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jueves, 18 de junio de 2015

Tango Milena Plebs Argentina

Tango:

Milena es una reconocida coreógrafa y bailarina de tango. Con una sólida formación, ha participado del Grupo de Danza Contemporánea del Teatro San Martín de Buenos Aires, desde 1980 a 1986. Milena llegó al tango para imprimirle un sello único, basado no sólo en la interpretación sino también en la divulgación del baile popular a través de todas sus actividades. Participó en el espectáculo Tango Argentino, de Claudio Segovia y Héctor Orezzoli (1986-1989) y es cofundadora la Compañía Tango X 2, junto a Miguel Ángel Zotto. Entre otras cosas, caben destacar sus coreografías en espectáculos significativos como: Tango X 2 (1990), Perfumes de Tango (1993), Una Noche de Tango (1996), María de Buenos Aires, para Houston Grand Opera (1991), Romance de Barrio (1999), Coreografías para Conciertos de Pablo Ziegler Stavanger, Noruega, (2001), Coreografías para Centro Piazzolla Tango (2003), Sintonías (2008) para el Festival Rojas Danza en Buenos Aires. Milena no solamente se destaca sobre los escenarios teatrales sino también, ha incursionado en el género documental con el video Milena Baila el Tango con Ezequiel Farfaro. En esta obra, la bailarina da muestra de las diferentes etapas del proceso creativo con la dirección de Rodrigo Peiretti. Otras producciones suyas fueron Tramatango, show estrenado en el Teatro Presidente Alvear, en Buenos Aires, con el asesoramiento artístico de Alejandro Cervera y La Voz de tus Zapatos, del año 2011, una coreografía inspirada en el cuento homónimo de Alberto Ruy Sánchez. Coreografiada e interpretada por Milena y David Palo, dirigida por Alejandro Cervera. Durante su carrera ha recibido muchos premios, entre ellos: el María Ruanova '91, máximo galardón a la danza argentina, el Trinidad Guevara '94, por la coreografía de Perfumes de Tango y en 1998, el Premio Gino Tanni, un premio a la danza en Italia. Asimismo, ha tenido un desempeño llamativo como columnista de publicaciones como El Tangauta, La Revista de Tango y es Académica de Honor de la Academia Nacional del Tango de Argentina. Actualmente dicta clases y seminarios en su país y en el exterior, donde su baile y sus palabras son sinónimo de Tango Danza.

lunes, 2 de febrero de 2015

Tango Antonio De Marchi Italia

Tango:

