía la belleza serena y transmitía sublimidades exquisitas. En vida se llamó José Orradre, se fue el (Q.E.P.D.). Fue el bailarín que tuvo Juan D’Arienzo, aquella noche de diciembre, que llovía a cántaros, entró en coma y no salió. 

miércoles, 17 de junio de 2015

Tango María Rivarola Argentina

Tango:

María y Carlos Rivarola componen una de las parejas más notables del Tango Danza. Ellos son artífices de un estilo de baile tan distinguido como genuino. Poseen la esencia del Tango Salón y la proyectan en los escenarios a través de logradas coreografías. Carlos y María, ambos con formación sólida en otras danzas, se presentaron artísticamente juntos a mediados de la década del ´70. En 1975 formaron parte de un espectáculo organizado por Nélida y Nelson que recorrió Perú, Colombia y Venezuela, además de actuar como una de las parejas estables del programa televisivo La Botica del Tango, conducido por Eduardo Bergara Leumann. En 1983 integraron el elenco que estrenó en París el exitoso espectáculo Tango Argentino, de Claudio Segovia y Héctor Orezzoli, impulsando el renacimiento mundial del tango danza. Cabe destacar que Carlos y María Rivarola han establecido una conexión artística especial con Japón, país al que comenzaron a viajar en 1984. La relación con el país nipón es tan grande que en 1986, Carlos Rivarola creó y dirigió el primer espectáculo de tango integrado totalmente por bailarines, músicos y cantantes japoneses. En la misma tesitura, en 1996 Carlos y María dirigieron el show Los Grandes del Tango Argentino, especialmente preparado para Oriente, que incluyó la participación de otras personalidades de la danza tales como Juan Carlos Copes, María Nieves, Nélida y Nelson, Mayoral y Elsa María, Carlos e Inés Bórquez y la Orquesta Color Tango. En ese país también fundaron y sostienen varios clubes y academias de tango en Tokio, Yokohama, Nagoya y Osaka. Asimismo, Carlos fue primer bailarín junto a Eleonora Casano en la compañía Tangokinesis, dirigida por Ana María Stekelman en el año 1998 y en cine, actuó como bailarín y coreógrafo en Tango Bar (1989) de Marcos Zurinaga, Naked Tango (1991) de Leonard Schrader y Tango, de Carlos Saura. El trabajo en este último film le permitió ganar el Premio Nacional de Coreografía 1999 que otorga la Academia de Danza Cinematográfica de Estados Unidos. En 2001, los Rivarola fueron dos de los fundadores de la Asociación de Maestros, Bailarines y Coreógrafos de Tango Argentino (AMBCTA), en la cual Carlos también se ha desempeñado como presidente, con el fin de defender los intereses profesionales de los bailarines de tango. Carlos y María han escrito el libro Así se baila el tango argentino, con el investigador de tango Yoyi Kanematz, que fuera editado en Japón. María es además poseedora de una estética cautivante: desde sus ojos eternamente bellos hasta el vestuario cuidado en todos los detalles. Además de ser una eximia bailarina, ella tiene una habilidad natural para el diseño de su indumentaria. Uno de los primeros trabajos llevados a cabo en este aspecto fue para la gira que realizada con Mariano Mores por Japón en el ’84, cuando diseñó los trajes femeninos de tango y folclore para toda la Compañía. También ha colaborado en varias ocasiones con la elección del vestuario masculino y diseñó la indumentaria del cuadro final del show del restaurant porteño El Querandí. Con una alquimia perfecta, esta pareja mantiene su pasión inalterable por la esencia tanguera en todos los emprendimientos artísticos que realizan y son una referencia insoslayable del Tango Danza.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Tango Montes Mariana Argentina

Tango:

Nacida en Buenos Aires, Argentina, junto a Sebastián Arce desarrollan su actividad en el tango desde 1998. Esta pareja ha viajado por el mundo enseñando y actuando. A partir de 2011, han visitado más de 140 ciudades en 35 países. Juntos crearon un espectáculo de danza Piazzoleando y bailaron en el espectáculo de danza Éxodo Tangueado. Ella también apareció en el documental de 2010 Ad occhi chiusi, de Simonetta Rossi. Actualmente viven en Cagliari, donde imparten clases de tango en las clases regulares de Tango Danza.

lunes, 2 de febrero de 2015

Tango Lorena Ermocida Argentina

Tango:

Bailarina profesional de renombre internacional, maestra y coreógrafa de Tango. Es graduada del Profesorado Nacional de Danza Clásica y Contemporánea. Dio sus primeros pasos en el tango en 1997, pero se dedicó plenamente a esta danza desde 1999. Estudió con los mejores maestros de tango de ese momento, incluidos Gloria y Eduardo Arquimbau, Gustavo Naveira y Olga Besio, Mingo y Ester Pugliese y Antonio Todaro, entre otros. Ha trabajado como bailarína en La Galeria del Tango Argentino, del mítico barrio porteño de Boedo y ha filmado diferentes documentales y películas como Evita. Era ayudante de coreografía del famoso maestro Juan Carlos Copes en el espectáculo Orquesta en 1995, en el que también participó como bailarina. Se incorporó a la compañía TangoX2 en 1995 y 1996. En 1997, junto con Osvaldo Zotto formaron una de las parejas de tango más importantes hasta mayo de 2008. El reconocido cantante Julio Iglesias los convocó tanto en 1999 para trabajar con él hasta mayo de 2008 y luego Lorena continuó hasta noviembre del mismo año. Participó en el documental de la RAI, El Tango a Passo Di. The Bowl Hollywood Symphony Orchestra, los convocó para algunas funciones, donde bailaron frente a 50.000 personas en la ciudad de Los Angeles, California. También fueron invitados al festival Buenos Aires Tango en France 2, en el Teatro Nacional Chaillot, de París, y participó en los festivales más famosos de todo el mundo como Nápoles, Madrid, Sitges, Granada, Roma, Génova, Turín, Bolonia, Hamburgo, Hanover, Miami, Florianópolis y Buenos Aires. Bailaron en los teatros más importantes del mundo, como el Metropolitan Opera House de Nueva York, el Royal Albert Hall de Londres, el Luna Park de Buenos Aires, la Ópera de París, entre otros. En conjunto, también se unieron a la compañía TangoX2 en sus dos obras Una Noche de Tango y Perfumes de Tango, con las que visitaron Inglaterra, Alemania, Italia y Estados Unidos, además de los protagonizar Perfumes de Tango en la ciudad de Mar del Plata en enero de 2001. Ellos, Lorena y Osvaldo, ganaron el premio Leonide Massine en la ciudad de Positano (Italia) por su carrera artística. Trabajó durante 6 meses como pareja de baile de uno de los más grandes bailarines de la historia del tango: Juan Carlos Copes, actuando en el espectáculo Esquina de Carlos Gradel. Ha participado como artista invitado en el Tour Baile Tango en Italia en julio y agosto de 2009. Viaja por Europa por su actividad docente y artística por ciudades como Ginebra (Suiza), Lovaina en Bélgica, Roma, Avellino, Salerno Taranto, Trieste y Módena (Italia). Participó como artista invitada en el Festival de Florianópolis 2010. También participó como jurado en el Campeonato del Mundo durante varios años. En abril y mayo de 2012 realizó una gira para la impartir cursos en los festivales de tango en Amsterdam, Porto, Ankara (Turquía) Florencia y dio seminarios especiales en las ciudades de Nápoles y Ginebra. Hacia septiembre y octubre participó en el Festival de Tango en Sydney Australia con su compañero Oscar Martinez Pey. En Buenos Aires dicta permanentemente seminarios como profesora invitada en numerosas academias.

