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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Tango Alberto Amor Argentina

Tango:

Fue un cantor que mereció un mayor reconocimiento que el que tuvo, no sólo por su calidad interpretativa, también por su personal voz y fraseo. Posiblemente, la gran competencia que le tocó enfrentar en un tiempo en el que abundaban los grandes vocalistas y en el que el posicionamiento de las orquestas era fundamental, atentó contra su consagración definitiva. Su mejor momento fue cuando cantó con Rodolfo Biagi, orquesta que tenía sus seguidores pero que no estaba entre las más cotizadas. Sin embargo, escuchando sus discos, uno puede apreciar su timbre de barítono con reflejos atenorados y el equilibrio con que colocaba su voz que, no obstante su potencia, lograba un resultado amable y delicado. Su historia comenzó en 1935, cuando el primer violinista de Osvaldo Fresedo se retiró de la orquesta para crear su propia formación, me refiero a Florindo Sassone. Definidos los músicos que lo acompañarían, se abocó a la tarea de buscar un cantor y, luego de escuchar a varios aspirantes, se decidió por un joven de sólo 19 años al que bautizó artísticamente Alberto Amor. Ante el público, debutó en el café El Nacional de la calle Corrientes y es la voz de la orquesta en las emisiones de Radio Belgrano y, al año siguiente, de Radio El Mundo. En aquellos tiempos, la orquesta se presentaba en el cabaret Marabú, mítico escenario de las noches porteñas. En 1937, cantó en el conjunto de Ciriaco Ortiz pero fue por una breve temporada ya que enseguida volvió con Sassone y a su exitoso ciclo por Radio El Mundo. Esta fue una época de constantes cambios para el cantor, en 1939 hizo un paso fugaz por la orquesta de Carlos Di Sarli, para recalar luego en la de Osvaldo Pugliese, donde tenía como colega a Alberto Lago y, más tarde, en 1942, en la de Antonio Rodio. Es importante señalar que con ninguna de estas agrupaciones llegó al disco. Al terminar los bailes de carnaval de 1943, Rodolfo Biagi lo convocó para reemplazar a Jorge Ortiz, quien se había ido con Miguel Caló. También, ingresó a la orquesta Carlos Acuña, ambos debutan ante los micrófonos de Radio Splendid. El 3 de marzo de ese año comenzó su trayectoria fonográfica con dos registros: "Por algo será", de Carlos Rivero y Otello Elli, y "Arlette". En el mes de julio continuó con "Tres horas", un tango de Héctor Varela y Alberto Nery y el vals "Prisionero", de Julio Carresons y Carlos Bahr, cerrando el año con "Si la llegaran a ver". En 1944, grabó "Lisón" (de José Ranieri y Julián Centeya) y luego vendría su primer triunfo discográfico, el tango "Nada" que vendió muchos discos. Después seguirán, "Como el hornero" y "Seamos amigos", de Príncipe Cubano y Domingo Rullo. En 1945, se aleja Carlos Acuña y regresa a la orquesta Jorge Ortiz. Fueron 31 grabaciones las que hizo Amor con Biagi, entre 1943 y 1947, entre todas ellas se destacan, aparte de las ya citadas: "Me quedé mirándola" (de Vicente Spina y Roberto Miró), "Café de los angelitos", "Anselmo Laguna" (1945); "Adiós pampa mía", "Con mi perro", "Cuando llora la milonga" (1946) y su último registro del ciclo, "Y dicen que no te quiero" (1947). Luego de su exitoso trabajo con la orquesta del pianista, en 1949 decidió formar su propia agrupación con la cual realizó importantes giras por el país y por Uruguay, Chile y Brasil, donde se había hecho muy conocido gracias a la popularidad de Biagi, gracias a la importante difusión realizada por el sello Odeon. A principios de los años 50, el bandoneonista Francisco Grillo lo invitó a ingresar a su orquesta para presentarse en los estudios de Radio Splendid. Además, actuaron en el Tango Bar y en el Marabú, el primer gran escenario donde cantó Amor en los inicios de su carrera. Para el sello Pathé la orquesta hizo 4 grabaciones, entre ellas, dos con Amor: "Una página en blanco", del propio Francisco Grillo con letra de Juan Cirilo Ramírez (1953), y "Desvelo" (1954). Al sobrevenir el golpe militar de septiembre de 1955, Grillo que era simpatizante del General Perón, tuvo que abandonar la Argentina. También lo hizo Amor iniciando, nuevamente, una extensa gira que lo mantuvo alejado de Buenos Aires por largo tiempo. Finalmente, a su regreso, abandonó el canto para dedicarse al comercio. Escribió algunos tangos, en este momento recuerdo sólo uno, "Ragazzina", con música del contrabajista Norberto Samonta. En SADAIC están registrados también: "Tu ausencia llorarán", con Ángel Urbino, y "Zamba y ausencia", junto a Sabino Alfonso Ciorciari. Fue un gran cantor que revindicamos con mucho cariño en esta breve semblanza y al que seguiremos disfrutando a través de sus magníficas grabaciones. 