El barón Antonio De Marchi nació en Pallanza, Italia, el 25 de agosto de 1875 y murió en Buenos Aires, el 20 de febrero de 1934. No es justo ocuparse del desarrollo y la evolución del tango sin mencionar a este ilustre personaje, que abrió a la danza porteña los salones de nuestra aristocracia. El Barón De MarchiLlegó a Buenos Aires a fines del siglo XIX. Su abuelo Silvestre lo había hecho setenta años antes como representante de Suiza y había instalado una droguería muy próspera. Su padre Antonio, se había casado con Mercedes Quiroga, hija de Facundo. El joven Antonio, que con su hermano Alfredo, estaba encargado de la droguería familiar, se casó a su vez con María Roca, hija del general Julio Argentino Roca, quien fuera presidente de la República Argentina en dos períodos (1880-1886 y 1898-1904). Su perfil era, principalmente, el de un deportista y pionero. Fundó en efecto, la Sociedad Sportiva, creó el Cercle de l´Eppé para difundir la esgrima, fomentó el automovilismo; organizó los Boy Scouts de Buenos Aires; formó los batallones escolares que desfilaron en las fiestas del Centenario (1910); impulsó el hipismo; cultivó la amistad de Jorge Newbery, facilitó al Aero Club el campo de la Sportiva (actual zona del Planetario de la ciudad), desde donde el 25 de diciembre de 1907 partió el globo Pampero, tripulado por Newbery y Aaron de Anchorena. Luego al estallar la primera guerra mundial, regresó a su país y se incorporó allí a las tropas combatientes. Vuelto a la Argentina, después del armisticio, promovió la visita de la Misión Aeronáutica Italiana y presidió el Comité Aeronáutico, entre cuyos dirigentes estaba Daniel Videla Dorna, otro gran tanguero que, en 1913, había sido miembro del jurado en el concurso del Palace Théatre de la calle Corrientes 757, estas actividades deben sumarse a otras tantas. En 1912, a quien el rey de Italia había otorgado el título de Barón, organizó en el Palais de Glace una velada destinada a exhibir, ante la deslumbrada burguesía porteña, la danza criolla que estaba haciendo estragos en París y contra la que los obispos franceses comenzaban a lanzar duras invectivas (hasta hay una historia de una exhibición de danza en el Vaticano). La orquesta estuvo integrada por Genaro Espósito (bandoneón y dirección), Vicente Pecce (violín), Vicente Pecci (flauta) y Guillermo Saborido, hermano de Enrique, (guitarra). Según figura en otra fuente Juan Bautista Deambroggio —Bachicha— estuvo a cargo de la orquesta. Al año siguiente, en el mes de septiembre, patrocinado desde la presidencia de la Sociedad Sportiva ocurre el concurso del Palace Theatre y allí la orquesta estuvo dirigida por el violoncelista Carlos Marchal. Los tangos en concurso resultaron 62 y los elegidos fueron "Tony", firmado con el seudónimo J. Nirvassed, que resultó ser un chacarero de origen francés, músico orejero, llamado José de Wavrin. Fue publicado con el título de "American Cirque Excelsior". Otro fue registrado como "Pocho", pero estaba mal escrito, en ralidad era "Pacho Número 5", de Juan Maglio. Y finalmente, también fue reconocido, "El aventurero", aunque sin conocimiento cierto de más datos. Cuando se los ejecutó, la mayor parte de la «high life» presente salió a bailar. A partir de ese día, fueron solicitados para las importantes fiestas en los grandes palacios, los ya conocidos Vicente Greco y Francisco Canaro. Juan Carlos Herrera uno de los presentes y destacado bailarín fue el profesor preferido de la «Haute». Si bien el tango estuvo siempre presente dentro de esta clase social, lo fue de, puertas adentro, al mismo tiempo que en los arrabales. Pero a partir de entonces hubo una amplia aceptación y el tango abiertamente inició su periplo. Cafés y peringundines, garçonieres, París, el Palais de Glace, el Palace Theatre y los tantos salones donde se aposentó la clase media. (Extraído de los fascículos Letras de tango, por José Gobello, Editorial Meralma). Página de la partitura American Cirque Excelsior, en la que se menciona a los integrantes de esa agrupación. Nota de la dirección: El texto precedente está en las antípodas de lo que nos dicen Hugo Lamas y Enrique Binda sobre este personaje, al que califican de «execrable», en su libro El tango en la sociedad argentina 1880-1920. En esta obra demuestran que el tango ya era moneda corriente en la juventud de la clase alta. Y citan, entre otros argumentos, un artículo publicado en el diario La Nación (Buenos Aires, 10/12/1911) que ironiza a la Sociedad Sportiva creada por el Barón y se queja cuando dice «¡Sostener y popularizar más todavía al tango! ¿Por qué? ¿Para qué?». Aclaración sobre otra leyenda. Es común escuchar entre tangueros un episodio que involucra al Papa Pío X. Aquel que protagonizó el bailarín Casimiro Aín quien, estando en Roma, consiguió una entrevista con el Papa para demostrarle que la danza del tango no tenía nada de pecaminoso. Se dice que para la ocasión, dejó a un lado a su compañera Peggy (cuya figura no era apropiada) y fue acompañado por una empleada del Vaticano de apellido Scotto (que curiosamente sabía bailarlo) y con el acompañamiento de un clave tocado por un colaborador del Santo Padre, danzaron sin cortes ni quebradas, un tema de Francisco Canaro. Años atrás el musicólogo Enrique Cámara de Landa, a nuestra solicitud, y aprovechando que estaba realizando un trabajo en la hemeroteca del Vaticano, luego de que le reseñáramos la historia, recorrió exhaustivamente los ejemplares del diario del Vaticano —documento donde figura hasta el movimiento más pequeño de lo allí ocurrido—, anticipándome, con conocimiento de causa, que le resultaba muy extraño que un Papa se ocupara de tal nimiedad, que para esos casos enviaba un subalterno. Pasado un tiempo, su respuesta fue negativa. No encontró ninguna mención. Un par de años después, se lo volví a solicitar ratificando fechas con algún otro dato. Tampoco encontró absolutamente nada relacionado con el tango. Para definir terminantemente esta cuestión, pudo averiguar que todo nació de la imaginación del corresponsal romano del diario Le Temps de París, Jean Carriére. Se trata entonces de una falsedad, como es también el final de ese cuento cuando se menciona que a partir de ese instante, el tango fue aceptado por la sociedad y pudo ser bailado sin culpa alguna. Cámara de Landa reside actualmente en Valladolid, España, siendo su centro de acción la universidad de esa ciudad.