Tango Elías Borovsky Argentina

Tango:

El Rusito Elías Bailarín (1916 - 1986) Nombre completo: Elías Borovsky Uno de los grandes milongueros anónimos Por Guillermo Bosovsky Se llamaba Elías Borovsky. Por error de un funcionario al emitir la libreta de enrolamiento, a los dieciocho años la r del apellido se transformó en s. Nació en Buenos Aires, en 1916. Hijo de inmigrantes, su padre era ruso y su madre polaca. Se crió en ambiente de tango. Desde los primeros años de la adolescencia compartía las largas horas de prácticas que su hermano mayor, un gran milonguero, tenía con sus amigos. Este hermano mayor, Simón, se casó más tarde con Rosita, también una gran milonguera y siguió concurriendo a los bailes durante años después de haberse casado. Elías no estaba destinado para el mundo de la empresa, la religión, la formalidad, el culto al dinero. Su religión era el tango, y era un perfeccionista. Era pintor de paredes, y hacedor de todo, habilidoso con las manos como lo era con el baile. Pero en realidad nunca le llegó a interesar el trabajo como le interesaba el baile. Y esto en un sentido pleno, también referido al tango: nunca actuó como profesional. En muchas ocasiones hacía exhibiciones en los más famosos salones de su época. Lo apodaban "El Rusito Elías". Se pasó la vida enseñando a grupos, a bailarines profesionales, perfeccionando o enseñando a hacer coreografía a parejas que actuaban en teatro o televisión. Todo eso sin cobrar. Era por puro perfeccionismo: no podía soportar que se bailara mal y que estuvieran dando espectáculos por teatro o por televisión bailarines mediocres. Desde su adolescencia se dedicó durante años a practicar, perfeccionar pasos y giros, crear figuras... Después, ya desde antes de los dieciocho años, pasaba las noches en las milongas. A los dieciocho o diecinueve años pintaba un salón de tango "La Buenos Aires" y se fue de la casa de los padres para dormir en un estante del guardarropas, en el que se quedaba después de haber ejercido su autoridad durante el baile. En esa época lo conoció el tano Humberto Martucci, otro gran milonguero que después sería su cuñado y que, la misma noche que lo vio bailar al Rusito y se hizo su amigo, también se fue de la casa de sus padres y se quedaba a dormir en otro estante del guardarropas. Más tarde estos amigos se harían familia, al casarse con las hermanas Felicia ("Nilda") y Anita ("La Gallega"), las novias con quienes habían bailado y habían hecho exhibiciones en las milongas. El Rusito Elías llegó a elaborar a fines de la década del treinta y principios del cuarenta, junto a otros grandes milongueros de su generación, un desarrollo importante en la técnica del baile, con un estilo muy depurado, elegante, preciso, fruto de los años de intensa práctica y estudio. Su paso básico no era igual al que se baila hoy: salía con la izquierda, daba otros dos pasos, enderezaba el frente y cerraba con la derecha. En medio de esa posible secuencia aparentemente simple de cuatro pasos intercalaba todo tipo de giros, figuras, enrosques y desenrosques. Improvisaba todo el tiempo. Si bien tenía un repertorio amplísimo de figuras y recursos expresivos, su forma de concebir el baile le permitía ir creando sobre la marcha situaciones y figuras a partir de los cambios de ejes en los giros y medios giros. Tenía un perfecto equilibrio y en el baile hacía culto a la elegancia, al carácter de los pasos, a la precisión y limpieza de las figuras, a la cadencia musical. Despreciaba tanto a los "verduleros" de la milonga, aquellos que acumulaban "verduritas", una sobrecarga barullera de acciones en medio de un gran descuido de la calidad y la postura, como a los que hacían acrobacias cambalacheras en los escenarios, un tango-fantasía sin sustento sólido en las raíces populares. Vivió siempre muy pobre, porque nunca le interesó el dinero. En esa época no era habitual que un milonguero pudiese vivir del tango o que ganara dinero con lo que era su pasión. Era muy sencillo en sus costumbres y en sus relaciones con los demás, pero sentía el orgullo de saberse parte de una casta superior, la de los milongueros de elite. Enseñó a bailar a mucha gente, incluidos algunos bailarines profesionales a los que perfeccionaba y les enseñaba a crear coreografía. Respecto a las orquestas, tenía muy definidas sus preferencias y sus rechazos. Las escuchaba solamente con el corazón y con los pies: además de sus ídolos de juventud, en los años maduros amaba principalmente a Osvaldo Pugliese en la misma medida en que rechazaba a Piazzolla, porque, según él pensaba, había destrozado el tango bailable. Nunca entendió que una orquesta tocase tangos sólo para ser escuchados, y en esos tiempos de protagonismo piazzollano el baile estaba contra las cuerdas. En 1960 el Rusito tuvo un estímulo para transformarse en profesional: la orquesta de Mario Canaro, hermano de Francisco, le propuso formar la pareja de baile para un espectáculo que iba a realizar una gira por Latinoamérica. El comienzo de la gira iba a ser en Lima, Perú. Fue la primera vez que Elías viajaba en avión, y era el orgullo de todo el barrio. El destino quiso que nunca llegara a ser profesional: el día que iban a debutar, la compañía entera sufrió una intoxicación que los llevó a todos, el Rusito incluido, al hospital, y después de vuelta para Buenos Aires. En sus años maduros vivió con el temor de que el tango desapareciera, porque le tocó padecer la época negra en que éste fue excluido de los circuitos de la industria cultural y los medios de comunicación. Fue un milonguero típico, uno de los tantos anónimos creadores del tango en aquellos años épicos del treinta y el cuarenta, aquéllos que desarrollaron, hasta un nivel extraordinario de sofisticación, los fundamentos del baile actual, el arte de su enseñanza y las bases de su profesionalización. Nunca fue filmado. De él y de otros que carecieron del soporte de la industria cultural, con un cine y una televisión a los que el tango bailado no interesaba, sólo quedó un patrimonio que heredaron, inevitablemente sin conciencia y sin memoria, los milongueros, los profesores y los profesionales actuales. Hoy no quedan documentos, ni filmaciones, ni testigos vivos de aquellos años épicos, finales del treinta y principios del cuarenta, en los que el Rusito destacaba en las milongas. Petróleo, uno de los grandes milongueros que lo llegó a conocer personalmente en aquella época, todavía se acordaba de él, y de su hermano Simón, ¡cincuenta años después!, según le relató a Mingo Pugliese poco antes de morir. El Rusito Elías murió en Madrid en 1986, sin saber que aquellas botellas lanzadas al mar mediante la paciente transmisión a tantos alumnos, habían sido recogidas años después por muchos, que el tango estaba comenzando a renacer y que volvería a ser bailado por mucha gente, no sólo en Buenos Aires sino también, como en los años de gloria, en Europa, Estados Unidos y otros lugares.