Tango Mario Abramovich Argentina

Tango:

A Mario Abramovich le cuesta hablar de sí mismo. Y hasta como violinista, sea por timidez, por inseguridad, rehuyó el protagonismo. Así, una de las condiciones que planteó al integrarse al Sexteto Mayor en reemplazo de Reynaldo Nichele fue que nunca tocaría solos. Pero de entrada nomás, en la primera actuación, le reservaron cuatro solos complicados. Disgustado, sin importarle las consecuencias, en la mitad de un tango guardó el violín y se fue. Estaban actuando aquella noche en la Casa de Gardel. El otro violinista de ese momento, Fernando Suárez Paz, salió en su búsqueda por la calle Jean Jaurés y logró que volviera, prometiéndole respetar su deseo. Pero al día siguiente Suárez Paz abandonó el sexteto y Abramovich, momentáneamente único violín, debió tocar todo lo que había jurado no tocar. Luego se incorporó Hugo Baralis, quien después de muchos conflictos con los demás fue sustituido por Mauricio Mise. Éste permaneció hasta que una grave enfermedad lo obligó a apartarse. Ese vacío fue cubierto entonces por Eduardo Walczak. David Abramovich, su padre, había venido de la ciudad ucraniana de Ekaterinoslav (Dniepropetrovsk) en 1905, huyendo de la guerra ruso-japonesa. Se jactaba de haber establecido la primera fábrica de gorras que tuvo Buenos Aires y, nada menos que en la casa que había sido habitada por Domingo Faustino Sarmiento, hoy museo. David, casado y con dos hijos, enviudó y volvió a casarse entonces con Rosa Diarnantstein, una muchacha a la que doblaba en edad, oriunda de la Galitzia polaca. De esa segunda unión nació Mario el 31 de octubre de 1926, en la casa de Warnes 354. Cuando tenía seis años, el padre le dijo llorando que estaba arruinado, que lo había perdido todo, incluida la casa, que fue a remate. Debieron resignarse a vivir entonces en un conventillo de Villarroel y Darwin, cerca de las canchas de los clubes Atlanta y Chacarita Juniors. Más tarde, ya instalados en Flores, David compraba trajes usados, y con el casimir que podía recuperar confeccionaba gorras. Eso era lo que él sabía hacer. Mario estudiaba violín desde los siete años forzado por sus padres, que pese a la penuria reunían los 10 pesos mensuales para el profesor. Al primer maestro que le tocó en suerte lo despidieron porque un día golpeó a su alumno tan ferozmente con el arco en la cabeza que le hizo brotar sangre. Simplemente se había excedido en un castigo que, por lo demás, era completamente normal. Concluida la escuela primaria, Mario comenzó a trabajar en una fábrica de guantes, donde ganaba 30 pesos por mes, a cambio de los cuales debía acarrear fardos de cueros desde la curtiembre de Gurruchaga y Murillo, y soportar los malos tratos del patrón. El hermano mayor de Mario, queriendo vengarlo, se trepó una noche hasta el balcón de aquel explotador y cagó allí tanto cómo pudo. Pero al día siguiente, cuando el chico llegó al trabajo, recibió de su perplejo y furioso patrón la orden de limpiar aquella mierda. Mario maldijo para sus adentros la ayuda del hermano protector. A los quince años ingresó, recomendado por Ciriaco Ortiz, a quien había conocido en sus andanzas por los cafés, en la orquesta de Nicolás D'Alessandro, cuyo primer bandoneón era el gran Gabriel Clausi. Aquella primera experiencia terminó abruptamente: fue una noche en que, presionado por sus músicos, D'Alessandro fue a exigirle al dueño del Marabú un aumento en el contrato. Lo que en cambio logró fue el inmediato despido, que determinó la disolución del conjunto. Pero Mario no permaneció mucho tiempo inactivo. En 1943 fue captado para la excelente orquesta Howard-Landi, binomio formado por el talentoso pianista Juan Carlos Howard y el apuesto cantor Mario Landi, sobre arreglos de Argentino Galván e Ismael Spitalnik. Actuaban en radio El Mundo y en el Marabú. Su historia de tango siguió con Argentino Galván, en la orquesta que el excepcional músico de Chivilcoy dirigía por radio Belgrano, en la época en que presentaba como vocalistas a Carlos Vidal y las hermanas Arce. Abramovich tocaba también en el conjunto de la pintoresca Ebe Bedrune, La mujer tango, donde Bernardo Lerner oficiaba de primer violín. Respecto de aquellos tardíos años 40 sería