martes, 27 de enero de 2015

Tango Carmencita Calderón Argentina

Tango:

La mítica compañera de El Cachafaz En aquellos ambientes iniciáticos del tango, de caña fuerte, de humo de tabaco espeso y ordinario, de competencia bravía, camorrera, la mujer apenas despuntaba su presencia a través de prostitutas extranjeras -en su mayoría francesas- o chicas del interior conocidas popularmente como chinas. La danza porteña nació bastarda, machista y orillera y a las féminas les costó su tiempo franquear esas puertas prohibidas incluso para la sociedad pacata de la época. Pero el tango supo esperarlas y les dio el salvoconducto en su aduana a las musas milongueras que venían a iluminar las nuevas pistas bailables en salones y clubes que desplazaban a academias, bailongos y cabarutes. Para ello debió abandonar la procacidad de sus movimientos, transformándolos en una sustancia íntima, sensual, recoleta, que abarcaba a una comunidad cuyos sentimientos eran intransferibles y donde machos y minas compartían una pasión común. Uno y otro creaban al compás de la música, el hombre llevando, marcando compases y pasos, la mujer interpretando el modo de devolver y disfrutar en su cuerpo lo que el bailarín le estaba proponiendo. Y en este rincón nos reconforta traer por las coordenadas del recuerdo a esa viejecita que se nos fue hace muy poco, llamada Carmen Micaela Riso de Cancellieri, aunque artísticamente al haber adopatado el apellido de su abuela materna española, se la conoció como Carmencita Calderón y que durante años fue pionera y arquetipo, en la sala y el escenario, en academias, en cine, en giras, acompañando a bailarines de luenga fama y desafiando los prejuicios de la época, porque no sólo el tango era machista. Me gustaba tirarle de la lengua para que hablara de aquellos tiempos en que se la admiró tanto: «Hoy día hay muchos bailarines como el Cachafaz, y bailarinas completísimas... «¡No diga eso, por favor! El Cacha fue el más grande de todos -respondía exaltada-. Nadie ha hecho los pasos de él, nadie fue tan elegante, nadie inventó tanto...» Carmencita, como le llamábamos todos, fue una reina pero el marketing de la época no daba más que para una jubilación mínima. Aprendió a bailar a los 13 años en casa, con su hermano Eduardo y no soñó jamás con un futuro de bailarina profesional. Una noche de 1932 acompañó a las dos hermanas menores a bailar al Club Sin Rumbo en su barrio de Villa Urquiza. La madre había muerto joven y ella acudía en calidad de celadora, aunque tenía nada más que 27 años. Unos amigos que conocían sus habilidades la pincharon para que bailara con un habitué de mucho prestigio. «-Era un señor italiano, pelado, que había quedado viudo hacía poco. Ahí me acordé que yo había visto pasar el cortejo desde la ventana de casa, en la avenida Constituyentes. No me parecía nada del otro mundo, así que les hice caso y bailé con él. Recordaba Carmencita.» El bailarín en cuestión era nada menos que Tarila -José Giambuzzi- maestro de muchos destacados, que después de unos cuantos tangos, le hizo una proposición. «¿No querría usted bailar conmigo en mi Academia y con El Cachafaz en la suya?» Cachafaz fue la palabra mágica y, al día siguiente, estaba ella en el café de Corrientes y Talcahuano donde paraba El Cacha todas las tardes y donde le presentaría a su gran amigo, Carlos Gardel y a otros de su barra como Alippi, Muiño o Tito Lusiardo, pues la primera mesa de la confitería era su secretaría. El Cachafaz