Tango Francisco Ducasse Francia

Tango:

Francisco Ducasse (alias "El Francés) Actor y bailarín Mimi Pinsonette fue una de sus compañeras de baile, nacido en 1887, estaba casado con la actriz Angelina Pagano, bailaba en lo de Hansen, murió en 1926. Según Francisco Garcia Gimenez, estando Ducasse de gira en Paris, la princesa de Murat, bailó con el en un concurso de tango organizado por el diario Excelsior, en los Campos Elíseos. Obviamente ganaron el primer premio. Antonio María De Marchi 25/08/1875-20/02/1934. El Barón De Marchi, Italiano, radicado en Argentina desde 1894, esposo de la hija de Julio Argentino Roca, María Roca, En 1912 organizó una fiesta en el Palais de Glace, para que la sociedad porteña admitiese al tango.

Tango Antonio De Marchi Italia

Tango:

El barón Antonio De Marchi nació en Pallanza, Italia, el 25 de agosto de 1875 y murió en Buenos Aires, el 20 de febrero de 1934. No es justo ocuparse del desarrollo y la evolución del tango sin mencionar a este ilustre personaje, que abrió a la danza porteña los salones de nuestra aristocracia. El Barón De MarchiLlegó a Buenos Aires a fines del siglo XIX. Su abuelo Silvestre lo había hecho setenta años antes como representante de Suiza y había instalado una droguería muy próspera. Su padre Antonio, se había casado con Mercedes Quiroga, hija de Facundo. El joven Antonio, que con su hermano Alfredo, estaba encargado de la droguería familiar, se casó a su vez con María Roca, hija del general Julio Argentino Roca, quien fuera presidente de la República Argentina en dos períodos (1880-1886 y 1898-1904). Su perfil era, principalmente, el de un deportista y pionero. Fundó en efecto, la Sociedad Sportiva, creó el Cercle de l´Eppé para difundir la esgrima, fomentó el automovilismo; organizó los Boy Scouts de Buenos Aires; formó los batallones escolares que desfilaron en las fiestas del Centenario (1910); impulsó el hipismo; cultivó la amistad de Jorge Newbery, facilitó al Aero Club el campo de la Sportiva (actual zona del Planetario de la ciudad), desde donde el 25 de diciembre de 1907 partió el globo Pampero, tripulado por Newbery y Aaron de Anchorena. Luego al estallar la primera guerra mundial, regresó a su país y se incorporó allí a las tropas combatientes. Vuelto a la Argentina, después del armisticio, promovió la visita de la Misión Aeronáutica Italiana y presidió el Comité Aeronáutico, entre cuyos dirigentes estaba Daniel Videla Dorna, otro gran tanguero que, en 1913, había sido miembro del jurado en el concurso del Palace Théatre de la calle Corrientes 757, estas actividades deben sumarse a otras tantas. En 1912, a quien el rey de Italia había otorgado el título de Barón, organizó en el Palais de Glace una velada destinada a exhibir, ante la deslumbrada burguesía porteña, la danza criolla que estaba haciendo estragos en París y contra la que los obispos franceses comenzaban a lanzar duras invectivas (hasta hay una historia de una exhibición de danza en el Vaticano). La orquesta estuvo integrada por Genaro Espósito (bandoneón y dirección), Vicente Pecce (violín), Vicente Pecci (flauta) y Guillermo Saborido, hermano de Enrique, (guitarra). Según figura en otra fuente Juan Bautista Deambroggio —Bachicha— estuvo a cargo de la orquesta. Al año siguiente, en el mes de septiembre, patrocinado desde la presidencia de la Sociedad Sportiva ocurre el concurso del Palace Theatre y allí la orquesta estuvo dirigida por el violoncelista Carlos Marchal. Los tangos en concurso resultaron 62 y los elegidos fueron "Tony", firmado con el seudónimo J. Nirvassed, que resultó ser un chacarero de origen francés, músico orejero, llamado José de Wavrin. Fue publicado con el título de "American Cirque Excelsior". Otro fue registrado como "Pocho", pero estaba mal escrito, en ralidad era "Pacho Número 5", de Juan Maglio. Y finalmente, también fue reconocido, "El aventurero", aunque sin conocimiento cierto de más datos. Cuando se los ejecutó, la mayor parte de la «high life» presente salió a bailar. A partir de ese día, fueron solicitados para las importantes fiestas en los grandes palacios, los ya conocidos Vicente Greco y Francisco Canaro. Juan Carlos Herrera uno de los presentes y destacado bailarín fue el profesor preferido de la «Haute». Si bien el tango estuvo siempre presente dentro de esta clase social, lo fue de, puertas adentro, al mismo tiempo que en los arrabales. Pero a partir de entonces hubo una amplia aceptación y el tango abiertamente inició su periplo. Cafés y peringundines, garçonieres, París, el Palais de Glace, el Palace Theatre y los tantos salones donde se aposentó la clase media. (Extraído de los fascículos Letras de tango, por José Gobello, Editorial Meralma). Página de la partitura American Cirque Excelsior, en la que se menciona a los integrantes de esa agrupación. Nota de la dirección: El texto precedente está en las antípodas de lo que nos dicen Hugo Lamas y Enrique Binda sobre este personaje, al que califican de «execrable», en su libro El tango en la sociedad argentina 1880-1920. En esta obra demuestran que el tango ya era moneda corriente en la juventud de la clase alta. Y citan, entre otros argumentos, un artículo publicado en el diario La Nación (Buenos Aires, 10/12/1911) que ironiza a la Sociedad Sportiva creada por el Barón y se queja cuando dice «¡Sostener y popularizar más todavía al tango! ¿Por qué? ¿Para qué?». Aclaración sobre otra leyenda. Es común escuchar entre tangueros un episodio que involucra al Papa Pío X. Aquel que protagonizó el bailarín Casimiro Aín quien, estando en Roma, consiguió una entrevista con el Papa para demostrarle que la danza del tango no tenía nada de pecaminoso. Se dice que para la ocasión, dejó a un lado a su compañera Peggy (cuya figura no era apropiada) y fue acompañado por una empleada del Vaticano de apellido Scotto (que curiosamente sabía bailarlo) y con el acompañamiento de un clave tocado por un colaborador del Santo Padre, danzaron sin cortes ni quebradas, un tema de Francisco Canaro. Años atrás el musicólogo Enrique Cámara de Landa, a nuestra solicitud, y aprovechando que estaba realizando un trabajo en la hemeroteca del Vaticano, luego de que le reseñáramos la historia, recorrió exhaustivamente los ejemplares del diario del Vaticano —documento donde figura hasta el movimiento más pequeño de lo allí ocurrido—, anticipándome, con conocimiento de causa, que le resultaba muy extraño que un Papa se ocupara de tal nimiedad, que para esos casos enviaba un subalterno. Pasado un tiempo, su respuesta fue negativa. No encontró ninguna mención. Un par de años después, se lo volví a solicitar ratificando fechas con algún otro dato. Tampoco encontró absolutamente nada relacionado con el tango. Para definir terminantemente esta cuestión, pudo averiguar que todo nació de la imaginación del corresponsal romano del diario Le Temps de París, Jean Carriére. Se trata entonces de una falsedad, como es también el final de ese cuento cuando se menciona que a partir de ese instante, el tango fue aceptado por la sociedad y pudo ser bailado sin culpa alguna. Cámara de Landa reside actualmente en Valladolid, España, siendo su centro de acción la universidad de esa ciudad.