en realidad más fácil decir en qué orquestas no tocaba Abramovich, quien llegó a actuar en doce simultáneamente y, por las tres grandes cadenas radiales: El Mundo, Belgrano y Splendid. Algunas de esas agrupaciones eran las de Manuel Buzón, Edgardo Donato, Lorenzo Barbero, Héctor de la Fuente, Carlos Demaría, Pedro Laurenz y Francisco Rotundo. Estaban además las orquestas de primera fila a las que se sumaba como refuerzo en las grabaciones, como Aníbal Troilo, Osvaldo Fresedo y Juan D'Arienzo. Pero tanta actividad sólo le permitía vivir decorosamente. Ni siquiera le alcanzaba para comprarse una casa. Recién tuvo la suya en 1970, veintiún años después de casarse con Dora Margulies. Con su aversión a los solos, Abramovich se sintió a gusto en la orquesta del bandoneonista Héctor Varela, que escapaba de todo virtuosismo. Como primer violín de aquel mediocre conjunto (que sólo en sus inicios, entre 1950 y 1952, desplegó cierta calidad musical, con arreglos de Alberto Nery y Ernesto Rossi), tuvo la misión de afiatar la fila de cinco violines (entre ellos Roberto Guisado), que ensayaba por separado. La incorporación de Abramovich como primero generó resistencias, que lo indujeron a apartarse del conjunto. Pero Varela insistió y lo impuso como cabeza de la cuerda. Tras aquellas fricciones iniciales, Guisado se convirtió en uno de sus más íntimos amigos. Mientras tanto, la orquesta arrasaba. El mercado del tango podía estar en declinación para otros. Con las voces de Argentino Ledesma y Rodolfo Lesica, Varela vivía su apoteosis. Hasta que cometió el fatal error de encabezar un lock-out de los directores en 1956 y despedir a todos sus músicos. De aquel paréntesis, y de la partida de Ledesma hacia Carlos Di Sarli, Varela no pudo ya recuperarse. Abramovich nunca fue un estudioso del violín. Sólo acudía a un maestro cuando se sentía tocando fondo. Los días y las noches se le pasaban haciendo tango en radios, bailes, cafés y cabarets. Sin embargo, en 1963 consiguió entrar por concurso en la Filarmónica del Teatro Colón, luego de prepararse intensivamente con Abraham Seleson. En aquella ocasión, después de haber actuado con Florindo Sassone, se fue a su casa a cambiarse, y de allí al Colón para rendir su prueba con un Bach, un Bruch y la tranquilidad de quien se acepta derrotado de antemano. Cuando, en cambio, supo que había vencido, quedando incorporado a los primeros violines, salió aturdido del teatro y caminó como sobre algodones hasta la madrugada. Así empezaron sus quince años en la Filarmónica, con intervenciones también en la Estable como violinista agregado. Aquel mismo concurso permitió el ingreso a la Filarmónica de otros cuatro violinistas de tango: Enrique Francini, Julio Grana (primeros), Carmelo Cavallaro y José Votti (segundos). Pero la música clásica no desalojó al tango. Abramovich, incorporado a la orquesta de Héctor Varela, siguió con ella hasta su ingreso al Sexteto Mayor en 1973. Las giras cada vez más prolongadas de esta agrupación lo obligaron a optar. Fue así que renunció al Colón en 1977. En realidad, había llegado allí buscando una ocupación estable al ver desaparecer las fuentes de trabajo en el tango: los cabarets cerrados, los bailes que ya casi no existían. Pero el sexteto encabezado por Luis Stazo y José Libertella, nacido como la reunión de seis solistas que querían sacarse las ganas de hacer buen tango, consiguió saltar la barrera de una Argentina entre indiferente y hostil, logrando afuera lo que era imposible adentro: ser un éxito haciendo tango. En 1983 llegó Tango Argentino, un espectáculo puesto en París para seis funciones, pero que se mantuvo nueve años en cartel, con especial suceso en Broadway. Más tarde sobrevendría el éxito internacional de Tango Pasión y la definitiva inserción del Sexteto Mayor en la rentable veta del music-hall tanguero, con las imaginables concesiones. Como compositor, Abramovich puede mostrar dos tangos, ambos en colaboración con el bandoneonista Luis Stazo: “Preludio a Francini”, en homenaje al gran violinista, y “De moño”. Compusieron un tercer tango, también instrumental, aún sin nombre. Inútil preguntar qué hizo cada cual en esas obras: ése es un secreto que juraron guardar. 