era feo, picado de viruela, tenía una pinta casi patibularia, que lograba desvanecer cuando patinaba sus charoles por el encerado y a su lado como abrojito prendida, Carmen completaría el rubro más emblemático. Debutaron con la orquesta de Pedro Maffia en el Teatro de San Fernando, hicieron numerosas giras, sobre todo con Canaro y su Historia del Tango, y la última presentación juntos fue en 1942 en Mar del Plata. Después de bailar "Don Juan", en los camarines, El Cacha -55 años-, caería fulminado de un síncope. Ese año 42, en un Palermo Palace atestado, con la orquesta de Ángel D'Agostino -que también era bailarín- y la voz de Ángel Vargas, Carmencita fue aclamada por los milongueros, haciendo pareja con El Pibe Palermo -José María Baña-. Siempre supo que dejarse llevar por un hombre en la pista o el escenario no es subordinarse o ser sometida por el macho, sino aceptar su conducción para poder bailar. Y así, mientras el brazo como una serpiente se enrosca en el talle que se va a quebrar, ella, en trance, navegando en la latitud del pentagrama, ignorando a veces el alarde sombrío de algunos hombres, improvisaba con ellos figuras y dibujos complicados que despertaban admiración. Surgida de la escuela popular, de los salones y clubes barriales, su lenguaje corporal era único, henchido de sentimiento y de una bizarra simplicidad que no se aprende en academias. No fue mujer ni amante del mítico Cacha, que siempre la trató de usted, aunque le llevaba 16 años de edad. ¡Jamás ensayó coreografía alguna! Y recordaba a su madre como la maestra secreta: «Siempre me decía: Levantá la cabeza y no mirés al suelo , y me corregía la postura. Murió con 39 años, pobre, y mi padre se murió sin saber que yo bailaba tangos, porque estaba muy mal visto». El tiempo la gastó como a cualquier criatura pero su magisterio de avanzada pergeñó a futuro que la milonguera sabe dejarse llevar validando la propuesta del varón que baila bien. Y que merced a su sensibilidad tanguera, a su entrega y dedicación, con su propio estilo y convicción, logrará junto a él una emoción intransferible. La vi bailar ya muy mayor, junto a Juancito Averna, y mantenía ese fuego interior, notable precisión en el ritmo , moviéndose al compás de la música y de los erráticos dibujos que le proponía su joven compañero, con una emoción antigua y renovada. Bailó con el Cacha en la película Carnaval de Antaño, de 1940, estuvo 10 años junto a él, acompañó a otros bailarines y es reconocida generosamente por sus sucesoras. Carmencita trasmitía ese tango que se silbaba y se tarareaba por las calles y que su madre cantaba mientras lavaba la ropa. El que se caminaba por las pistas porteñas sin ganchos ni voleos espectaculares, pero con un abrazo intransferible, único, deslizando la suela por el piso, sin verso ni franela, porque por sobre todo lo primero era bailar y sentir el fueye del Gordo, el piano del Tuerto o el compás de D'Arienzo. Carmencita sigue sumando, es nonagenaria, y al recrearla en ajadas fotografías , homenajeamos en su persona a todas las milongueras que acuden en las pistas al llamado ancestral del tango. José Gobello la definió así: «Vos sos la piba sin tiempo / milonguera de alto rango, / sos eterna como el tango que te lleva en su compás. / Carmencita Calderón las baldosas se estremecen / presintiendo tus quebradas, tus corridas, tus sentadas / cuando invitan a bailar». Amén.

domingo, 25 de enero de 2015

Tango Pepito Avellaneda Argentina

Tango:

En Hippopotamus, Buenos Aires, 3 de agosto de 1992, 24 hs. Yo empecé a bailar a los doce años en unos Carnavales en Avellaneda. Mi nombre real es Monteleone, Pepito Avellaneda es un seudónimo. Soy descendiente de italiano y español. Iba a bailar en el Salón Duca, en el año 40, 45, 46. Empecé a bailar, me tiré a bailar. En el 45 di la primera exhibición: fue en el Teatro Roma de Avellaneda. Yo tenía quince años. Bailé con la hija de Royuelo, un kinesiólogo de Independiente. Inclusive nos vemos, ella se casó, tiene hijos. Soy muy amigo del marido, muy amigo. Ellos van a bailar a 'Tanguería del 40', en Lanús. Qué lindo ¿no? porque es un recuerdo de años, años. El baile para mí es todo, yo me alimento. Yo bailo y me alimento. Yo tenía muchos contratos, por ejemplo en las provincias: Salta, Córdoba, Tucumán. Y yo, aunque no me dieran nada, yo bailaba porque lo sentía. O sea que hacía lo que a mí me gustaba y me pagaban encima. Eso es hermoso. O sea que yo me alimento con el tango, me gusta dar clase. Me paso todo el día dando clase. En Europa me quieren mucho. Tal es así que recibo cartas, recibo invitaciones, es muy lindo. Yo soy pizzero. El oficio mío es pizzero. Pero, teníamos pizzería con papá, o sea que yo, me daba por la milonga. No, no, no...quería trabajar así. Sólo con el baile. ¿Cuando me iba a dormir? Yo en los Carnavales, pedían en los clubes pizza, yo llevaba pizza, me quedaba a bailar, al otro día ya, volvía a las seis de la mañana y ya empezaba a hacer pizza otra vez para el otro día. En la época de los Carnavales. O sea que no dormía. A veces papá me decía: «Andá a tirarte un rato que yo después te despierto». Un viejo que fue un amigo, hermano, todo... yo me quedé sin vieja a los cinco años. O sea que él era todo para mí. Y lo perdí hace tres años. Claro, yo, soy de Avellaneda. Y los muchachos, yo tenía el nombre de Los Porteñitos, yo bailaba con el nombre de Los Porteñitos. Me decían «¿cómo, defendés la capital, si vos sos de la provincia?». Entonces le digo al representante y me pone Pepito de Avellaneda. Vas a Mataderos, a Flores, Pepito de Avellaneda, queda bien. No, Pepito Avellaneda. Puede ser un apellido. Y ahí quedó hace muchos años. Creo que la asenté en el 57 ó 58. Todavía tengo recortes de eso. Me gustaría mostrarte. Yo trabajaba mucho en los números vivos. Cuando existía el número vivo, yo iba y bailaba en los cines, entre películas, había número vivo. Y tengo programas del 55, del 56. Es increíble. La revista Ahora, del 57. Estaba buscando en revistas viejas, y empiezo a hojear una y estaba yo ahí. Es increíble. Hace muchos años que ando con el tango, con la enseñanza.» Y aprendí solo. Fue salir, hacer un paso, otro paso. Y ya me tiré. Después, estaban las prácticas en los clubes, entre hombres. O sea, yo te llevaba a vos, vos me llevabas a mí: o sea, se aprendía a guiar una mujer. Eso para bailar el domingo, el sábado. Practicábamos para crear algunos pasos. No había mujeres en las prácticas. Era sólo entre hombres. Lo practicábamos para bailar con la novia, con la mujer. Es más fácil bailar con una mujer. Hay hombres que bailan como mujer. Muy bien. Y había alguno que hacía de mujer para saber qué hacía la mujer. Si sabés llevar a un hombre es más fácil llevar a una mujer. La mujer aprende mucho más rápido que el hombre. Porque el hombre tiene que saber guiar un determinado paso, pensar en el paso, cómo guiarla. Y eso es difícil. Ahora si hacen una coreografía, ya no es lo mismo. Ya es una cosa de utilería. Pero el milonguero tiene que saber llevar. Y hay muchos que bailan llevando. Hay otros que bailan por computadora. O sea, una coreografía, y chau. Pero van a un salón y no saben bailar. Eso pasa con muchos bailarines. Profesionales. Que ahora yo los veo mucho en las milongas para ambientarse, cómo es la milonga y cómo