Tango Luis María Cantero El Negro Pavura Argentina

Tango:

Era del Bajo Belgrano. Trabajaba como vareador en un stud de la zona. Hacia 1912 o 1913, inicia sus primeras prácticas en una academia de baile que pertenecía a El Cachafaz, que estaba ubicada en la esquina de Blandengues y Echeverría. Posteriormente, continuó su aprendizaje en la academia Olimpo. En 1926 fundó en su domicilio de Sucre y Artilleros el salón Dancing Bleu, en el que dictaba cursos de baile. Tiempo después, lo trasladó a un local que estaba ubicado en la calle Cabildo entre Olazábal y Blanco Encalada. Bailaba con La Peti.

martes, 27 de enero de 2015

Tango Carmencita Calderón Argentina

Tango:

La mítica compañera de El Cachafaz En aquellos ambientes iniciáticos del tango, de caña fuerte, de humo de tabaco espeso y ordinario, de competencia bravía, camorrera, la mujer apenas despuntaba su presencia a través de prostitutas extranjeras -en su mayoría francesas- o chicas del interior conocidas popularmente como chinas. La danza porteña nació bastarda, machista y orillera y a las féminas les costó su tiempo franquear esas puertas prohibidas incluso para la sociedad pacata de la época. Pero el tango supo esperarlas y les dio el salvoconducto en su aduana a las musas milongueras que venían a iluminar las nuevas pistas bailables en salones y clubes que desplazaban a academias, bailongos y cabarutes. Para ello debió abandonar la procacidad de sus movimientos, transformándolos en una sustancia íntima, sensual, recoleta, que abarcaba a una comunidad cuyos sentimientos eran intransferibles y donde machos y minas compartían una pasión común. Uno y otro creaban al compás de la música, el hombre llevando, marcando compases y pasos, la mujer interpretando el modo de devolver y disfrutar en su cuerpo lo que el bailarín le estaba proponiendo. Y en este rincón nos reconforta traer por las coordenadas del recuerdo a esa viejecita que se nos fue hace muy poco, llamada Carmen Micaela Riso de Cancellieri, aunque artísticamente al haber adopatado el apellido de su abuela materna española, se la conoció como Carmencita Calderón y que durante años fue pionera y arquetipo, en la sala y el escenario, en academias, en cine, en giras, acompañando a bailarines de luenga fama y desafiando los prejuicios de la época, porque no sólo el tango era machista. Me gustaba tirarle de la lengua para que hablara de aquellos tiempos en que se la admiró tanto: «Hoy día hay muchos bailarines como el Cachafaz, y bailarinas completísimas... «¡No diga eso, por favor! El Cacha fue el más grande de todos -respondía exaltada-. Nadie ha hecho los pasos de él, nadie fue tan elegante, nadie inventó tanto...» Carmencita, como le llamábamos todos, fue una reina pero el marketing de la época no daba más que para una jubilación mínima. Aprendió a bailar a los 13 años en casa, con su hermano Eduardo y no soñó jamás con un futuro de bailarina profesional. Una noche de 1932 acompañó a las dos hermanas menores a bailar al Club Sin Rumbo en su barrio de Villa Urquiza. La madre había muerto joven y ella acudía en calidad de celadora, aunque tenía nada más que 27 años. Unos amigos que conocían sus habilidades la pincharon para que bailara con un habitué de mucho prestigio. «-Era un señor italiano, pelado, que había quedado viudo hacía poco. Ahí me acordé que yo había visto pasar el cortejo desde la ventana de casa, en la avenida Constituyentes. No me parecía nada del otro mundo, así que les hice caso y bailé con él. Recordaba Carmencita.» El bailarín en cuestión era nada menos que Tarila -José Giambuzzi- maestro de muchos destacados, que después de unos cuantos tangos, le hizo una proposición. «¿No querría usted bailar conmigo en mi Academia y con El Cachafaz en la suya?» Cachafaz fue la palabra mágica y, al día siguiente, estaba ella en el café de Corrientes y Talcahuano donde paraba El Cacha todas las tardes y donde le presentaría a su gran amigo, Carlos Gardel y a otros de su barra como Alippi, Muiño o Tito Lusiardo, pues la primera mesa de la confitería era su secretaría. El Cachafaz era feo, picado de viruela, tenía una pinta casi patibularia, que lograba desvanecer cuando patinaba sus charoles por el encerado y a su lado como abrojito prendida, Carmen completaría el rubro más emblemático. Debutaron con la orquesta de Pedro Maffia en el Teatro de San Fernando, hicieron numerosas giras, sobre todo con Canaro y su Historia del Tango, y la última presentación juntos fue en 1942 en Mar del Plata. Después de bailar "Don Juan", en los camarines, El Cacha -55 años-, caería fulminado de un síncope. Ese año 42, en un Palermo Palace atestado, con la orquesta de Ángel D'Agostino -que también era bailarín- y la voz de Ángel Vargas, Carmencita fue aclamada por los milongueros, haciendo pareja con El Pibe Palermo -José María Baña-. Siempre supo que dejarse llevar por un hombre en la pista o el escenario no es subordinarse o ser sometida por el macho, sino aceptar su conducción para poder bailar. Y así, mientras el brazo como una serpiente se enrosca en el talle que se va a quebrar, ella, en trance, navegando en la latitud del pentagrama, ignorando a veces el alarde sombrío de algunos hombres, improvisaba con ellos figuras y dibujos complicados que despertaban admiración. Surgida de la escuela popular, de los salones y clubes barriales, su lenguaje corporal era único, henchido de sentimiento y de una bizarra simplicidad que no se aprende en academias. No fue mujer ni amante del mítico Cacha, que siempre la trató de usted, aunque le llevaba 16 años de edad. ¡Jamás ensayó coreografía alguna! Y recordaba a su madre como la maestra secreta: «Siempre me decía: Levantá la cabeza y no mirés al suelo , y me corregía la postura. Murió con 39 años, pobre, y mi padre se murió sin saber que yo bailaba tangos, porque estaba muy mal visto». El tiempo la gastó como a cualquier criatura pero su magisterio de avanzada pergeñó a futuro que la milonguera sabe dejarse llevar validando la propuesta del varón que baila bien. Y que merced a su sensibilidad tanguera, a su entrega y dedicación, con su propio estilo y convicción, logrará junto a él una emoción intransferible. La vi bailar ya muy mayor, junto a Juancito Averna, y mantenía ese fuego interior, notable precisión en el ritmo , moviéndose al compás de la música y de los erráticos dibujos que le proponía su joven compañero, con una emoción antigua y renovada. Bailó con el Cacha en la película Carnaval de Antaño, de 1940, estuvo 10 años junto a él, acompañó a otros bailarines y es reconocida generosamente por sus sucesoras. Carmencita trasmitía ese tango que se silbaba y se tarareaba por las calles y que su madre cantaba mientras lavaba la ropa. El que se caminaba por las pistas porteñas sin ganchos ni voleos espectaculares, pero con un abrazo intransferible, único, deslizando la suela por el piso, sin verso ni franela, porque por sobre todo lo primero era bailar y sentir el fueye del Gordo, el piano del Tuerto o el compás de D'Arienzo. Carmencita sigue sumando, es nonagenaria, y al recrearla en ajadas fotografías , homenajeamos en su persona a todas las milongueras que acuden en las pistas al llamado ancestral del tango. José Gobello la definió así: «Vos sos la piba sin tiempo / milonguera de alto rango, / sos eterna como el tango que te lleva en su compás. / Carmencita Calderón las baldosas se estremecen / presintiendo tus quebradas, tus corridas, tus sentadas / cuando invitan a bailar». Amén.