Tango Horacio Avilano Argentina

Tango:

Si tuviera que definir a Horacio, diría que es un guitarrista bien tanguero, como los de antes. Su total respeto a la esencia del género y su técnica, nos hace recordar a la forma de tocar de los viejos maestros. Comenzó a estudiar guitarra a los 12 años con Emilio Solas. Cuatro años después ya tocaba con su tío, Héctor Arbelo, el mismo que grabó con Julio Sosa. Fueron años de valioso aprendizaje y una serie de lugares y eventos que recuerda con cariño, junto a grandes estrellas: Floreal Ruiz y Rodolfo Lesica. Por ese tiempo, junto con su hermano Carlos hacían una experiencia paralela tocando principalmente tango y algo de folclore en diversos lugares. En el año 1973 conoció al eximio guitarrista Luis Salinas, con quien, tiempo más tarde, colaboró en los registros de los volúmenes 1 y 2 del compacto Música Argentina, que fuera ganador del Premio Gardel al Mejor Álbum de Folclore. También tuvo la posibilidad de grabar con Enrique Espinosa, después junto a otro grande, Juanjo Domínguez y el cantor folclórico Chango Nieto. Además, con ellos participó en del último programa de Edmundo Rivero para la television argentina en 1982. Fueron tres temas con un quinteto de guitarras: los tangos “Por ella”, “En un feca” y la milonga “El último viaje”, en los cuales Horacio tocó el guitarrón. En 1984, junto a su hermano y el guitarrista Domingo Láinez, acompañó a Hugo Del Carril. Ese mismo año compartió escenario con el Cuarteto Colángelo (Néstor Marconi, Julio Pane, Fernando Romano y José Colángelo) y conformó el Cuarteto UB Tango, de la Universidad de Belgrano, junto a Orlando Gómez, Lucho Repetto y Tito Farías. Desde 1998, integra el conjunto de Adriana Varela, con el que ha realizado giras por América y Europa. Con la popular cantante grabó Tango en vivo y el dvd que lo acompaña. También hizo su aporte en el último trabajo discográfico de Adriana, Encaje. Participó en las grabaciones de muchísimos artistas: con Nicolás Ledesma Cuarteto, con la compañía de Horacio Romo y Quique Guerra y la participación especial de Leopoldo Federico; con Juan Vattuone; con el dúo vocal Fuertes-Varnerín; con Ángel Cárdenas; con Néstor Soler; con Beto Solas; con Gustavo Shujman; con Celeste Carballo; con Tati Penna; con el cojunto del saxofonista Miguel de Caro; con Oscar Mangione. Entre enero y febrero de 2005, realizó su primer disco con su trío, llamado Tango explícito, para el sello Mutis. En él, junto a su hermano Carlos Avilano y Mariano Olivera, da testimonio del afecto que siente por nuestra querida música ciudadana. Este joven maestro que hace de la humildad un culto, recuerda con cariño y agradecimiento a la gente que lo acompañó en su trayectoria. Y así, charlando con él, surgen los nombres de Roberto Pansera, Nelly Vázquez, Argentino Ledesma, Eduardo Cortti, Carlos Galván, María Graña, Marilí Machado, Josefina Lichiardi, Cuarteto Fierro, Bernardo Baraj, Marcelo Macri, Walter Castro, Orquesta del Tango de Lomas de Zamora. 