se debe guiar a la mujer en determinado paso. La milonga, para mí es mi vida. Otros lo hacen como comercio. Yo no, yo me alimento. Esa es la diferencia. Hay quienes aprenden para lucrar. Y otros que aprenden porque en realidad gusta bailar. Como estos chicos, estos chicos -Diego y Natalia- son muy trabajadores, yo les di muchas clases, pero son muy atentos. Y les gusta interiormente el tango. Lo sienten, lo sienten, y Diego me mira desde los pies a la cabeza. Todos los movimientos, la colocación de pies. Y eso es muy importante. Es muy importante. Y hay otros chicos que ya te digo, lo aprenden para decir viajo y gano dólares, nada más. Pero hay muchos chicos que les gusta. Está el hijo de Pugliese, Pablo. Pablito, tiene once años y es un loco. Le gusta, lo siente. ¿Cómo puede ser un chico de once años que le guste tanto el tango, la milonga? Me trae recuerdos. Es muy lindo verlos así, bailar. Quieren bailar. Lo sienten. Bailan tanto con una chica como con una grande. Con quien sea. Y es un chico muy hábil porque guía. O sea que mañana va a ser un futuro milonguero. No bailarín. Un futuro milonguero. Me gusta tanto el tango como la milonga. La milonga soy creador de todos los pasos que hago. En el tango también, creador de las figuras que hago también, son mías. O sea que soy creador. Aparte que me gusta, invento pasos, me salen. A Diego y Natalia le enseñé una milonga antigua, milonga del 20, con guitarra, y parece que llevan la guitarra en los pies. Ahora vos me decís ¿me formás una coreografía?. No lo sé. Porque me inspiré y lo saqué, y no sé si podría hacerlo de nuevo. Afuera, ellos escriben los pasos, lo anotan a su forma. Una figura, no sé cómo anotan, pero la anotan. Otros con jeroglíficos. Pasos, giros, crucigrama hacen. Pero ellos se entienden. Y otros escriben cómo comienza, cómo es el principio y cómo es el final. De cada figura. Yo antes cantaba con papá. Así, para nosotros. Muy lindo. Discépolo es para mí lo más grande que hay. Después hay otros, sin despreciar. Discépolo: lo escucho y me encanta, escucho las cosas que ha creado. Y me encanta. Es un poeta. Los tangos inclusive, muy bueno. Todos con sentimiento. Y me gusta Aníbal Troilo. Para bailar tango orillero, así, Juan D'Arienzo, por el ritmo. Pero también me gusta deslizarme con Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese. Son diferentes músicas. Bailar lento es muy difícil. Porque tenés que darle el motivo, las cadencias, las pausas. No bailar todo continuo, continuo que no es, mirás, mirás, pero no ves nada. O sea que no se transmite. En cambio cuando vos das una cadencia, suave, es poético el tango. Es poético. Con el baile quiero llegar a todos lados. Ya te digo, salgo de acá, de trabajar, y me voy al baile. El viernes me fui con una pareja de americanos, nos fuimos a Akarense. Ayer estuve en La Galería con unos alumnos que son de Barcelona. A ellos les gusta ver cómo baila el pueblo. Los negocios son, cuando al turista lo llevan a Casablanca, El Viejo Almacén, Michelangelo. Pero ellos van, ven y no ven nada. Porque ven una cosa que no es el verdadero tango. El verdadero tango lo ves en los salones. Como lo siente el pueblo. Y yo a todos los que vienen los llevo ahí. Me gusta el jazz, también la cumbia. Toda la música, me gusta. La ópera, algunas que entienda, otras no. Lo mismo que, me gusta mucho Liberacci, este pianista, me encanta. Ahora yo escucho otros que no les entiendo. Entonces, a lo mejor será muy bueno, pero no me llegan. Eso y muchas orquestas, como Piazzolla. Astor Piazzolla antes tocaba muy bien, tiene unas grabaciones antiguas, de antes, y él una vez dijo «Todas esas grabaciones hay que tirarlas». Sólo escuchar las que hacía ahora. Y para mí no, es al revés. O será que no es que no me guste la música de él, porque hay temas que son muy hermosos. Pero