Tango Bravo, Jorge Raúl Argentina

Tango:

Vivió durante toda su vida de su profesión de bailarín, pero además, es un experto en diseñar coreografías para shows y espectáculos musicales. Son muchísimos los profesionales del tango danza que han aprendido con él y con su amigo y socio, Antonio Todaro. Nacido en 1934, en la provincia de Santa Fe, Bravo fue milonguero desde temprana edad. Comenzó a bailar a los 14 años en Floresta, el barrio donde se radicó su familia, en la zona oeste de la Ciudad de Buenos Aires. Como tantos colegas de su generación, no pudo vivir sólo del tango y, durante los primeros años de carrera profesional, trabajó en el Correo Argentino y en el Bank of America. En 1962, debutó como bailarín solista en un show que se ofrecía a pocos metros del Obelisco, en la mítica calle Corrientes del centro porteño. En 1963, remplazó a Virulazo en El Viejo Almacén, el conocido local del barrio de San Telmo, propiedad de Edmundo Rivero. En 1964, compartió el escenario del Teatro Astral con el cantante Guillermo Fernández, entonces un niño prodigio, hoy uno de los artistas más talentosos del tango. También, siguió los compases de los músicos de Carlos Di Sarli para reinaugurar el Cabaret Marabú, de la calle Maipú, uno de los más famosos del centro en la época de oro del tango. Ya en 1968 realizó su primera gira internacional junto a la popular orquesta de Juan D'Arienzo. Durante todo este período su pareja de baile fue Haydée Varoni. Más tarde vendrían otros logros más conocidos: un espectáculo junto a la cantante Libertad Lamarque y sus roles como primer bailarín y coreógrafo de la compañía de Mariano Mores. Recién en los 90, empezó a ser masivamente considerado como un referente del tango danza. Al analizar ese reconocimiento tardío, el propio Bravo afirma: «En la época en que éramos jóvenes, no existían las posibilidades de reconocimiento social que hay hoy, porque éramos muy pocos los que bailábamos tango y el mercado laboral, tanto en la Argentina como en el exterior, era mucho más restringido para el tango.» Este maestro, corógrafo y bailarín es conocido en el ambiente tanguero como maestro de maestros, ya que a él pertenecen algunas de las coreografías que numerosos bailarines despliegan en Buenos Aires y en el mundo. Asimismo, Bravo le ha dado clases a personalidades de la danza como Guillermina Quiroga, Roberto Reis, Carlos Copello, Natalia Games, Gabriel Angió, Pancho Martínez Pey, Osvaldo Zotto, entre muchos otros. Actualmente, se puede afirmar que es una de las personalidades más significativas del tango danza articulado con la enseñanza, junto a los fallecidos bailarines Antonio Todaro y Pepito Avellaneda. Dueño de una energía única, despliega cada figura como si dibujara un pedazo de Buenos Aires con sus piernas. El carácter, la tenacidad y la nobleza son algunos de los atributos que definen a este bailarín que posee más de 58 años de experiencia bailando y dando clases. En su larga carrera trabajó con grandes orquestas típicas, como las de Juan D'Arienzo, Miguel Caló, José Colángelo, Los Señores del Tango, Mariano Mores, Osvaldo Pugliese. Sus giras por Estados Unidos, donde actuó en Las Vegas, Miami, Los Angeles, así como por Europa, Centro América, se repiten año tras año. En reconocimiento a su carrera como bailarín, ha recibido muchas distinciones y premios: en 1957, ganó el concurso de tango en la Confitería Dominó; en el año 1964 ganó en la Confitería Siglo XX su segundo concurso; en el año 1968 gana su tercer concurso de La Casa del Tango; en el año 1989 fue el primer bailarín y coreógrafo de la compañía de Libertad Lamarque, siendo ganador del premio Estrella de Mar, Juntamente con la orquesta de José Colángelo; en el año 2011 fue distinguido como El maestro más destacado del año por Solo Tango. Un párrafo aparte merece su condición docente y en especial el Método Todaro-Bravo, sin duda, uno de los aportes más relevantes a la difusión del tango como danza popular, que hizo junto a Antonio Todaro (otro maestro de maestros), en las dos academias que crearon y dirigieron en Buenos Aires durante más de 15 años, entre 1970 y 1985. El sistema o método que desarrollaron es profundamente pedagógico, donde el alumno es tomado desde un comienzo por el profesor para que experimente los movimientos en contacto con el otro. Según palabras de Bravo: «Para mí es fundamental que el hombre experimente desde un principio la relación entre los cuerpos y que cuando es conducido sienta cómo se sienten las diferentes marcas que hace un conductor.» Bravo recuerda nítidamente su labor junto a Todaro y afirma: «Antonio fue compañero de trabajo, amigo y socio. A partir del agradecimiento que recibió de Miguel Ángel Zotto su nombre se hizo mucho más conocido que el mío, pero también porque yo soy perfil bajo. Cuando voy a una milonga prefiero que me den una mesa que no esté sobre la pista. Pienso que si hay alguien que me ve y que me quiere saludar, lo va a hacer igual.» Indudablemente, Raúl Bravo es un auténtico artista de nuestro tango, sabio y generoso, prototipo del más rancio estilo porteño.

domingo, 25 de enero de 2015

Tango Schianni Bidart, Eliane René Argentina

Tango:

Nació en Buenos Aires en el barrio de Boedo y murió, en esa ciudad, el mismo día que nuestro querido cantor Roberto Goyeneche. Fue casi de todo, pero principalmente y durante varios años, un símbolo de Buenos Aires. El teatro, el cine y la televisión le fueron igualmente propicios. Se formó como actriz, a la edad de 6 años, en los elencos del Teatro Infantil Labardén. A los 8 años ingresó en la Compañía de Obras para Niños dirigida por Concepción del Valle, luego continuó estudiando danzas clásicas con la aspiración de convertirse en una gran bailarina. Posteriormente dicha maestra fue convocada para dirigir el cuerpo de baile del Teatro Casino y con ella debutó como corista en 1941. En 1948 trabajó en el Teatro Maipo junto a los actores cómicos Adolfo Stray y Mario Fortuna. En la escena acompañó a Tato Bores y a Olga Zubarry en la obra Madame Trece. Cantó con la orquesta de Francisco Canaro y a los 24 años fue pareja del galán Carlos Thompson en la película Los Pulpos, del director Carlos Hugo Christensen (1948). De ahí en más comenzó una carrera vertiginosa cosechando grandes éxitos y acompañando a figuras de gran prestigio. Ya como primera bailarina y vedette, fue convocada por Carlos Petit para actuar junto a Marcos Caplan y Pepe Arias entre otros grandes de la escena nacional. Durante los años 50 bailó junto a Tito Lusiardo. Otros de los filmes en que sobrevive su figura rubia y carismática son La Vendedora de Fantasías de Daniel Tinayre (1950), El Túnel de León Klimovsky (1952) y La Casa Grande de Leo Fleider, aunque ninguno resultó tan resonante como Rolando Rivas, Taxista, junto a Claudio García Satur que hacía el papel protagónico. Fue importante su carrera televisiva en importantes programas: Tropicana Club, La Revista de Dringue, junto al recordado Dringue Farías; programa en el cual el productor Jorge Valliant le propuso cantar tangos, lo cual comenzó a realizar a partir de ese momento. Fue llamada El Gorrión de Buenos Aires —en alusión a Edith Piaf— y bailó la milonga de Mariano Mores "Taquito militar" ante varios presidentes de la República. Grabó alrededor de treinta temas entre los que destacamos "Me bautizaron milonga" acompañada por orquesta, "El firulete" con el Trío Yumba y "Ventarrón" con la Orquesta Color Tango. Beba Bidart estuvo unida durante más de 12 años con el animador de espectáculos Jorge Fontana. Tras la separación, adoptó un niño a quien dio su apellido y llamó Paulo. La presentación de su candidatura a la Academia Porteña del Lunfardo, firmada por Sebastián Piana y José Gobello, señala el propósito de dar a la institución el aire de una suerte de senado de Buenos Aires, donde estuvieran representadas todas las actividades culturales. Con unanimidad, el 2 de noviembre de 1991, fue aceptada la propuesta y se enriqueció la Academia con la presencia y la simpatía de quien era una de las personalidades más populares y queridas de la ciudad. Ocupó el sillón Juan Francisco Palermo" dejado vacante por doña Nyda Cuniberti, y lo honró con su modestia y su inefable don de gentes hasta la tarde de su muerte, que la sorprendió cuando reposaba de las tareas desempeñadas ese mismo día en su local de baile: Taconeando. Era un pedazo de Buenos Aires y quizás se debió a eso su decisión de volver, hecha cenizas, a formar parte de las calles de la ciudad», dijo al recordarla, en el curso de una sesión académica, con motivo del primer aniversario de su muerte, el académico de número Eduardo Rubén Bernal. Y agregó: «No olvidaré nunca la última vez que la vi bailar. Fue en esta sala, en que acompañada por Alberto Mosquera Montaña, y Beba Pugliese al piano, nos regaló la poesía de un tango, porque era el baile su manera de escribir.

Tango Juan Miguel Condoleo Argentina

Tango:

Nació en Buenos Aires y utilizó su apellido materno en el mundo del baile. Creció en el barrio de Almagro; en su adolescencia recibió clases del profesor José López. Su amigo Ángel Gálvez fue para él, el «bailarín modelo». En 1964 comenzó a bailar con Carmencita Calderón, su compañera de baile durante casi treinta años. Fue poseedor de una técnica elaborada con elegancia y de posturas que despertaban la admiración del público entendido. Juancito fue el prototipo del bailarín apasionado. Diríase que el tango en él, dejaba de ser alarde coreográfico y se hacía un rito compadre. El suyo fue un tango limpio y derecho que iba del sentimiento a los pies sin dejar de pasar por su muñeca. Ha sido un maestro en el arte «de llevar». Se lucía haciendo lucir a su compañera. Es autor del libro Los olvidados bailarines de tango, en el que también, dejó registradas sus memorias

Tango Amaya Concepción Argentina

Tango:

Más conocida como Mamita. En su casa, ubicada en Lavalle 2177, Ernesto Ponzio compuso su famoso tango "Don Juan (El taita del barrio)". Domingo Greco, en sus memorias inéditas, según cita del Dr. Benarós, entre otras cosas, dice: «En esta casa seleccionaban la clientela. Concurría muchachada bien... De los pianistas, los primeros profesionales que conocí fueron Ángel Villoldo y Sergio Mendizábal, hermano de Rosendo. Tocaba el tango más compadrón, y era más sólido en el acompañamiento, más tempista. Fue uno de los mejores tangueros de su época. Tocaba con preferencia en lo de Concepción Amaya. Cuando esta mujer emigró de Buenos Aires, se instaló con un prostíbulo en el pueblo de 9 de Julio, llevándose a El Negro Sergio. Después me dijeron que falleció sentado en un boliche, con la guitarra en las rodillas. Tocaba muy bien la guitarra y cantaba, hasta improvisaba. En cambio, Rosendo producía mejores tangos...» Mamita, según nos informaba Luis Teisseire: «Era alta, flaca, autoritaria. De cutis morocho oscuro, más bien achinada, brava, de ojos negros. Vestía siempre de largo, con traje oscuro de seda. Se la veía toda cubierta, con cuello alto. Su casa de baile era también un prostíbulo. Entre sus pupilas se contaban La Ñata Rosaura, Herminia y Joaquina. Luego de una cancel de vidrio, se pasaba a un patio largo, con las piezas al costado y el clásico comedor». Allí, tocaban el piano Sergio Mendizábal, El Gordo Mauricio y el propio Teisseire, nuestro informante. 

viernes, 23 de enero de 2015

Tango Oscar Alonso Argentina

Tango:

Fue un cantor reconocido por todos los expertos del arte tanguero, pero quisicosas de la vida, cómo diría aquel hombre porteño de la radio, tuvo las armas para triunfar y se fue apagando como una vela para desesperación de la gente del ambiente que lo admiraba. Tengo grabado en mis recuerdos un corto que vi en el Cine Urquiza de la avenida Caseros, en mi barrio, cuando era un pibe, en el que Alonso sale cantando el tango de Héctor Marcó y Héctor Morales: Que nunca me falte. Me impresionó por su registro potente de barítono y la forma de cantar dicho tema. Más tarde lo escucharía en Qué viejo estoy, el tango de Audón López, Francisco De Rose y Juan Manuel Velich y me volvería a producir la misma sensación de admiración. Nunca llegué a entender ni saber las causas por las cuales ese cantor que tanto me había impresionado en mi adolescencia, no figuraba en ninguna parte, ni se escuchaba por radio, ni pasaban grabaciones suyas. Con el tiempo supe de su bohemia, y de sus giras que lo anclaban especialmente en Cuba, en una época feliz para el tango, que en esa hermosa isla había arraigado con mucha fuerza. Mis andanzas de muchacho me llevaron a intimar con Julio Sosa, cuando cantaba en la Confitería Richmond de la calle Esmeralda. En cada intervalo de sus actuaciones me tomaba del hombro, desenfundaba la boquilla y un cigarrillo, cruzábamos de vereda y nos íbamos a tomar un café en el bolichito que estaba junto al Teatro Maipo. En una de aquellas charlas con hinchas suyos, y estando yo presente, diría a toda voz: "El mejor cantor que tiene este bendito país es Oscar Alonso, y ustedes no se enteran....". Oscar Alonso cantando en Radio Prieto. Año 1936 Fui recorriendo la trayectoria de este hombre nacido en Ameghino, provincia de Buenos Aires, que ya instalado con su familia en Buenos Aires, llegó a cantar con la orquesta de Anselmo Aieta detrás, teniendo apenas 19 años, en 1931. Con 17 a punto de cumplirlos, ya cantaba en La Voz del aire, como solista, especialidad que jamás abandonó, aunque la fama necesitaba adquirirse desde mediados del treinta y ya entrando en los cuarenta, como cantor de orquesta. Pero Alonso -que se llamaba Pedro Carlos Brandán y su padre era capataz de la estancia de los Güiraldes en san Antonio de Areco-, no pudo atarse nunca a esa disciplina, porque lo suyo era volar. Y así recorría toda América, arrancando desde Chile por el Pacífico, hasta anclar un tiempo en México y sobre todo en Cuba, donde era muy querido y por razones sentimentales que también le llevaban a aparcar largos períodos en dicho país. Fue muy amigo de Hugo del Carril, con quien compartió programa de radio y en sus comienzos profesionales lo acompañó el trío de Vicente Fiorentino. Con Hugo desarrollaron una gran amistad y la misma inclinación política que los llevó a afiliarse a la causa peronista desde el comienzo. Por ello cantó un tema suyo: "Versos de un payador al Juan Domingo Perón y Eva Perón", que como a tantos otros artistas le significaría el destierro o el silencio, con el golpe militar del 55. Horacio Pettorossi y Oscar Alonso en 1936 Dicen que Alberto Vaccarezza, en 1933, lo hizo escuchar a Gardel y éste, favorablemente impresionado, fue al camarín a saludarlo y a decirle: "Seguí así, no te engrupas y cuidate que tenés todo para ser número uno". Alonso grabó en Montevideo, y en Buenos Aires lo hizo con las orquestas de Carlos García y Héctor Artola. Con este último dejó registrados unos temas donde está latente todo su potencial. José Canet, que lo acompañó varias veces le hizo estrenar su tango: La abandoné y no sabía, que salió a la calle como caballo ganador desde el arranque. Cuando yo trabajaba en el Diario la Razón, Coco D'Agostino y Luis Pedro Toni, que hacían la última página con chimentos del espectáculo, le metieron un brulote, y al otro día vino al diario Alonso a increparlos. Los muchachos, apenas les avisaba el ordenanza de la visita, salían por la calle Rivadavia y lo dejaban pagando. Al segundo día volvió la visita, y Coco me dijo, "vos que sos tanguero, andá y chamuyalo para calmarlo. mientras salimos por la puerta de atrás...". Entonces yo salgo por la entrada que daba acceso a la Redacción y lo saludé. Me preguntó por ellos y le dije que se habían ido. Al final lo invité a tomar un Café en el Tortoni y fuimos. Estuvimos conversando cerca de una hora y era un hombre muy agradable. Tendría 55/56 años y cuando yo le contaba la impresión que me produjo la primera vez que lo vi y escuché en el cine, de los comentarios que escuché de Gobbi y de Carlitos Almada, me dijo que él no podía tener la disciplina de vivir cantando en una orquesta. Le gustaba volar, como los pájaros de su infancia en San Antonio de Areco, y de los países de América que visitó no tenía más que palabras de agradecimiento. Hoy lo vamos a recordar en dos temas grabados en los años cincuenta, maravillosamente acompañado por la orquesta dirigida por Héctor Artola. No me pregunten porqué, de Carlos Di Sarli y Reynaldo Pignataro. Y de Aníbal Troilo y Homero Manzi, Ché bandoneón.

Tango Carlitos Almada Argentina

Tango:

Nació en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Villa del Parque. Tenía una voz potente, un marcado vibrato, un decir muy porteño y fue el creador de un estilo interpretativo, que luego sería adoptado por muchos cantores a partir de la década del cincuenta. Podemos mencionar, como ejemplo, a Julio Sosa y a Luis Correa, entre otros. Durante muchos años estudió con el maestro Eduardo Bonessi. A los doce años participó en un espectáculo que se realizó en la Avenida de Mayo, organizado por la intendencia de la ciudad, cantando el tango, "Serpentina de esperanza". En 1932, fue convocado por el violinista Oscar de la Fuente, para realizar los cantables en su sexteto. Actuaban en el Café El Nacional, de la calle Corrientes. Luego, pasaría por las orquestas de Hugo Calasi, Alberto Pugliese, hermano de Osvaldo, y por la agrupación de Alejandro Scarpino, hasta que, en 1944, se integró a la orquesta dirigida por Víctor D'Amario, junto al cantor Adolfo Rivas. En 1946, fue requerido por el maestro Lucio Demare para reemplazar al cantor Horacio Quintana, quien se había alejado junto al violinista Raúl Kaplún, para formar el rubro: Kaplún–Quintana. El paso de Almada por esta orquesta fue de suma importancia para su desarrollo profesional. Con ella realizó actuaciones radiales, cantó en la Confitería Rucca e hizo una importante gira por el exterior del país, destacándose su presentación en Cuba. La sola presencia de Demare en la isla, era una garantía de éxito. Recordemos su triunfal paso con el Trío Irusta-Fugazot-Demare. Lamentablemente no quedó ninguna grabación registrada de esa etapa. Cuando regresaron a Buenos Aires, ingresó en la orquesta de Edgardo Donato, compartiendo el escenario con el joven cantor Oscar Ferrari, recién dado de baja del servicio militar. Actuaban en Radio El Mundo, en la confitería La Armonía de la calle Corrientes 1443, en Tango bar, Corrientes 1239 y en el dancing Marabú, de Maipú 365. El dúo de cantores permaneció, con mucho éxito, hasta 1949, luego Ferrari se fue con José Basso para reemplazar a Ricardo Ruiz. Recién en 1950, Almada grabó con Donato, para el reciente sello Pampa, sus registros fueron: "Che bandoneón", "Mamboretá", "A media luz", "Pituca", "Se va la vida", "Qué fenómeno", "Cómo se pianta la vida", "Patio de la morocha", "El vinacho", "Por quién doblan las campanas", "El camión", "Muchacho", "El huracán", en una versión de Donato que batió récord de ventas. Los otro cantores de la orquesta eran Adolfo Rivas, quien grabó dos temas y Hugo Roca, registró uno. El último registro suyo fue el tango "Mi serenata", en junio de 1952, a dúo con Alberto Podestá. Se fue de la orquesta de Donato y pasó a la de Alfredo Gobbi reemplazando a Héctor Coral. Con El Violín Romántico del Tango, grabó "As de cartón", en abril de 1953, luego dos temas más: "Aunque seas mujer" y "Por qué canto así". A pesar del éxito logrado con Gobbi, al cumplirse el año de contrato, y por motivos económicos, se incorporó a la formación de Víctor D'Amario. Gobbi contrató en su lugar, a Tito Landó. Almada estuvo en esa orquesta dos años y, en 1956, volvió con Lucio Demare, realizando un importante ciclo por Radio Belgrano. En 1959, se incorporó por segunda vez a la orquesta de Donato, junto al vocalista Artemio Rolando. En la década del sesenta sus actuaciones fueron espaciadas. Su bohemia se acrecentaba, su salud se deterioraba, hasta que, a los sesenta y cuatro años, a raíz de un sincope cardíaco, nos dejó para siempre. Fue, sin duda alguna, un simpático personaje de la noche de Buenos Aires y un gran intérprete de nuestra música ciudadana. 