Tango Mirta Alvarez Argentina

Tango:

Oriunda de Chascomús en la llanura bonaerense, esta excelente guitarrista se formó en ámbitos académicos de la provincia de Buenos Aires, con clara influencia de los compositores locales y con el color y la gracia de los músicos intuitivos que aún hoy pueden encontrarse en pueblos y ciudades del interior. Desde los 8 años se hizo inseparable de su guitarra. En el año 2000 se graduó como Profesora Superior de Guitarra en el Conservatorio de Música de su ciudad natal y luego, ya instalada en la Ciudad de Buenos Aires, continuó en la Escuela de Música Popular de Avellaneda su formación especializada en sus géneros musicales predilectos. Graduada en el año 2003 como Instrumentista Superior en Música Popular con Especialización en Guitarra Tango, siguió estrechamente vinculada a esta institución a través del ejercicio de la docencia con dedicación y entusiasmo. En 2003 recibió el primer premio en el rubro Solista Instrumental del Primer Certamen Nacional Abel Fleury que se llevó a cabo en la ciudad de Dolores, provincia de Buenos Aires. Y en el 2004 resultó finalista en ese mismo rubro en el Certamen Pre Cosquín. A pesar de su juventud, ha transitado ya numerosos y prestigiosos escenarios como solista instrumental o como acompañante de destacadas voces y también ha integrado varias agrupaciones orquestales de tango y de folclore dirigidas por reconocidos maestros en cada género, como Rodolfo Mederos y Kelo Palacios. Como culminación de una intensa etapa de formación académica y de desarrollo artístico, concluyó a principios de 2006 su primer trabajo discográfico Mirta Álvarez – Guitarra que presentó al público en distintos conciertos durante el otoño y el invierno de ese año. En esta obra resumió su trayectoria artística transitada por géneros fuertemente entrelazados: el tango y el folclore. En él reunió temas con arreglos propios y de destacados maestros, además de obras originales para guitarra. «Es sin duda una de las mejores guitarristas que he conocido y le auguro un futuro promisorio ya que es muy joven aún, aplicada y con permanente deseo de superación.» Fueron las palabras del maestro Aníbal Arias, al comentar el CD. 

Tango Enrique Alessio Argentina

Tango:

Este olvidado artista fue un destacado músico y bandoneonista, requerido por las orquestas de primer nivel y de muy distintos estilos, no sólo como instrumentista, también como arreglador y director. Tuvo la virtud de poseer un amplio concepto musical que le permitió lucirse con extremos tan opuestos como lo fueron Pugliese y D'Arienzo y, por supuesto, con su propia formación. Nació en el barrio de Villa Crespo de la Ciudad de Buenos Aires. Sus primeras actuaciones las realizó a partir de 1935, integrando un trío de bandoneones junto a Manuel Daponte y Luis Bonnat, hasta que fue convocado por el pianista Osvaldo Pugliese para integrar su flamante orquesta. El debut fue el 11 de agosto de 1939, en el histórico café El Nacional, de la calle Corrientes. Integraron esa primera agrupación: Osvaldo Pugliese (piano y dirección), Enrique Alessio, Osvaldo Ruggiero y Alberto Armengol (bandoneones), Enrique Camerano, Julio Carrasco y Jaime Tursky (violines), Aniceto Rossi (contrabajo) y Amadeo Mandarino (canto). Enrique permaneció junto a don Osvaldo hasta fines de 1944. Podemos disfrutarlos en las grabaciones de 1943-1944, destacándose el estilo decareano de la orquesta, en los temas “Mala junta”, “Recuerdo”, “El rodeo”, “El remate”, “Amurado”, “Tierra querida” y “Mala pinta”. Es destacable, en esa etapa de Pugliese, el afiatamiento de la línea de bandoneones, con el insuperable trabajo en las cuerdas de Camerano y Rossi. En 1943, se integraron los bandoneonistas: Esteban Gilardi y Oscar Castagniaro y el violinista Oscar Herrero. La desvinculación de Alessio lo causó el requerimiento del exitoso cantor Alberto Castillo, para sustituir en los arreglos y en la dirección de su orquesta, al violinista Emilio Balcarce. La formación quedó integrada por: Enrique Alessio (arreglador y director), Ángel Condercuri , Luciano Leocata y Antonio Scelza (bandoneones), Armando Ziela, Alzidio Fernández, Frederik, Potenza (violines), Francisco De Lorenzo (contrabajo) y el excelente músico uruguayo César Zagnoli (piano). En 1948 se reprodujo el mismo episodio, pero esta vez con la orquesta del cantor Alberto Marino, al desvincularse Emilio Balcarce de la misma, siendo convocado Alessio para conducirla. Su paso por la orquesta nos deja un registro: el tango “Mano cruel”. Al finalizar el año, los directivos de Odeon, que ya conocían del talento del músico, a través de su paso por las orquestas anteriormente mencionadas, decidieron darle una oportunidad en el disco, como director de su propia orquesta. Así fue que registra cuatro temas, en 1949, los instrumentales “Tiny”, de Pedro Maffia, “El remate”, de Alberto Pugliese, “El recodo”, de Alejandro Junnissi y, con la voz de Mario Delía, “Mi Buenos Aires querido”. Al año siguiente, ocurrió un hecho importante en la orquesta del maestro Juan D'Arienzo, fue la desvinculación de uno de sus puntales, su primer bandoneón y arreglador, Héctor Varela, quien iniciaría su exitosa etapa como director de su propia formación. Con éste también se fueron, el bandoneonista Alberto San Miguel y el cantor Armando Laborde. A través de una sugerencia del bandoneonista Carlos Lazzari, D'Arienzo convence a Enrique para incorporarse a su orquesta, como primer bandoneón y arreglador la que queda integrada con: Enrique Alessio, Carlos Lazzari, Aldo Junnissi y Felipe Ricciardi (bandoneones), Cayetano Puglisi, Blas Pensato, Jaime Ferrer y Clemente Arnaiz (violines), Virgilio Victorio (contrabajo) y Fulvio Salamanca (piano). El debut en el disco llegó con su tema: “Un tango para mi vieja”, con la voz de Alberto Echagüe, quien compartía las voces con Roberto Lemos, que reemplazó a Armando Laborde. Durante siete años permaneció con D'Arienzo. Su alejamiento se produjo a raíz de un importante contrato que nuevamente le ofrece Odeon y rearmó su orquesta. Tuvo como cantores a Hugo Soler, quien había pasado por las orquestas de Alfredo Gobbi y Joaquín Do Reyes y al notable José Berón, hermano de Raúl, Elba, Rosa y Adolfo. Alessio registró, con la voz de Soler, el tango “Ríe payaso”, con José Berón, “Milonguita”, “Por las calles del tango”, “Y no pediste perdón” y los instrumentales “La cumparsita”, y “Catamarca”. Durante tres años tuvieron gran acogida, sus actuaciones en Radio El Mundo, en bailes, cabarets y confiterías. Por último, quiero destacar su obra como compositor, a partir de su primer suceso con Alberto Castillo, el tango “Se lustra señor”. También le pertenecen: “Cantemos corazón” grabado por Libertad Lamarque y Carlos Di Sarli, “Mi amor y tu amor”, “Te odio y te quiero”, “Pero te seguiré queriendo”, “De corazón a corazón”, “Papá”, “Un vals para mamá”, los instrumentales “Bien porteña” y “Julie”, éste ultimo grabado por Osvaldo Pugliese en 1959. En octubre de 1999, el Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, le otorgó la distinción al Mérito Ciudadano en reconocimiento a su valiosa y dilatada trayectoria en la música popular. Murió en Mar del Plata, ciudad balnearia donde poco tiempo antes había instalado su residencia.