otras músicas que no son bailables. O sea que si no se puede escuchar, no es para baile tampoco. Pero hay otras que sí. Inclusive con baile, es buena para el oído. O sea, no es decir que lo desprecio, pero, son formas de ver yo, el gusto mío. Hay muchos también que coinciden conmigo. Ahora yo voy, me encanta Piazzolla, tengo que ir a París, y después a Bélgica, Bruselas, pero me encanta, un buen músico, un genio. El futuro del tango. Invadió el mundo, se puede decir. El tango invadió el mundo. Ahora la gente en cualquier lado baila el tango. Tanto en Estados Unidos, Centro América, Europa. Todo con tango. Y enseñan a bailar el tango, así que el tango no se puede perder nunca. En Alemania hay cantidades de escuelas de enseñanza de tango. En Hamburgo también, en Stuttgart, también. Te nombro los lugares a los que yo he ido. Holanda. Amsterdam, Maastrich, Rotterdam, y otras ciudades hay cantidades enormes de lugares donde se baila tango y se enseña. Hablemos de Suiza, en Basel, que yo voy siempre. Que yo les enseñé en Buenos Aires que no sabían nada. Y pusieron una escuela. En Basel, y les va muy bien. Eso es increíble. Cecilia y Romeo son los de Basel. Estando yo en Basel, vinieron de Zurich profesores, o sea que yo daba clase a profesores. Es increíble. En todos los lugares del mundo. En París. Ahora tengo que ir en Francia, también a bailar tango y enseñar. Yo a veces me río, porque toda la vida estuve peleando yo por el tango. Y recién a los 56 años empecé a ir a Europa. Es increíble. Estuve en Canadá, seis meses con Copes. Haciendo espectáculos y enseñando. Son fríos. Porque es la parte inglesa. Es Toronto. Pero, se adaptaron al tango nuestro. O sea que si es en Canadá pero del otro lado, que es más bien para Francia, ahí gusta muchísimo el tango. Ahí ya tienen lugares para bailar. Tienen lugares para enseñar. Montréal. Ahí, venían de allá profesores, Lili Palmer, que fue la mujer de Thompson. Lili Palmer venía a estudiar conmigo en Toronto. Es increíble. Les encanta el tango, les encanta, por eso te digo que es mundial. Ahora me hicieron una propuesta para ir a Rusia. Yo jamás conocí Rusia. Y viene a ser para diciembre o para enero. Inclusive me mandaron a hacer un video. Y quieren llevarme porque quieren un milonguero. No sé a dónde voy. Tendrían que decirme. Me dijeron Rusia. Hoy casualmente hice un video, porque me lo pidió Casablanca, Claudia y Paola. Entonces ellos van y necesitan un milonguero. Entonces me dijeron a mí. Ya a Copes ya le dije. Le dije de París. Le dije de Bruselas, pero como esto es sólo hablar, lo otro ya es seguro porque me mandaron el billete. Me levanto según la hora en que me acueste. A veces no me levanto, porque a veces llego tardísimo, a las siete, ocho, nueve, ya me tomo unos mates y tengo que dar clase porque a las once a lo mejor empiezo a dar clase. A la gente europea que les gusta tomar a la mañana. A las diez de la mañana, a las nueve. Porque ellos parece que tienen la cabeza más fresca por la mañana. Porque siempre me piden a la mañana. A las nueve de la mañana, a veces. Me voy a la milonga, vuelvo a casa, tomo unos mates y me voy a enseñar. Ayer estuve en La Galería, me fui a casa, eran las ocho de la mañana, me tomé unos mates, con unas ricas facturas, me puse a mirar un poco de televisión y después me fui a dar clase a las once. Después a la una estaban los americanos. Entonces ya no podés dormir. Después tenía a los españoles, a los de Barcelona. Gente nueva, le tuve que enseñar a Roxana y Carlos Morel. O sea que tuve todo el día hoy. Y ya vine acá. Ahora llego a casa, y me voy a dormir. Yo creo que apenas ponga la cabeza en la almohada no veo más nada. Pero qué alegría de este libro Antropología del Tango. Mañana me levanto y lo leo. Espero que nos volvamos a ver. Tomaremos un cafecito como hoy.