Tango Gloria y Eduardo Arquimbau Argentina

Tango:

En el tango no hay banderías políticas, religiones, diferencias sociales ni edad. Su contexto social es el abrazo" Así sintetiza su relación con el tango, este hombre que ha vivido y vive su vida por y para esa danza. Brillante, estudioso, trabajador, cordial, pero por sobre todas las cosas, increíblemente modesto. Sí; humilde hasta lo indecible aún siendo portador de un pesado currículum que avala y adorna su importante trayectoria pasada y presente. Todo comenzó – cuenta – como una simple relación entre vecinos cuyo gusto era el baile, cualquier baile, todas las danzas, todos los ritmos. Ella, aprendía danzas españolas; él, zapateo americano, jazz, swing y un poco de tango entre hombres, cuando apenas había estrenado sus primeros pantalones largos. Habían sido compañeros de juegos desde muy chicos en ese barrio de Pompeya y, el profesor de danzas de ella, un día lo invitó a su clase. El y la vecinita, empezaron a bailar tango en clubes y sociedades de fomento, siempre acompañados por la mamá de ella. Dos años más tarde, en 1961, lograban una invitación para acompañar a la orquesta de Francisco Canaro en una gira por Japón, promocionada inteligentemente, por el embajador Orfila. A este evento, tan bien preparado, asistiría el entonces presidente Frondizi. Gloria y Eduardo Arquimbau, que todavía ni siquiera eran novios, tuvieron un impedimento para esa gira y era la decisión de la mamá de Gloria de no permitir que viajaran solos, por lo que ellos no tenían muchas ilusiones de que ese sueño se hiciera realidad. En verdad, no tenían ninguna esperanza; es más, él casi se había conformado con la imposibilidad de viajar. Lo había tomado como algo inaccesible, por lo menos en ese momento, pensando que, más adelante, tal vez pudieran hacerlo. Pero a veces, los milagros ocurren a pesar del asombro e incredulidad de sus protagonistas. En general, estos sorprenden con algo tan inesperado como inimaginable y encuentran totalmente desprevenidos a sus beneficiarios. Y hacia allá fueron Eduardo, con veintitrés años recién cumplidos, Gloria solamente con trece y su mamá que, según el contrato, era otra bailarina. De esta manera ocurrió su primera entrada a ese país, del cual no conocían casi nada y en el que recibieron el apodo de "los nenes". A partir de aquella gira que fue el principio de todo, bailaron en shows con casi todas las orquestas que en ese momento brillaban: Pugliese, Caló, Troilo, Mores, Canaro, Sassone, De Angelis, etc. También se intensificaron las giras por el mundo – siempre acompañados por la mamá de Gloria -, hasta que llegó el casamiento por fin. Y en una de esas giras, estando en Rusia, Gloria quedó embarazada. Esto dio motivo a que, en el próximo viaje, Eduardo tuviera que valerse de un ardid para no tener problemas. Como Gloria no podía viajar por el próximo nacimiento, el contrato había sido firmado hacía tiempo y los carteles anunciando el evento, impresos, tuvo que viajar con la esposa de un amigo, que se hizo pasar por Gloria. Anécdotas como éstas, ocupan un valioso lugar en la vida de esta pareja. Cuando su beba cumplió los cinco meses, volvieron a salir de gira pero siempre acompañados por ella, a quien llevaban en todos sus viajes. Integraron el elenco original de Tango Argentino en 1984, ininterrumpidamente durante diez años. Incansables y con muchas ganas de seguir aprendiendo, hicieron televisión bajo la dirección del sagaz y talentoso David Stivel, admirado director de teatro y televisión, quien los guió y les enseñó técnicas teatrales que empleaban en sus exhibiciones y adornaban sus coreografías. Cuando éste consideró que su misión estaba cumplida y que sus enseñanzas habían dado los mejores frutos, les soltó la mano para que anduvieran solos, convencido de los resultados. Eduardo aún hoy, reconoce todo el bagaje de conocimientos que pudieron absorber y heredar de él. A partir de allí, hicieron coreografías para muchos eventos y siguen haciéndolas. Sin embargo, están empeñados en seguir aprendiendo. El es bastante reiterativo con este tema, que constituye uno de los pilares de su trabajo. Este año, se cumplieron cincuenta años de su primera llegada a Japón. Los festejos y reconocimientos de que fueron objeto en Tokio, incluyeron exhibiciones, charlas y muestras de videos de todo ese recorrido. También actuaron como jurado del "Campeonato de Oriente". Este mes de septiembre, los encuentra en París en una feria de intercambio cultural, después de haber terminado la coreografía para un show, en el Viejo Almacén. Tanto Gloria como él, tienen muy en claro sus competencias en el trabajo. Cada uno tiene su rol y lo respetan sin excepciones. Toda creación, nace de un consenso entre ambos. Sus clases, cuando los tiempos y las giras se lo permiten, están inmersas en una filosofía que se apoya en la experiencia: detectar lo que el alumno necesita y puede y sobre eso, trabajar. Porque no se le puede exigir algo a alguien, que es evidente que no puede hacer. Por lo tanto, lo que sí puede, hay que remarcarlo y sacarlo a la luz. Evidenciar esto, es un trabajo muy minucioso que requiere tiempo y mucha atención. Aparecían ya las primeras sombras de aquella tarde fría y debíamos finalizar la charla por demás amena y franca. Con varios cafés de por medio y en un lugar emblemático del barrio de Boedo, Eduardo Arquimbau hizo una tan aguda como simple reflexión sobre su vida. Mirando de frente como acostumbra y no dejando lugar a dudas de su convicción, dijo como hablando para sí, que hay dos cosas que lo hacen inmensamente feliz. Una, es tener la suerte de trabajar en lo que le gusta desde siempre. La otra, seguir al lado de la misma mujer, de la que continúa profundamente enamorado.